Cumplir con la pública felicidad
Soy de acuario y de febrero como Yemanjá, el Frente Amplio y el Dr. Federico Fasano Mertens, director del Multimedio Plural y por supuesto del imprescindible diario LA REPUBLICA. Cumplo años una semana después de la Virgen del Mar y no les voy a decir cuántos, sino que son suficientes para saber apreciar cada segundo de alegría que me prodiga la vida.
El nueve de enero pasado, estas generosas páginas me honraron mencionando mi nombre en su sección Calendiario, saludándome un mes adelantado por mi cumpleaños.
Yo de parabienes.
Tuve saludos interesantísimos, algún que otro regalo y un poquitín de pudor al robar un inmerecido espacio aunque breve siempre trascendente en tan importante medio de prensa escrita.
La repercusión de lo que se publica en el diario plural es fantástica.
De hecho, mis textos y nuestra causa religiosa, social y política reivindicando culturas afroamerindias desde Atabaque, es conocida y reconocida en gran parte a través de este real y a la vez mágico periódico.
Estar de aniversario imprevistamente me cambió el día para bien y agradezco a todas y cada una de las personas que tuvieron la gentileza de llamarme o escribirme.
Hasta algunas personalidades me hicieron el honor de su congratulación.
Entre ellos el Dr. Renzo Pi Hugarte, ciudadano ilustre, antropólogo y escritor compatriota, regalándome unas deliciosas anécdotas protagonizadas por él y el próximo presidente don José «Pepe» Mujica cuando eran adolescentes, amigos y compañeros de estudios en Secundaria y algún tiempo en Letras de la Facultad de Humanidades y Ciencias.
No las cuento aquí, aunque me salgo de la vaina, porque Renzo me confesó que sin ser secretas nunca las había relatado a ningún periodista ni a nadie, de hecho las había recordado recientemente debido a la pérdida de un familiar cercano y quería refrescarlas junto a Pepe, con quien pensaba tener una re-unión de abrazos y felicitaciones por el triunfo político, personal e ideológico, que brinda a la izquierda otra oportunidad en el gobierno nacional para continuar cambiando.
Como retribución a la deferencia de la confianza que aprecio como delicado presente, me reservo lo que no se me indicó callar. Eran cosas sencillas, emotivas, y algunas místicas, que hoy adquieren valor de patrimonio nacional por ser parte de las vivencias de nuestros grandes hombres. Ojalá se encuentren para conversar unos mates o unos vinos, quién sabe, y alimenten sus espíritus con mutuos y fermentales recuerdos.
También recibí la noticia de que fui seleccionada como jurado del Desfile de Llamadas del departamento de Colonia a celebrarse ahora en enero, y el problema con la Seccional 12ª y nuestro templo afroumbandista se está investigando directamente desde las jerarquías del Ministerio del Interior, con aclaraciones en persona del comisario responsable de que no va a volver a haber inconvenientes, lo cual mucho agradecemos, así que otras lindas novedades para el cofre de valores.
Aunque se pinchó la salida sabatina a tomar mate en la playa con todo y nieta; por unos frenos que hay que arreglar y nos enteramos cuando estábamos por salir con la camioneta cargada de bártulos, la mayoría innecesarios para unas escasas horas de arena y mar; las ganas le ganaron a la frustración de bajar todo y andar a pie, e hicimos verde pasto, árboles y yerba de tranquila mateada, frente al Palacio Legislativo en la legendaria placita de Pancho.
Claro que siempre es fiesta estar en mi país y entre los míos, viendo a mi nietita dar sus primeros pasos, en este caso mirando al edificio de las leyes que alberga un Parlamento vivo al servicio de un pueblo libre, esperando asumir una nueva legislatura histórica para el Uruguay el próximo 15 de febrero, cuando dos mujeres frenteamplistas por primera vez encabecen ambas cámaras parlamentarias y pasen revista al Batallón Florida que custodia dicho lugar público monumento a la democracia.
El atardecer veraniego montevideano hacía el disfrute completo y obsequiaba esperanzas en el futuro.
Los militares arriaban las banderas patrias, mi hijo tocaba candombe en la matera y Kenia me gritaba «Lala» muy, muy fuerte. Con sus quince meses y casi sin tenerse en pie, bailaba a las risas amacando sus mínimas caderas con cadencia de amor cumpleañero.
Gracias República.
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