Giordano y los cañeros

El Este puntaesteño turístico mundialmente famoso, donde se habla de millones de dólares como quien lava, y el norte azucarero, y hoy alcoholero de humanidades inclinadas frente al cañaveral, no parecen ser el mismo Uruguay.

Sin embargo, ambos son escenarios típicos y pujantes que hacen a la identidad nacional y conforman, junto a otros, el «nosotros cultural» al que tal vez refiere Pepe Mujica, el presidente electo, en sus reflexiones sobre educación, enseñanza, contenidos y métodos.

Se trate de los «peludos» de Bella Unión ennegrecidos de manipular caña quemada, o de suntuosos yates atracados en el Yatch Club de la terminal esteña, sabemos que el territorio cultural es uruguayo. Expresiones sociales diversísimas unificadas en clave charrúa con las que, antes que nada, compartimos patria.

¡Ojalá tuviésemos varias puntas del este para explotar internacionalmente! Y también ojalá lográsemos una producción que satisficiera la demanda interna de azúcar y etanol para mejorar la nafta y, además, sobrara para exportar y acumular energía. La independencia mercantil y negociadora contribuye enormemente al desarrollo soberano de una nación. En ese camino estamos y vamos por más, con las dificultades propias de quien procura sembrar en el desierto, pues como un páramo dejaron la zona norteña los gobiernos derechistas a fuerza de desinterés por la manufactura autóctona que brinda esperanzas de vivir a un gran sector de uruguayas y uruguayos.

Generar crecimiento económico por venta de productos turísticos y servicios en lugares de belleza natural atractiva para el mundo, así como el cultivo de caña de azúcar para consumo, junto a la elaboración de combustible, tienen el denominador común del progreso para los propios. Las industrias prósperas y sustentables son fuentes de ingresos se dediquen a lo que se dediquen.

Somos una zona privilegiada del planeta en cuanto a ubicación geográfica y está muy bien aprovechar esto al máximo, teniendo siempre presente el mandato constitucional de proveer a la ciudadanía el goce del derecho a la vivienda y al trabajo y su digna remuneración en el área que sea.

En el caso del que escribo: a algunos les sobra y gastan en lujos exorbitantes en vacaciones y aunque nos quejemos de que «unos mucho y otros nada», es obvio que generan entradas importantes para trabajadores que viven del movimiento que derrama el turismo «cool». Mientras, otros son agradecidos de tener sus necesidades básicas satisfechas con una entrada en dinero simplemente decorosa.

El Estado a través de su gobierno debe asegurarse de que existan iguales oportunidades de superación para quienes tengan expectativas de perseguir otras metas. También esa es preocupación del progresismo, y por ello nos dirigimos a la sociedad del conocimiento democratizado y a la mejora en la distribución de la riqueza.

 

Rumbo allá, y entretanto, para poder repartir, hay que tener.

Mirar a la vez la sacrificada cosecha de caña de azúcar en el norte y la vida fastuosa que llevan ricos y famosos en Punta del Este puede antojarse hasta grotesco. Me pareció importante visualizar dichas situaciones con el fin de captar hechos objetivos. Por ser realidades globalmente diferentes era interesante reunirlas en forma simbólica, aunque más no sea para que una no olvide que existe la otra, y las dos son sustanciales. Porque las dos son Uruguay. Porque las dos somos el «nosotros», o sea el ser colectivo.

La idea es que lo que podamos o debamos ser o hacer lo hagamos bien y cada día mejor, porque todos somos necesarios en una sociedad integrada y respetuosa de sus diferencias, sociedad que crece justamente porque se reconoce a sí misma como parte de un todo imprescindible para vivir armoniosamente y con bienestar en comunidad.

Probablemente llegue el día en el que haya socialismo por interés y no por ideología.

Lo que nos puede salvar como humanidad es no perder oportunidad de sembrar valores, sea cuando cosechamos el fruto de la tierra o cuando le sirvamos café a un multimillonario recién bajado de un crucero. La solidaridad y el respeto mutuo, la humildad en enseñar y aprender las lecciones cotidianas y la de los institutos de enseñanza, de procurar ser siempre personas honestas independientemente de la ausencia o exceso de bienes materiales, es lo que debemos cultivar.

Los cañeros de Artigas y sus espaldas doloridas son tan parte nuestra como los desfiles «top» de Roberto Giordano en la veraniega Punta del Este.

Ya sé que no es lo mismo cortar caña que perfumados cabellos de mujer, aunque las dos tareas requieran ciertos conocimientos y aptitudes. Cada vivencia y actividad social tiene su complejidad y sus procesos y debe ser respetada en sus peculiaridades. Nada sucede aisladamente, aunque lo parezca, pues hay estrechos vínculos que nos unen más allá de los límites que demarcan suelo oriental, y es el proyecto de país plural como hecho contundente.

Convivencia e integración son artes y ciencias universales supra universitarias.

Si los ricos viven de espaldas a los pobres, no vivirán tranquilos y los pobres materiales no deben olvidar que detrás de las exhuberancias económicas hay personas que pasan por las mismas vicisitudes espirituales que el resto de los terrestres. A la hora de las necesidades que no se solucionan con plata, todos somos iguales. Se los dice alguien que por lo que le tocó ser en la vida está en permanente contacto con la gente y con sus penurias.

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