Galardón iberoamericano para Mario Benedetti

Justo reconocimiento para un gran uruguayo

Una nota de Alejandro Gourevich, publicada en la sección Cultura de la edición de ayer de LA REPUBLICA, nos trae la gratificante noticia de un nuevo reconocimiento internacional para un compatriota muy especialmente querido por los uruguayos, el escritor Mario Benedetti.

La entrega del premio otorgado por la Fundación Cultural y Científica José Martí se realizó el pasado miércoles en Madrid, habiendo sido precedida por una presentación en La Habana.

Mario Benedetti no es el único uruguayo que ha logrado hacer conocer y apreciar su obra en muchos países, logrando incluso transponer las fronteras del idioma cuando sus obras han sido traducidas a las principales lenguas del mundo.

Benedetti encarna la expresión de una literatura y una cultura, la nuestra, cuya riqueza y universalidad ha sido reconocida por otros pueblos que han hecho suyo el aporte de nuestros grandes creadores como Juan Carlos Onetti, Eduardo Galeano, Francisco Espínola y Felisberto Hernández, para anotar apenas a los más renombrados.

En ese conjunto, la dilatada y riquísima obra de Mario Benedetti ocupa un lugar de relevancia. Casi medio siglo de creación literaria en todas sus formas, desde la novela y el cuento hasta la poesía y el ensayo, desde la dramaturgia hasta el ensayo político y la crítica literaria lo han convertido en un punto de referencia insoslayable, en una figura señera de la cultura uruguaya contemporánea. Como creador, como artista, como gestor de un pensamiento crítico, original, activo, a veces inesperado siempre auténtico.

Benedetti es todo eso como hombre de la cultura y del pensamiento uruguayo y latinoamericano.

Hay más. En un fragmento de la nota que comentamos al principio, se da cuenta de las palabras pronunciadas por el Presidente de la Fundación Cultural y Científica Iberoamericana, Rafael Poterncasa Baeza, el Rector de la Universidad Politécnica de Madrid.

Con singular lucidez, el intelectual español supo captar y expresar concisamente un rasgo de la personalidad de Mario Benedetti que nos enorgullece especialmente a sus compatriotas.

Dice Baeza, después de valorar el significado de la obra de Mario, «cómo no recordar que la vida misma de Benedetti, además de su magnífica obra, es también de una ética, de una verticalidad irreprochable».

De eso justamente se trata. De una ética irreprochable. De una vida de lealtad a ciertos sentimientos, a ciertas convicciones profundas.

Una conducta sin dobleces ni renunciamientos.

Y una creación literaria profundamente inundada, iluminada por un entrañable amor a la gente.

Benedetti, que tanto le ha dado a este país a través de su obra, nos da también estas gratificaciones.

La alegría, ésta de ahora y tantas otras antes, de que otros pueblos y otras culturas también aprecien, como nosotros, la ternura y el humanismo de este uruguayo excepcional.

Desde estas páginas, donde habitualmente se hacen comentarios más bien políticos, no hemos querido dejar pasar esta circunstancia, y a propósito de ella reflexionar sobre esta otra dimensión de la política que es la consistencia ética, la hombría de bien, la encarnadura moral de un compatriota destacado.

Un compatriota que en su talento inmenso y su modestia, en la dignidad de su vida y su inquebrantable compromiso con la decencia, representa lo mejor de nuestra cultura y de nuestra contribución a la cultura latino e iberoamericana.

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