¿Otra vez el yanqui?
Desde distintos rincones del mundo ha comenzado a exteriorizarse la preocupación por la demostración de fuerza que está realizando Estados Unidos en Haití.
Las versiones que circulan vía Internet se muestran contradictorias, cuando se trata de definir si se vive o no en ese país caribeño una verdadera ola de violencia.
Para la Casa Blanca hay un aumento de la violencia en la isla, punto de vista que contradice la declaración del comandante de la operación militar estadounidense, Ken Keene, quien aseguró que ahora en Puerto Príncipe hay menos violencia que la que se registraba antes del terremoto.
Por su parte, el ministro de Defensa brasileño, Nelson John, una de las primeras personas que se trasladaron a territorio haitiano tras el terremoto, dijo que Brasil «no cederá voluntariamente el mando», contradiciendo así a la presencia militar estadounidense.
En tanto el vicepresidente de Bolivia, Alvaro García Linera, dijo que Estados Unidos pretende tener «presencia militar permanente» en Haití mediante las tropas que envió con el pretexto de brindarle ayuda tras el terremoto que devastó a ese país hace una semana. Según García Linera, Haití puede convertirse en una «segunda base militar» estadounidense en Latinoamérica.
Según el vicepresidente boliviano, la presencia militar norteamericana mantiene su «estrategia de contención militar de los procesos revolucionarios y progresistas» en Latinoamérica. Aseveró que Bolivia rechaza de forma contundente «cualquier presencia militar innecesaria que simplemente es un estorbo y una agresión al pueblo haitiano».
En la misma línea de pensamiento se manifestó el ministro del Poder Popular de Venezuela, Héctor Nacarro, quien lanzó una serie de interrogantes. «¿Estados Unidos pretende constituir en Haití una gran base militar para contener a Venezuela y Cuba?», «¿esta acción es parte de todo el desarrollo que viene con la reactivación de la V Flota, y con la instalación de las siete bases militares norteamericanas en Colombia y en Panamá?».
La misma preocupación mostró el futuro ministro de Defensa de nuestro país, Luis Rosadilla, cuando afirmó que Estados Unidos es «un país con vocación casi genética de imperialismo y colonialismo» y que no se pueden descartar los riesgos de una invasión militar al país caribeño.
«Si bien fue el gobierno haitiano quien solicitó esa presencia para garantizar la operatividad del aeropuerto, esa presencia ya generó tirantez con varias Fuerzas Armadas de otros países que cooperan con la ONU en Haití desde hace tiempo y la situación no es fácil», dijo Rosadilla a una agencia internacional de noticias.
La única forma de despejar estas preocupaciones, pasa porque las Naciones Unidas tomen con firmeza el mando de las acciones solidarias con el pueblo haitiano, porque de otra forma se puede llegar a vivir una situación caótica, con consecuencias militares y políticas imprevisibles.
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