¿Los fusiles o los bisturís?
Fue claro, conciso y contundente un galeno haitiano, de los cientos de graduados en Cuba en los últimos años y dedicado al socorro de sus compatriotas, junto a las brigadas médicas de la revolución socialista que asisten a los sobrevivientes del sismo que arrasó Puerto Príncipe. Requerimos dijo a la prensa el joven profesional haitiano médicos, enfermeros, socorristas, bomberos, ingenieros, arquitectos. Para nada necesitamos soldados ni armas en medio de esta tragedia nacional.
Sin embargo, al parecer existen países, y lamentablemente con enormes recursos que bien utilizados serían muy efectivos, los cuales priorizan el orden y la seguridad por encima de las propias vidas. De ahí que a las pocas horas de conocerse del violento terremoto arribaran de inmediato a Haití miles de soldados del Comando Sur norteamericano, cuya función ha sido tomar el aeropuerto de la capital haitiana, asumir unilateralmente el control de la pistas y entorpecer, incluso, la llegada rápida y eficaz de aviones de numerosas nacionalidades que transportan víveres, medicamentos, maquinarias, casas de campaña y otros insumos necesarios a los casi tres millones de damnificados.
No es invento, lo han denunciado varias cancillerías. Lo dicen pilotos de diferentes países que vieron frustrados sus intentos de tocar tierra en Puerto Príncipe con sus cargamentos de auxilio, y otros que fueron relegados a rincones de la terminal aérea sin que se hicieran acreedores de la más mínima atención por parte del personal militar.
Sin embargo, entre las promesas de ayuda norteamericana, se persiste en la elevación del número de tropas dislocadas en puntos claves de un Haití arrasado y enlutado, como si la catástrofe resultara el mejor de los pretextos para reeditar los episodios que entre 1916 y 1934 mantuvieron a aquella nación bajo la tutela castrense de las fuerzas de ocupación gringas.
Paradójicamente, el gobierno norteamericano que tilda a Cuba de terrorista, ofrece una imagen grotesca al mundo, cuando lanza desde helicópteros los alimentos a la población haitiana para crear el desorden y así justificar su presencia militar, como lo denuncia la prensa cubana.
Quien sabe si en Washington algunos sesudos belicistas han llegado al criterio de que, en caso de un colapso nacional haitiano, de sus instituciones y poderes, ya severamente afectados por el sismo, tocaría al gran vecino la noble tarea de asumir los controles y rearmar un país bajo sus criterios imperiales. Para eso nada mejor que colocar en el terreno a las fuerzas bélicas que, llegado el momento, impondrían tan rapaz empeño.
De ahí que las balas sustituyan a los antibióticos, los fusiles a los bisturís y los soldados a las manos efectivas de los trabajadores de la salud.
Como escribió Naomi Klein en «The Shock Doctrina» (La doctrina del choque), se aprovechan las crisis como pretexto para imponer las políticas que no pueden impulsar bajo condiciones de estabilidad. Durante los períodos de crisis extremas, los pueblos están desesperados por recibir ayuda humanitaria de cualquier índole, todas formas de financiamiento, y no se encuentran en una posición favorable para negociar los términos de esa ayuda. Mientras, el reclamo del joven galeno haitiano flota sobre las ruinas y los muertos.
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