Otros Pepes, parientes de Mujica
«Cada uno es cada uno y cada cual es cada cual», decía un personaje de «La Tuerca», un programa de humor argentino. Está claro, cada uno es como es y si bien hay un amplio margen de enirquecimiento y cambio, hay una base propia sobre la que trabajar.
Por cierto, cuando uno asume una responsabilidad pública como la de ser Presidente, su propia conciencia lo obliga no sólo a ser el mejor «sí mismo» posible, sino a intentar satisfacer las necesidades de la inmensa tarea para la que los demás lo han elegido.
Hace pocos días, Patiño Mayer eligió una muy buena manera de despedirse del país del que fue por un decenio embajador y al que aprendió a querer. Se despidió con un retrato personal de lo que él consideraba de lo mejor de los uruguayos y del particular momento que emprendía el país con la elección de Mujica. Lo hacía trazando similitudes con otros dos Pepes, nada menos que Artigas y Batlle. Preciosa despedida. Porque además se lo escribía a los argentinos con admiración hacia nosotros. (Si eso es entrometerse, bienvenido sea.)
Quiere decir que como «Los Parecidos» de TVR estamos vinculados con otros. Parecidos, parentescos, «familia».
Hace como cuatro años escribí una nota en el semanario «Voces» que se llamó también «Los 3 Pepes». A mí me nació vincular a Mujica con otros dos Pepes a quienes quiero muchísimo y a quienes la mayoría de la gente también : Pepe Sacía y Pepe Guerra. Dos orejanos como él.
Criollazos. Talentosos en lo suyo. Valientes.
Solidarios. Y quienes casualmente están también vinculados con los números, ya que los 3 tienen números muy parecidos en sus fechas de nacimiento.
A lo que voy es que para que la gente te elija para conducir el país, tenés que generar en ella (que es amplia y heterogénea) muchas cosas. Tenés que «parecerte» en lo mejor a mucha gente diferente, siendo vos mismo, y con una impronta fuerte, porque nadie se conmueve con una gelatina sin sabor aunque «vaya con todo».
¿Y qué es lo que muchos hemos visto en Mujica para confiarle, junto con Astori y todo el Frente, el gobierno del país por cinco años?
Por supuesto que no hay una única respuesta, pero lo primero que siento es que Mujica nos inspira una gran confianza humana. Es un tipo al que sentimos muy cercano a nosotros. Sentimental, comprometido, sincero, valiente, cascarrabias, pero capaz de bajar el copete, reconocer el error y pedir disculpas, entre muchas cosas más. Pero respetamos su experiencia de vida. Su jugarse y bancársela aunque no estemos de acuerdo con el camino que eligió. Y respetamos cómo fue capaz de reinsertarse, de encarar de nuevo, de reanudar su vida, de reencontrarse con su pareja, de laburar una chacra, de repartir flores en motoneta, de ser un arduo legislador, de «bajar» a las mateadas por muchos años, hablando, pero también escuchando a la gente.
Respetamos su estar de vuelta de muchas cosas sin valor, pero de no haber perdido el fuego sagrado por la verdad, la justicia, una vida mejor para todos, y su estar dispuesto a entregar su vida a luchar por todo ello.
Sentimos que el hombre está jugado por el bien de este país y que va a entregar lo mejor de sí mismo. Que ni siquiera sospecha todo lo que se va a tener que esforzar, pero está dispuesto a eso y mucho más. Lo sentimos.
Lo siente muy fuerte mucha gente del Interior, que tiene menos encallecido el corazón.
También es cierto que elegimos lo que sentimos más cercano a nosotros. Y elegimos al que sentimos el mejor de nosotros para encarar la tarea. En cierta forma, cuando elegimos, también estamos eligiendo lo que más queremos de nosotros mismos.
En vez de endiosarlo y esperar todo de él, ayudémoslo. No lo dejemos solo. No le digamos «amén» a todo. Asumamos activamente nuestro papel de ciudadanos, donde nos toque, donde estemos. Hemos tenido un muy buen gobierno con Tabaré, pero los ciudadanos hemos estado muy quietos, esperando que nos resuelvan los problemas.
No lo dejemos solo. Saquemos a «nuestros Pepes» de adentro. Vamos a carpir todos juntos, a dar vuelta la tierra, a sembrar, a cosechar un mejor país para nuestros jóvenes. Con ellos. Que nos vean vitales, alegres. Compartiendo y disfrutando con ellos una vida de lucha y esperanza. Ese es el mejor «consejo» que podemos darle contra las drogas, la indolencia y el «choque generacional».
Hagamos que sea un mejor año.
Yo ya arranqué.
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