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¿Qué es la hegemonía?

¿Qué es la hegemonía?

Escrito por: Por Julio A. Louis  Profesor

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La hegemonía no debería desacreditarse como ‘mala palabra’ o término ‘odioso’. El uso incorrecto que se haya hecho o haga del concepto, no cuestiona su contenido. Convengamos en la necesidad de conocer y debatir acerca de su significado.

En el proceso evolutivo de la especie humana, y aun de otras especies, siempre ha habido jefes y subordinados, dirigentes y dirigidos. Podrá gustar o disgustar, pero los hechos, hechos son. La evolución de las sociedades prehistóricas muestra una primera diferencia social: la del trabajador intelectual (requiere mayor preparación y es quien ejercerá más poder) y el trabajador manual (de aprendizaje más breve). Con el devenir del tiempo, esa diferencia ­aún subsistiendo­ abre camino a otra entre clases sociales, en torno de la posesión o no posesión de los medios de producir y de cambiar la riqueza. Partir de los hechos es el requisito previo para averiguar cómo se dirige con más eficacia y cómo se preparan los dirigentes. En eso consiste gran parte de la política.

Para prevalecer sobre otros, una clase, un país, una etnia, un partido, una iglesia, etcétera, necesita dos instrumentos: la coerción y la capacidad de convencer, de penetrar con las ideas y valores del sujeto dominante a los dominados. La coerción reside en los aparatos políticos, militares, jurídicos, administrativos del Estado. La capacidad de convicción ­eso es la hegemonía­ reside en parte también en el Estado, principalmente a través de la educación, pero además en lo que Gramsci denomina ‘la sociedad civil’, o sea una red de organismos tales como instituciones culturales, partidos, sindicatos, cooperativas, iglesias, medios de comunicación, etcétera. Por consiguiente, la cuestión de la hegemonía se relaciona estrechamente con la cuestión del poder. De ese modo, trabajar por la revolución, ante todo y por sobre todo en nuestro tiempo, es batalla de ideas, convencer a las mayorías explotadas y oprimidas para que se formen y lleven adelante los programas que las expresan, sin lo que el acto de ‘tomar el poder’ o conquistarlo (mediante la coerción) es una empresa inútil. No hay hegemonía de una clase u otra categoría social sin que ella apareje la conquista del poder; y no hay poder que valga, si no se afirma en el convencimiento mayoritario de las bondades propuestas por sus detentadores. De allí la reacción virulenta de la burguesía cuando un Estado popular reglamenta y pauta las directrices de los medios de comunicación, actualmente los principales vehículos de hegemonía, trasmisores de la ideología alienante del gran capital trasnacional dirigida a las grandes mayorías. También debería sacar rápidas conclusiones nuestro querido Pepe con la experiencia de la elección de candidato a la Intendencia: dar la voz de mando (la del poder) sin convencer (carecer de hegemonía) obliga a retroceder. “La estructura del FA es grandiosa”, ha dicho Pepe. Recuérdalo siempre.

El concepto de hegemonía fue utilizado por los marxistas rusos en sus discusiones sobre las relaciones entre la clase obrera y sus aliados. Gramsci lo retoma al describir las relaciones entre ‘hegemonía’ y ‘dominación’ sintetizadas por Lenin al fundamentar el nuevo Estado ­el de dictadura del proletariado, contrapuesto al de dictadura de la burguesía­ como aquel en el que el proletariado ejercería su capacidad de convicción (hegemonía) entre las mayorías populares aliadas, y a la vez, el control firme contra los antiguos explotadores, esto es, su poder.

Lenin, en uno de sus últimos escritos reflexiona: “De palabra, el aparato soviético es accesible a todos los trabajadores, pero en la práctica, como todos sabemos, dista mucho de serlo. Y no porque lo impidan las leyes, como ocurría bajo el régimen burgués; por el contrario, nuestras leyes lo favorecen, pero las leyes solas no bastan. Es preciso una ingente labor educativa, cultural y de organización, labor que no puede hacerse por medio de la ley, rápidamente, sino que exige un esfuerzo inmenso y prolongado.” “Acerca del papel y de las tareas de los sindicatos en las condiciones de la Nueva Política Económica” (12/1/1922).

La Revolución Rusa ejemplificada como la ‘toma del Palacio de Invierno’ no representa para los bolcheviques la asunción plena al poder, en la medida que su hegemonía está cuestionada. Entre las dificultades halladas, una es el poder de freno y sabotaje de la burocracia, ideológicamente defensora del viejo régimen, y otra más grave la constituyen las carencias del proletariado para dirigir, esto es, para convencer a las mayorías populares.

Gramsci constata agudamente las diferencias de las sociedades occidentales respecto de la Rusia zarista. En ellas el poder de la burguesía se asienta más que en el aparato represivo, en el dominio ideológico ejercido por el Estado y esa ‘sociedad civil’. En tales condiciones observa que la cuestión no radica sólo en ‘la toma’ del poder estatal, a partir de la violencia ejercida por las masas populares contra la violencia de la clase dominante. Por lo pronto, para esa conquista del poder, resalta el valor de la “guerra de posiciones”, esa lenta y penosa guerra de trincheras que se experimentó en la Primera Guerra Mundial. Y enfatiza que la clase trabajadora debe ejercer durante esa ‘guerra de posiciones’ una lucha ideológica firme, paciente y sacrificada, para lograr una ‘contra hegemonía’ frente a la hegemonía impuesta por la burguesía. En tanto la clase no ejerza esa ‘contra hegemonía’, valora que las tentativas de tomar el poder no acabarán sino en derrotas. Sin embargo, para hacerse contra hegemónica la clase trabajadora debe atraer a sus filas a gran parte de la intelectualidad, por el papel decisivo que desempeña al orientar las instituciones de creación y difusión ideológica.

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