Pensamiento doble: ¿desparpajo o inconciencia?
Leímos con pena intelectual la nota «de denuncia» de Ana Jerozolimski acerca del espionaje del Hezbolá sobre Israel, publicada en ese diario el 18 de noviembre pasado, «Hezbala logra espiar a fondo a Israel».
Porque constituye un prototipo de lo que Erich Fromm desde la psicología o Edward Herman desde la política calificaron de pensamiento doble: si lo hacen ellos está mal, si lo hacemos nosotros, exactamente lo mismo, bien.
Puesto con la claridad clínica con que lo expone AJ, da finalmente pena.
AJ inicia esa nota reflejando el ensombrecimiento de un militar israelí leyendo «un recién revelado informe interno» de Hezbolá. Si entendemos el significado de las palabras, tenemos que entender que el militar israelí se ha hecho de un informe reservado del Hezbolá… es decir, que Israel espía al Hezbolá.
Enemigos declarados como son, no deberíamos extrañarnos que Hezbolá procure conocer a su enemigo y que Israel haga lo mismo. Por la enorme diferencia de recursos, nos tememos que la penetración, el espionaje de Israel sobre Hezbolá debe ser bastante mayor que el de Hezbolá sobre Israel…
AJ se queja del contenido del informe que lee el militar mencionado: «En el reporte hay numerosos detalles que revelan cuán de cerca observa Hezbalá a Israel y cuánto logra saber inclusive acerca de cómo Israel observa a su gente, al propio Hezbalá.» AJ nos dispensa de mayores comentarios: ella misma aclara que Israel espía a Hezbolá.
Pero la confesión que no sabemos si procede de la inocencia, la estulticia o de la pujanza del pensamiento doble, avanza: AJ se escandaliza de que el Hezbolá sepa «cómo y cuándo operan los aviones [israelíes, claro] no piloteados que sobrevuelan territorio libanés». Indudablemente, el ejército israelí estaría mucho más tranquilo si pudiera espiar impunemente, si los libaneses vieran un avión espía por ejemplo y siguieran bebiendo té como si tal cosa.
El mecanismo mental de AJ se expresa prístino en un párrafo clave: «El problema para Israel, a pesar de que su propia observación hacia Líbano es una de sus misiones más importantes por la percepción de amenaza que le significa Hezbalá, es que este grupo fundamentalista estudia y analiza constantemente la información que recaba».
Admite oronda que Israel espía sistemáticamente a El Líbano y al Hezbolá, y que lo tiene como actividad principal, pero condena que Hezbolá haga exactamente lo mismo para defenderse de las incursiones aéreas y las presiones de los comandos militares israelíes.
Llamativa la queja: queremos hacer con ustedes y de ustedes lo que queramos, pero ustedes no pueden hacer lo mismo con nosotros. Ustedes se tienen que dejar.
«Hezbolá no sólo sabe qué pasa del otro lado de la frontera, sino que sugiere modos, por ejemplo, de burlar la tecnología y organización del lado israelí». AJ protesta, en una palabra, que Hezbolá haga lo que hace el Estado de Israel. Está diciendo tácitamente: «Nosotros desplegamos un enorme espectro tecnológico para someter a nuestros adversarios, vecinos, enemigos, poblaciones no judías, lo que se quiera. Pero no queremos que esos se valgan de algo siquiera remotamente similar contra nosotros.
Israel pretende así tener la exclusividad del manejo de la información, de los raids, de los puestos de frontera. Les solivianta darse cuenta que otros pueden hacer con ellos lo que ellos hacen.
Hay que concederles al menos la comprensión del porqué de tanto enojo. Pese a la resistencia tenaz, extraordinaria de tantos palestinos a la ocupación israelí, el sionismo jamás tuvo que enfrentar dispositivos «parejos» en el enfrentamiento. El ejército israelí, los mismos colonos han podido abusar de su superioridad militar aplastante ante los «natives». Israel es hoy en día primera potencia en técnicas de seguridad (desde redes de captación de información hasta alambradas de bloqueo) y ha generado semejante industria con los palestinos como sus conejillos de Indias. Los altera el «nivel» del Hezbolá.
La nota que aparece firmada por AJ termina anunciando que el poder del Hezbolá crece permanentemente y gracias a Irán. Define así dos blancos militares, aunque lo hace desde el terreno mediático.
Lo que se dice, una halconada con lengua de paloma.
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