¿Vidalín fusionista? – Carta abierta a don Carmelo
En el matutino de la Plaza de Cagancha salió una declaración con foto incluida del intendente Vidalín sobre la probabilidad, según él, de fusionar los partidos fundacionales, haciendo uno nuevo claro está, para poder ganarle al Frente. Siempre tuve un muy buen trato y aprecio con don Carmelo, con quien además tenemos el mismo origen sectorial herrerista y por ende la recíproca camaradería. Macanudo. Por todo ello, me sorprendió desagradablemente la noticia de marras.
Carmelo, viejo amigo, ¿por qué querés matar al partido blanco? ¿Qué te hemos hecho?
Claro está, que puede, por influencias de intelectuales de ese rotativo, que te gane el «pánico» pero no es motivo para llevar «semejante» tesis como idea «salvadora». Casi 175 años de vida, estivando derrotas, en el siglo XX sólo tres elecciones ganadas, no hicieron mella en nuestro legítimo orgullo de nacionalistas. Entre otras cosas, forjamos una patria que es por cierto mucho más que una elección. Con esto, no me enamoro de las derrotas como y al igual que tú, afirman los «cagancheros».
Lo que sí me espanta, son las indignidades y las tradiciones a los viejos principios legados del libertador «padre» Oribe. Estos también sí son razón de ser de todo partido político. Estimado Carmelo, una cosa es hacer algún acuerdete muy puntual y brevísimo si la ley electoral lo permitiera, cosa que no creo, y otra muy diferente es matarnos y sobre nuestros cadáveres y de la historia gloriosa que nos avaló, junto con los enemigos más feroces que los blancos hemos tenido, crear un partido no sólo nuevo sino totalmente distinto. ¿Qué tenemos ideológicamente de parecido con los colorados? ¿Te volviste imperialista?
Si estás de acuerdo con ellos, estarás de acuerdo con Venancio Flores «Añamembui» con los extranjeros de Mitre el «yagua» y el emperador «CAI» del fusilamiento o crimen de Leandro y sus blancos, por Goyo Jeta Suárez y el asesino de Pancho Belén? No te empieza a picar la conciencia. Ni mencionamos a Lavandeira asesinado por la espalda cuando protegía la urna violada por sus presuntos admirados futuros socios. El crimen de Berro salió del mismo lado sin olvidar la mutilación de Luis De Herrera atado a la rueda de una carreta, hermanos de Juan José y tío de Luis Alberto de Herrera. Podríamos mencionar a cientos de blancos más, como fueron Timoteo, Wilson, Fernández Crespo y demás etcéteras. Sabían muy bien, y tanto tú, mi buen Carmelo como yo, quiénes son los colorados.
¿No te entra a repugnar la idea?
Para los que creemos en el «más allá», te imaginás la cara del «padre» Oribe cuando se entere que desde el diario «caganchero» lo quieren hermanar con el pardejón Rivera que persiguió y puso a precio la cabeza de Artigas.
¿Pensás tal vez que Aparicio Saravia podría haberse abrazado de Batlle y Ordóñez que solicitó la intervención del imperio yanqui de Teodoro Roosevelt, su amigo, para terminar con el Aguila Blanca?, y vinieron cuatro barcos de guerra, el Castine, el Marieta, el Brooklin y el Atlanta. Pero ya había muerto Aparicio.
Pero no abundemos en la historia. Vení al presente.
¿Te entusiasma Julio María?
¿Te acordás, en el gobierno de Lacalle, lo que pasó con la ley de empresas públicas y la «puñalada» del Sanguinetti?
¿Lo de la «embestida baguala» de dónde habrá salido?
¡Informáte, si lo ignorás!
Pero además, ¿a quién se le ocurrió que la sumatoria de absolutamente todos los blancos, irían a votar en el futuro «ese» mamarracho de fusión travestiana blanqui-colorada?
Si eso tuviese andamiento, ¡no cuenten conmigo!
¡Voy a morir blanco como decía Wilson, junto con los blancos!
Llevándole antes a San Agustín un ramo de claveles níveos, al libertador y a la salida de la parroquia, en el medio de la plaza, mandar a voz en cuello: «A la puta que los parió a todos los traidores intelectuales que quieren destruir al partido».
P.D. Don Carmelo espero, porque te reconozco buen blanco, no contarte como tránfuga.
¡Vivan los blancos como tú y como yo!?
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