EDITORIAL

Obama, un presidente con muchos problemas

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha desilusionado a multitudes en el mundo, quienes han perdido la esperanza de que en ese país naciera una nueva época.

En materia de política internacional no hay cambios, ya no digamos sustantivos. No aparece en el horizonte ninguna señal de que la primera potencia militar mundial pueda esbozar alguna señal positiva.

Para la Casa Blanca todos los que son distintos ­particularmente si son árabes­ se les coloca otra vez bajo sospecha. Recientemente catorce países fueron incluidos en una lista negra, con la intención de que en los aeropuertos los provenientes de esas sociedades sean revisados, hasta en su propia intimidad.

Dentro de esa lista está Cuba, lo cual es un insulto a la inteligencia porque desde ese país no surgió nunca ni un solo simulacro de ataque al territorio estadounidense. Ni uno solo.

Si nos referimos a la política de Washington para América Latina, tampoco hay cambios importantes, en la medida que la instalación de las bases militares en Colombia son una verdadera afrenta para la soberanía de nuestros pueblos.

Quizás el momento más desgraciado para Obama, fue cuando aceptó el Premio Nobel de la Paz, en momentos que se intensifica la agresión de Estados Unidos en Afganistán y sus aledaños. En ese instante, un instante histórico, por cierto, su credibilidad cayó en un 80%.

Como acaba de decir Eduardo Galeano: «Obama está pecando contra la esperanza que él mismo supo despertar, en su país y en el mundo».

Toda esta situación se ha visto agravada por la crisis del sistema de seguridad de Estados Unidos y del propio presidente Obama. Hace pocos días un doble agente de Al Qaeda fue el responsable de la reciente muerte de agentes de la CIA en Afganistán. Anteriormente la inoperancia y descoordinación de las agencias de inteligencia podrían haber desatado una verdadera tragedia si no hubiese fallado el detonador del explosivo que portaba en su ropa interior el nigeriano Umar Faruk Abdulmutallab, cuando viajaba a bordo de un avión con dirección a Detroit en Navidad.

Ya al borde del ridículo una pareja ingresó sin invitación ­una típica colada­ a la primera cena de Estado en el gobierno de Obama, a quien le estrechó la mano. Y aún no hay responsables de tan tremendo error.

Tenemos, entonces, a un presidente que da continuidad a la política exterior de Estados Unidos con un talante similar al de Bush, pero con la gravedad de que surgen síntomas de que en su entorno personal e institucional, no hay la adhesión imprescindible con Barack Obama.

Si un presidente de Estados Unidos siempre tiene algo de peligroso, mucho más lo tiene cuando su sistema de seguridad se muestra como un colador.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje