¡El silencio de los inocentes!
Erley Quinteros *
La nota de Ernesto Murro del día 25 de marzo de 2001, en el suplemento «Bitácora» de LA REPUBLICA, tiene como título la verdad impactante de que «casi la mitad de los niños son pobres». La nota precisa con exactitud la dimensión del estado de indefensión en que se encuentra el futuro para nuestra patria, ya que como se dice, los niños son el futuro, lo que vendrá…
Cruelmente la frialdad de los números, escandalosos por cierto, nos hace por momentos olvidarnos que esa realidad afecta a seres humanos, que sienten, que lloran, que anhelan, que desean y quizás ríen y tienen esperanza y dignidad.
Hay dichos populares que se repiten y muchas veces lo hacemos como verdades, y en realidad no son tales, por ejemplo: «Pobres pero dignos». En realidad la pobreza es indigna, no dignifica a nadie, al contrario va mellando la humanidad del sujeto, su ser activo, productivo, su esperanza. Mirando el dicho desde otra perspectiva podemos decir: «Soy digno, tengo esperanza, por eso me rebelo contra la pobreza, por eso exijo y reclamo».
Como dice la nota, en este «bendito país» de 3 millones de habitantes, con una emigración muy alta, 360.000 niños menores de 18 años son pobres. Es una desmedida barbaridad implementada por los señores y grupos de poder preocupados por la macroeconomía, los guarismos y los compromisos por endeudamiento que han asumido.
Este «bendito país» produce, es indudable; hay un sector que vive muy bien, que gasta mucho y derrocha; otros, condenados en forma perpetua a la angustia de hoy y del futuro, para vivir en un país donde casi la mitad de los niños que vendrán serán pobres para siempre, endeudados para toda su vida, deuda que no contrajeron y que deberán pagar con el sudor de la exclusión permanente. Triste destino nos espera, si no somos capaces de ver que estamos cometiendo terrible injusticia con los niños de hoy y con el mañana. Un mañana oscuro para muchos, que mañana serán grandes.
Debemos ser capaces –como decía Ernesto Guevara– de sentir como propia cualquier injusticia cometida contra cualquier ser humano. Quizás es bueno seguir preguntándonos si todavía nos conmovemos, por lo menos…
Esa nota de Ernesto Murro, que viene a desocultar el dolor y el silencio de los inocentes que sufren con duras y pesadas cadenas que operan para acorralar, para sumergir, someter y dominar a tantos compatriotas a la infelicidad.
«¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esas cadenas?»
Nos empecinamos en dictar leyes, ya vamos casi por la tercera ley de urgencia y ninguna contempla un párrafo claro, específico en beneficio de los desamparados para satisfacer sus necesidades; leí por ahí que Artigas decía: «Yo estoy de acuerdo con lo que dice don José de San Martín, los pueblos sólo necesitan leyes de acuerdo a su idiosincrasia y necesidades». En la nota del 25 de marzo, 25 años después del golpe militar en la Argentina, que oscureció el Río de la Plata con el Plan Cóndor, en nombre de la libertad y el ser nacional Murro nos brinda la posibilidad de conocer esas cifras para tratar de entender de qué se trata. Debe servir para preguntarnos muchas cosas, para reflexionar a solas, en un principio, para indagarnos nosotros mismos. No será algo más la ruptura de esas cadenas, será la labor paciente y consecuente hacia lo interno de cada uno y articulado con los demás, con respeto a las diferencias, honestidad y libertad, pues «se precisan niños para amanecer». Tenemos la responsabilidad de construir nosotros ese amanecer. Aún seguimos creyendo en un hombre nuevo para un mundo mejor.
Del diccionario:
Pobreza: Estrechez, carencia de lo necesario para vivir; falta, escasez.
Pobre: Desprovisto, o mal provisto; mal provisto de lo necesario para vivir; falto, escaso, corto de espíritu, modesto, humilde.
* Psicólogo social egresado de la Primera Escuela de Psicología Social Enrique Pichón Riviere, Bs. As. Argentina
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