¿Qué es lo que está en juego?
Para una tribuna de lucha como es LA REPUBLICA, que ha hecho suya todas las causas populares, democráticas y progresistas, el curso de las tensiones entre el sindicato Adeom y el gobierno de Montevideo, presidido por el arquitecto Mariano Arana, nos coloca en una situación delicada y compleja.
Nuestro posible desempeño en la emergencia toma el rumbo de una visión del conjunto de los intereses en juego: los intereses de los trabajadores, los de la administración, legítimamente constituida por la voluntad ciudadana, y los intereses del conjunto de los montevideanos.
La problemática tiene una enorme importancia, tanto desde el punto de vista político inmediato como desde las interrogantes que un observador se formularía desde un atalaya más, llamémosle, «teórico».
Así parecen haberlo entendido también las máximas autoridades del Frente Amplio que desde hace ya varias semanas vienen analizando exhaustivamente el tema.
Una primera reflexión: nunca, en nuestro país, un proceso conflictivo como este ha tenido un tratamiento en el ámbito político tan transparente como el que se desarrolla ahora en Montevideo.
Se podrá estar de acuerdo con esta o aquella posición, pero nadie puede dejar de reconocer que los asuntos son abordados y discutidos orgánicamente por una fuerza política cuyos ámbitos de decisión son públicos, actúan con regularidad, integración pluralista y representación democrática de las organizaciones de base.
El solo hecho de discutir el contencioso municipal en estas condiciones contiene un elemento positivo, de democratización y rescate de «la política» como instancia de debate, de regulación de las tensiones y de realización de los sueños de una fuerza política.
El hecho importa consignarlo. Sobre todo cuando hay una tendencia general, a la que también asistimos en nuestro país, a la concentración y a la personalización del poder.
Personalización del poder y su uso mediático, donde lo que importa no es explicar los problemas y ayudar a la ciudadanía a seguirlos y formarse una opinión propia sino los efectos, en términos de marketing político, de la acción del Presidente.
Batlle viaja a la frontera, denuncia el contrabando, vigila y amonesta funcionarios, decreta, aconseja, hace chistes, se ríe, redacta leyes de urgencia, presupuestos, mensajes complementarios, y un larguísimo etcétera y, no ya la ciudadanía, ni siquiera los legisladores que lo respaldan saben a qué atenerse. Anotada esta circunstancia, vayamos al título de esta nota. Qué valores, qué bienes están en juego en el diferendo que opone al sindicato Adeom con el gobierno municipal.
Enumeremos, sin que el orden indique jerarquización, cuáles, a nuestro juicio, son los intereses a salvaguardar.
En primer lugar, el del conjunto de la población montevideana que tiene derecho a una administración de los bienes de la comunidad hecha en beneficio de la mayoría, destinada a mejorar la calidad de vida tanto en lo material como en lo cultural.
El gobierno progresista debe dar satisfacción a esas demandas, de acuerdo a los rumbos que marcó cuando pidió el apoyo electoral de la ciudadanía.
La administración debe ser cuidadosa de los bienes patrimoniales que son de todos y de entre esos todos, de muchos que no tienen cómo hacerse oír o cómo hacer que se atiendan sus intereses legítimos.
El de los trabajadores, cuyos derechos al trabajo digno y al ejercicio de sus derechos funcionales y gremiales no pueden ser desconocidos. En aras de ese objetivo, todas las formas de diálogo son transitables.
Finalmente hay un elemento en juego que vale la pena no perder de vista.
La fuerza que gobierna Montevideo, en medio de los obstáculos de todo tipo que se le imponen desde el gobierno central, esa fuerza progresista no nació ahora ni se terminará mañana.
Esa fuerza tiene una historia, un pasado. Su vida llena un período de la historia popular. No es sólo una cuestión del «partido Frente Amplio». Atrás de sus banderas y sus símbolos hay mucho dolor, mucha gente presa, muchas familias a las que la represión y la intolerancia del terrorismo de Estado estropeó para siempre. Todo eso es el Frente Amplio, si miramos hacia atrás.
Y si miramos hacia delante: esa fuerza política constituye la herramienta de los cambios, la palanca democrática posible e idónea para impulsar los cambios a que el conjunto de los uruguayos aspiran.
Pasado y futuro de una fuerza política que nadie, ni tirios ni troyanos, pueden olvidar.
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