Mitos conservadores de la izquierda

Los cambios ocurridos en las últimas décadas dejaron comprometidas las ideas, instituciones y segmentos sociales llamados «zombis» (o ¿sobrevivientes?), como menciona en su libro «Modernidad líquida» Bauman. Junto a la muerte o liquidez de las ideologías o creencias de la modernidad.

Las principales dificultades que el gobierno de izquierda seguramente encontrará será más en sus fuerzas tradicionalmente aliadas, hoy «zombis», que en sus tradicionales opositores.

La ideología que la izquierda conserva no va más allá que lograr una mejor equidad y mayor justicia social. Esos valores los dejó el socialismo o comunismo sobre la faz de la tierra, para no desaparecer, de igual forma que la Revolución Francesa dejó sus aportes de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (…).

La burocracia, tema de preocupación del futuro gobierno, sin duda enfrenta un primer problema corporativo, puesto que nuestra central obrera (de funcionarios) cooperará sólo con pequeñas concesiones, porque se aferra al útero materno del Estado.

Nadie quiere cuestionar la unidad sindical, pero sin duda esa unidad debería estar al servicio de intereses generales y no sectoriales.

Hay un sinnúmero de contradicciones que se mantienen en «silencio» por intereses políticos, pero perjudican al país. Desde la nueva parcialidad jurídica laboral, pasando por la adjudicación salarial sectorial, que impide diferenciar a las Pymes con empresas líderes y semimonopólicos por ejemplo: cervezas, cola, de mayores recursos y volúmenes.

Nuestra economía tiende a polarizarse incluso con el gobierno del FA. Aunque es una situación casi mundial que la economía capitalista tiende a concentrar y polarizar los países, no es consuelo. Y no veo en el PIT-CNT una actitud clara que frene esta situación, al igual que los planes del gobierno, que no intenten revertirla. Porque la redistribución social por parte del Estado, como política, es estrecha a la larga.

Por otra parte las presiones internacionales al Ministerio de Economía, son otro factor interno que precipita algunos aspectos inconvenientes de una política económica más sana. Por ejemplo, las consultoras internacionales nos califican el riesgo país, no por su real situación, sino por su acercamiento a las políticas neoliberales que aplicamos (…). Por ejemplo piden: libertad total de importaciones (en desmedro de nuestra producción), no poner mayores márgenes arancelarios, no fijar cupos de importación, no dar subsidios a la producción nacional (…). Realizando estas exigencias nuestra deuda externa aumentó en 5.000 millones de dólares en estos 5 años y continúan dándonos buena calificación como riesgo país, razón que nos permite refinanciar nuevamente dicha deuda a futuro. Esa refinanciación es el premio que nos otorga el neoliberalismo, pero con una deuda mayor y con opciones de continuar este espiral. Es evidente que algo no está bien.

Las importaciones generaron la destrucción de nuestras industrias tradicionales, como cueros y afines, vestimenta, textiles, etc. Y junto con este proceso de grandes capitales que monopolizan las importaciones, ahora marcan presencia en los canales de distribución, desplazando a pequeñas empresas. Mientras en Europa no se permite canales de distribución de grandes extensiones comerciales en las ciudades, en nuestro seno ciudadano surgen las grandes extensiones, dando como resultado el cierre de las Pymes, en la cual, de cada dos que nacen una se cierra antes del año, y de cuatro empleos que mantiene promedio una Pymes con remuneración interesante, se pierden las mismas cuando surge un emprendimiento de gran extensión, dejando solo un empleo de cada cuatro y de bajo nivel. Recordemos que en el sector privado más del 65% recibe nominalmente menos de $5.000 mensuales.

Las mismas cadenas se precipitan al interior y desaparecen las Pymes del interior urbano, junto con las formas culturales, etc. A todo esto ¡Silencio! No se menciona. Como consecuencia las cifras indican 5 puntos de polarización social en estos años. Nuestro país está en segundo lugar de las remuneraciones bajas de sus profesionales, por lo que resulta que se nos van. Magno problema si apuntamos a una sociedad de conocimiento y sufrimos la huida del saber. El desafío futuro es difícil y el impulso de este próximo gobierno se enfrentará a estructuras contradictorias y burocráticas, que seguramente la imagen singular de Mujica facilitará los cambios.

Poco se habla de dificultades a superar, porque los frenteamplistas queremos ver o todo blanco o todo negro y la realidad es naturalmente muy compleja. Tengo dos esperanzas, una utopía es solicitar la renuncia a los corporativismos para dar espacios a políticas productivas nacionales y la segunda es que ningún cambio por sí mismo resolverá la singularidad de un tema, si no se realiza en forma «sistémica» (todo junto) lo sistémico es como una progresión geométrica y no aritmética.

Rompamos desde abajo los mitos conservadores que están en nuestro ser y ayudemos a «construir» más que «reclamar».

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