Los blancos con los blancos

La política no es una ciencia milimétricamente exacta. Puede y tiene sus variantes múltiples cuyas consecuencias pueden ser sumamente peligrosas. El periódico de la Plaza Cagancha, columnistas mediante, sigue insistiendo en la conveniencia de unificar candidaturas blanco-coloradas en los diversos departamentos para los comicios de mayo. Es muy cierto, aritmética mediante, si se suman los votos de los partidos fundacionales, se ganaría en la mayoría de los departamentos del Interior.

 

Salvo Montevideo y Canelones donde el Frente marca por ahora una mayoría muy evidente, en los otros departamentos se le ganaría de concretarse esa tesis por los opositores de marras. Claro, el macramé electoral no es tan fácil y las consecuencias, de concretarse, nada sencillas. Uno de los ideólogos de la tesis, el Dr. Ignacio de Posadas, hombre sin dudas inteligente si los hay, se apresura a marcar diferencias con los funcionistas más ortodoxos ante dos opciones. Una la expuesta por el intendente Vidalín de unificar los partidos, creando uno nuevo diferente. Y la otra supongo, no lo aclaran muy bien por ahora, recomendar en el «boca a boca» votar por el candidato del partido que tenga más chance de los dos. La primera observación es que la Constitución impide a los tradicionales unirse. Lo cual haría viable la otra opción. Yo blanco, en Salto por ejemplo, recomendaría votar al colorado que en la sumatoria con nosotros le ganaría al frentista. Macanudo. O sea, los blancos en Salto desapareceríamos o en Rivera donde aparentemente votan bien los «salvajes» y los colorados deberían hacer lo mismo en los otros quince departamentos donde ganarían los blancos. ¿Se habrán puesto a medir el mamarracho o supino disparate de esta tesis sus inventores? ¿Con qué cara voy yo o cualquiera a aconsejar a viejas familias orgullosas de ser blancas, que olviden sus ancestros e historias familiares de servidores del partido para sugerirles que voten a los colorados que fueron sus más feroces enemigos? Es obvio que estaban matando al viejo Partido Nacional en sus más puros sentimientos y afectos. La misma similitud para los colorados. Y diferencias al margen, tiene razón Pedro Bordaberry cuando señala lo mismo. Lo entiendo y mal que me pese y es obvio que discrepo con su padre, fue notorio que Wilson y los blancos fuimos de los más enconados enemigos de su ancestro. Ni el que asó la manteca puede imaginar, hasta por una razón fraterna humanamente familiar, que pueda recomendar votar a los blancos. ¡Razón de Perogrullo!

 

Yo en su lugar haría lo mismo. Pero lo más grave de todo esto, es la desvirtuación o despersonalización del partido que se quiere convencer de hacer. Los doctores del diario «caganchero» no han medido los sentimientos y emociones que han unido a los blancos durante casi 175 años. No se puede jugar con los sentimientos partidarios, recomendando como alguna vez se hizo, y así nos fue, acuerdos con el enemigo. El perder una elección y departamental por añadidura, no es el fin del mundo. En 175 años de existencia gloriosa y en las cuales ganamos en el siglo pasado sólo tres, gozamos de muy buena salud debido a la defensa de principios y no de matufias electoreras vergonzosas. Con los colorados, no sólo hay diferencias ideológicas y programáticas, sino de sangre a lo largo de la historia. ¡Y no exagero!

¿Qué fue sino Paysandú y Leandro Gómez y sus héroes?, ¿qué fue el crimen de Lavandeira por los asesinos colorados de Pancho Belén y De Tezanos cuando protegía la urna que los colorados iban a violar o el asesinato de Berro y la de Saravia?. ¿Qué fueron las luchas de Timoteo, Herrera y para ser más reciente el burdo despojo del paco del Club Naval contra Wilson y los blancos? Las revoluciones blancas fueron por principios y logros sociales y los golpes de Estado colorados por mera ambición de poder. Por todo esto e infinidad de cosas más es muy difícil compaginar acuerdos permanentes o definitivos por no decir imposibles, entre blancos y colorados. Seamos justos. Es notorio que nada tengo que ver con el Frente, con quien tengo diferencias sustanciales y hasta filosóficas, pero es de reconocer que el Frente no nos mató a nadie, ni ha perseguido ni asesinado a ningún blanco ni arrasó ciudades con tropas extranjeras y por ahora tampoco ha violado la soberanía nacional con apoyaturas imperiales como sí lo hizo el Partido Colorado desde la época del gobierno de la «Defensa» en adelante. Alguna vez he dicho, que antes de votar un colorado, prefiero que mi mano se caiga leprosa… Por cierto, no he cambiado de opinión. ¡Los blancos con los blancos!

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