EDITORIAL

El desafío de Chile

Chile es un misterio electoral. Las encuestas independientes sobre el resultado de las elecciones nacionales no aparecen por ningún lado. Todas son encuestas interesadas, para denominarlas generosamente de alguna manera.

El lunes se realizó el único debate entre Eduardo Frei (Concertación) y Sebastián Piñera (derecha), mostrando al primero con una cultura de gobierno superior, dominando con datos concretos la realidad de su país.

«Estamos en condiciones de ganar la elección el próximo domingo, estamos optimistas razonablemente. Las fuerzas progresistas más allá de la Concertación (…) enriquecerán intelectualmente y cívicamente a la ciudadanía», dijo Fernando Meza, presidente del Partido Radical Socialdemócrata, quien además consideró que la diferencia entre el senador y ex mandatario y el empresario será estrecha el 17 de enero. Esta afirmación fue realizada antes del debate del lunes en la noche.

«Manejamos ciertas encuestas que nos dicen que estamos en condiciones de ganar estrechamente las elecciones y Eduardo Frei será presidente de Chile, estamos hablando de dos puntos de diferencia con respecto al candidato de la derecha», agregó.

Pero desde la derecha, con el Mercurio a la cabeza, hay otra óptica: Piñera ganaría con el 52,9% de los votos contra el 47,1% de Frei. Lo mismo dicen todos los diarios de derecha del mundo. Mientras que en Latinoamérica los pueblos saben que no es lo mismo un Chile con un presidente de derecha, que un Chile por la continuidad del progresismo. Más cuando la derecha chilena tiene parentescos carnales con el pinochetismo.

Lo cierto es que Chile está ante un final muy reñido, donde la derecha y el progresismo viven una fuerte pulseada, que en el pasado año favoreció a Piñera, un candidato sin propuestas y que solo apuesta a ganar votos esgrimiendo al desgaste de la Concertación, que ha sido un verdadero paquete de errores.

Los votos de la primera vuelta del joven Marco Enríquez Ominami, están siendo decisivos. Batalla que parece estar ganando Frei, aunque puede ser demasiado tarde. Es de esperar que el pan no se le queme en la puerta del horno.

Aún resta saber si la presidenta Michelle Bachelet jugará alguna nueva carta, en las próximas horas, con la intención de poner sobre la mesa el 81% que recibe de apoyo de la ciudadanía.

El pasado lunes dio una señal cuando inauguró el Museo de la Memoria, erigido para recordar a las miles de víctimas de la dictadura de Pinochet y prevenir que tales hechos no se repitan.

«No podemos cambiar nuestro pasado, sólo nos queda aprender de lo vivido. Esta es nuestra oportunidad y nuestro desafío», declaró Bachelet tras recorrer el edificio acompañada por los otros tres presidentes que ha tenido Chile desde el retorno de la democracia.

Patricio Aylwin (1990-1994), Eduardo Frei (1994-2000) y Ricardo Lagos (2000-2006) ­ todos de la Concertación- acompañaron a Bachelet en este acto.

«Me he sentido acompañada de la historia y de nuestro pueblo, representada en estos tres hombres justos, que representan 20 años de libertad y de respeto a los derechos humanos», recalcó la presidenta.

El próximo domingo sabremos si los chilenos se comprometen a seguir avanzando en el proceso de cambios o van a entrar en una etapa en la que la derechización y la frivolidad ingresen a La Moneda.

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