100 años de un tratado histórico

El señor embajador del Brasil José Felicio, junto a Memorias Póstumas de Blas Cubas, el libro de ese extraordinario literato siempre disfrutable que fue Machado de Assis, envió una prolija impresión de la Embajada de Brasil en los dos idiomas, portugués y castellano, acerca del centenario del Tratado que modificó los límites en la Laguna Merín y en el Río Yaguarón. Incursionar en la frondosa documentación rebasaría los alcances de esta nota, que más que nota periodística son comentarios de alguien interesado en conocer los procesos históricos, sus ríspidos entretelones y en este caso, un final exitoso que no hace otra cosa que reafirmar la confianza y la fe en la buena voluntad de los hombres cuando hacen sus decisiones políticas, leyes, tratados que contribuyen a la paz y a la integración de las naciones.

Es el caso de este tratado en los 100 años de su aprobación por los cuerpos legislativos de los Estados Unidos de Brasil (instituidos en 1889) y de la República Oriental del Uruguay (el 18 de Julio de 1830). La documentación de la cual se nutrió el Barón de Río Branco no sólo es abultada, precisa y cronométrica, sino que respetando las posturas contrarias a una decisión favorable a la propuesta de renovar las reglas establecidas desde 1801, entre las monarquías de España y Portugal, contiene una firme posición revisionista que a la postre será aceptada para bien de los intereses de Uruguay. Fíjese el lector que en 1908 se modifican normas establecidas del período de las guerras napoleónicas, de las luchas y alineaciones monárquicas de España y Portugal, los límites que sostenía el Brasil para la Laguna Merín y el Río Yaguarón fueron trazados en 1801. De ahí en adelante entramos en la historia contemporánea, nuestra historia. Las invasiones inglesas, la reconquista de Buenos Aires, la Declaración de San Felipe y Santiago como la «fiel y reconquistadora», el histórico Cabildo Abierto del 21 de setiembre de 1808, el primero de América en adoptar posturas políticas soberanas; dos años más tarde el estallido de Mayo, este 2010 los hermanos argentinos celebran el Bicentenario de su Independencia, los primeros de América, y nosotros en 1811, el Grito de Asencio y el 18 de mayo la Batalla de las Piedras y la frase célebre del gran conductor José Artigas: «Clemencia para los vencidos», y se adelanta a la época dirigiéndose al gobierno de Buenos Aires. El General Artigas no es verdugo, en esa cabeza, dos siglos antes, los derechos humanos no eran sólo una consigna, fueron una práctica.

La Banda Oriental tiene como centro Montevideo, a lo largo de su historia invadida, tomada, ocupada, anexada, por cinco naciones distintas: España, Portugal, Imperio Do Brasil, Provincias Unidas, Inglaterra. Las formas fueron variadas, pero los hechos, el calendario, así lo marcan. Banda Oriental, Provincia Cisplatina, Provincia Oriental o Montevideo. Con la Convención Preliminar de Paz de 1828, las dos naciones vecinas, la República Argentina y los Estadios Unidos del Brasil, asistidos por Gran Bretaña, establecen que habrá dentro de los límites vigentes (para la Argentina la frontera con el Uruguay y el Río de la Plata, era seca, es decir total dominio del Río Uruguay, ello será resuelto tras largos conflictos en el tratado binacional del 19 de noviembre de 1873) una República soberana e independiente que posteriormente, en el Cabildo de Diputados, convocado a esos fines, se establece que sea la República Oriental del Uruguay, y que contará con tres poderes del Estado independientes: Poder Legislativo con dos cámaras, Diputados y Senadores (atención, que esta ha sido la voluntad del Constituyente), Poder Ejecutivo, presidente de la República, y Poder Judicial. Habrá un jefe político por Departamento, en aquel entonces 6, y una Junta Económico Administrativa. Se disuelven los Cabildos y recién en 1908 el gobierno del Dr. Claudio Williman establece para los municipios de los departamentos, en ese entonces 9, la figura del intendente. Vale la pena recordar lo que dice la Constitución de la República sobre los gobiernos departamentales. «El Gobierno Departamental es la Junta Departamental más el Intendente» (art. 262). La naciente República, más allá de sus vicisitudes, nunca dejó de reivindicar límites, fronteras territoriales y marítimas claras, tratándose por lo demás, de discutirlo con vecinos más grandes, y por ende más poderosos; con el Brasil se buscó particularmente resolver una línea de derechos compartidos en la Laguna Merín, 3.580 kilómetros cuadrados, y en el Río Yaguarón. Esos esfuerzos fueron coronados en 1908 y dejemos que hable el presidente Williman: «Vuestra Honorabilidad apreciará debidamente la trascendencia de estas y otras positivas ventajas que encierra el presente tratado, para el cual el Poder Ejecutivo os solicita lo incluyáis entre los asuntos que motivaron la convocatoria a sesiones extraordinarias y le prestéis vuestra sanción a objeto de que quede definitivamente terminada esta obra histórica, de alta justicia, que para el Brasil, su principal autor, comporta algo más que los méritos de una reparación justiciera, pues le adjudica la gloria de un acto ejemplar en la práctica de los grandes principios de Derecho de las Naciones, y para nuestro país vale mucho más que el aprovechamiento de una devolución generosa, porque le asegura el goce legítimo de un bien natural, basado en reglas jurídicas universales, que en este caso, al ser proclamadas por una nación fuerte y grande, perfeccionan y prestigian nuestra personalidad internacional».

Nos dice el embajador de Brasil en Uruguay, Don José Felicio, en el prólogo de la publicación:

«Los 100 años del Tratado de modificación de límites en la Laguna Merín y el Río Yaguarón y las relaciones de amistad, de cooperación y desarrollo conjunto de Uruguay y Brasil, atestiguan en la actualidad la visión del Barón de Río Branco a quien rendimos homenaje en esta versión facsimilar del Tratado».

Ultimamente con las medidas de inversiones en La Charqueada, el gobierno nacional facilita la navegabilidad del Cebollatí y se abre un futuro auspicioso para la navegación marítima bajo cabotaje entre el Brasil y el Uruguay, lo que habla muy bien de las sabias decisiones del gobierno del Brasil y del Barón de Río Branco de facilitar el relacionamiento con el Uruguay para una mejor hermandad de las dos naciones.

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