EDITORIAL

Hacia una solución del conflicto con Argentina

Antes, incluso, de la elección que consagró a José Mujica como presidente de los uruguayos, escribimos en esta página acerca de las perspectivas que se abrirían con un eventual triunfo del Frente Amplio para llegar a una solución al conflicto por la instalación de una planta de celulosa en Fray Bentos.

Pues bien, antes, incluso, de la asunción de José Mujica a la Presidencia de la República, el presidente electo ya ha dado los primeros pasos en ese sentido y las perspectivas parecen auspiciosas.

El próximo 1º de marzo habrá un cambio de gobierno. No será un cambio político que obedezca a la normal rotación de los partidos en la administración del país, sino un mero recambio del personal gubernamental que continuará y profundizará las transformaciones iniciadas durante el primer gobierno de izquierda. Sin embargo, aunque se trate del mismo partido político, el hecho que sean otras las figuras que estarán al frente del gobierno puede incidir de manera decisiva.

Al asumir en marzo de 2005, el doctor Tabaré Vázquez heredó una situación particular que hacía presagiar problemas y que al poco tiempo desembocó directamente en un conflicto binacional debido a la postura intransigente de los fundamentalistas del cuidado del ambiente. Paralelamente, el gobierno de Néstor Kirchner exhibió una actitud de extrema pasividad y de omisión ante las medidas adoptadas por los ambientalistas de Gualeguaychú, quienes resolvieron impedir el libre tránsito de bienes y de personas a través del puente internacional. Lejos de apaciguar los ánimos y, eventualmente, adoptar medidas contra el desborde piquetero, el gobierno argentino prefirió optar por suscribir las demandas de sus compatriotas e inició un juicio ante el Tribunal de La Haya; eligió enfrentar un conflicto internacional para evitar uno interno.

¿Qué respuesta podría haber formulado el gobierno uruguayo frente a esa radicalización de la postura argentina? El doctor Vázquez hizo lo imposible por responder de manera civilizada; no cerró ninguna puerta al diálogo, realizó febriles gestiones y agotó las posibilidades de entendimiento; pero no cedió a las exigencias desmesuradas de los exaltados, hechas suyas por el gobierno argentino.

José Mujica, además de su cordial relación con los gobernantes argentinos ­tanto con el ex presidente como con su esposa, la actual mandataria­ e independientemente de su estilo y su personalidad tan peculiares, llega al gobierno incontaminado, sin ataduras y libre, por tanto, para llegar a destrabar el conflicto. También hay que destacar que la presidenta Cristina Fernández aparece, ella también, sin la obligación de apearse de posturas intransigentes. Como bien ha dicho Mujica con su sensatez habitual, «hay que aprovechar la primavera del comienzo», en alusión a los primeros tiempos de su mandato.

También expresó: «No podemos tocar el cielo con las manos», para graficar la necesidad de ser pacientes y no generar falsas expectativas. Su esposa, la senadora Lucía Topolansky, afirmó por su parte que «no se puede acorralar a nadie», como forma de resaltar la necesidad de que el acuerdo no implique lesión alguna en la dignidad de los gobiernos.

Habrá que esperar el dictamen de la Corte Internacional. Ese es el primer paso a partir del cual podrá empezar el diálogo entre ambas naciones hermanas. Sin urgencias ni apresuramientos, creemos que se vislumbra una solución al conflicto. Enhorabuena, que así sea.

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