El "ranking" de "vivos"
«Unos plantan la lechuga,
otros comen la ensalada…»
Que los criollos no inventamos la «viveza», es una verdad innegable. Y sería un extremo de pedantería el afirmarlo. Pero la hemos perfeccionado. Y existe un tipo de «viveza criolla» que nos es inmanente. Sobre todo si se trata de sacar ventajas. Y si es al borde de la ilegalidad, o aprovechando sus vericuetos, mejor. Y poniendo cara de ¡Yo no fui!
En el caso de las patentes, creo que la paternidad la tuvieron los intendentes «tradicionales» de Maldonado. Como los ingresos «fuertes» de las finanzas del departamento, han provenido, desde casi siempre, de los aportes excepcionales que se hacen por Contribución Inmobiliaria, por el gravamen a los grandes valores de aforo de las propiedades de Punta del Este, los importes que se recaudan por patentes de rodados, tuvieron siempre un papel muy secundario, casi marginal.
Vista esta realidad se «nos» ocurrió la primera «viveza criolla» en el ramo. Rebajar la patente de rodados del departamento mencionado, significaba poco perjuicio, financieramente hablando. Pero generaba réditos políticos al intendente de turno, entre de sus coterráneos. («Nos cobra la patente más barata…») Y además podía servir de «incentivo» para que otros propietarios de automóviles de otros departamentos (léase fundamentalmente Montevideo) se «arrimaran» y empadronando en ese departamento «facilongo», obtuvieran una rebaja en el tributo. Sólo requería de cerrar los ojos al sentido común y a la ética política (¡bueno, a no empezar con palabrotas!) no poniendo ningún requisito elemental que resultara una traba para el logro de tan loable objetivo. Además, no olvidemos, lo que significa/ba para alguna «burguesía paqueta», el «status» que brinda/ba «estar empadronado en Punta». Lo que adicionalmente hasta facilitaba, como «carnada», «la pesca de féminas a la hora del pique». ¡Pahhh!
Todas esas ventajas adicionales, y pa’ mejor, a menor costo!
Pero, los ejemplos de «viveza criolla» cunden en el terreno fértil de nuestra idiosincrasia, y tienen la virtud de despertar el deseo de emulación.
Y eso empezó a pasar con varios departamentos, que comenzaron a copiar, intendentes mediante, el mecanismo. («Yo no fui el inventor», dijo Zimmer, como atenuante)
Y fue con tal empeño y exageración, que se llegó a poner oficinas especializadas en asesorar a los habitantes de otro departamento, en el mismo, de cómo hacer para empadronar sus autos en ese departamento «campechano», mientras «se miraba para otro lado». Y se trataba de lograr empadronar, preferentemente a los «0 km», por su mayor valor. Y sobre todo, porque se agudizó en la moda de los 4×4 y de otros modelos de autos con valores no inferiores a U$S30.000.
Y tal el grado de desparpajo de los «criollos vivos», valga la redundancia, que hay, en varias localidades linderas con la Ruta 1, por ejemplo, varios automóviles empadronados ahí, por habitante. Lo que, de ser verdad, demostraría las innegables condiciones de mejorar el nivel de vida, del gobierno actual.
Esto es importante recalcarlo, porque, junto al «vivo» ofertante que ofrecía las patentes «subsidiadas», sin pedir requisito alguno respecto al domicilio del interesado, apareció el vivo demandante, que, podía disponer de ese valor en dólares para comprar el vehículo, pero no quería pagar algunos miles de flacos pesos más por año, de los que le hubiera significado empadronando en donde se domicilia.
Y lo peor fueron los argumentos inventados para justificar «el abuso».
Que el tributo es facultad local y que la ley que unifica criterios es inconstitucional.
Que no se puede agarrar a los pobres «clientes nuevos» de rehenes.
En esas etapas, los «vivos de primer nivel», o sea los intendentes, y los «vivos de segundo nivel», los empadronantes en departamentos adonde no se domicilian, estuvieron juntos, en sus intereses y similares apetencias.
Pero ahora, al aparecer la ley que establece la obligación de probar con documentación fehaciente, donde se domicilia el titular de la propiedad de vehículo, la cosa se complica. Y se produce la desbandada.
¿Se acuerdan de aquellos personajes de Almada y Frade, en que uno le daba manija al otro, y cuando el segundo «entraba», se embalaba y hacia algún «desaguisado», el primero lo dejaba » en banda».
Porque «los vivos de segundo nivel», para poder reempadronar ahora, por ley, en sus departamentos «de origen», necesitan preceptivamente un certificado de la Intendencia en la cual empadronaron en base a las franquicias que les daban, que los autorice a reempadronar en el verdadero departamento donde se domicilian, y por lo tanto, usando el mínimo sentido común, donde circulan preferentemente.
Pero ya, la Intendencia de Colonia, que ha llevado dentro del Congreso de Intendentes el liderazgo ad-honorem de los «vivos de primer nivel», ha decidido que, para darle el certificado referido, el usuario debe pagar la totalidad de la patente del año 2010.
La que seguramente debería ser cobrada, por el departamento donde legítimamente reempadrona. Que es donde circula y desgasta.
Con lo cual estaría obligado a pagar dos patentes. Dado que se acabó la «viveza de segundo nivel»; dos platos.
Y todo parece que llevaría al departamento originalmente dagnificado, a exonerar al que reempadrona, para que no se sienta desestimulado por tener que pagar esos dos tributos en un mismo año.
Es decir que, en el mejor de los casos, y para poder poner las cosas en su sitio, habrá un departamento que «se come la ensalada», de la lechuga que planta el otro.
Che, ¡qué buen material pa’ las murgas!
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