Entre el Fondo y el ajuste

Los velos comienzan a levantarse y las verdades surgen nítidamente, dando la razón a la fuerza política de izquierda que es la mayoría del país. A fines de enero decía, en páginas de LA REPUBLICA, que sobre el déficit fiscal de 1999 el Encuentro Progresista-Frente Amplio dijo la verdad durante la campaña electoral y los que mentían eran los voceros del gobierno.

A nadie se le movió un pelo, ningún integrante del equipo económico desmintió tal aseveración. A treinta días de ese hecho el ministro de Economía y Finanzas, contador Luis Mosca, reconoce en un reportaje en el semanario Búsqueda que el déficit fiscal de 1999 tiene «una magnitud próxima al 3.5% del PBI», lo que equivale a decir que alcanzaría los 800 millones de dólares, superando en más de 200 millones de dólares los vaticinios del gobierno del doctor Julio María Sanguinetti.

Herencia muy pesada recibe el presidente electo, doctor Jorge Batlle, y su equipo económico. Integrantes de su propio partido le trasladan una importante carga económica que incidirá directamente en el desarrollo del plan financiero y económico del gobierno entrante.

La mentira, entonces, tiene «patas cortas», pero es grave cuando se hace a sabiendas de los datos macroeconómicos y en plena campaña electoral, con el único objetivo de argumentar que eran falsas las afirmaciones del Frente Amplio. Doble delito, se engaña a la opinión pública y se desmienten afirmaciones fundadas, de la primera fuerza política del país.

En estos días se analizan, por parte del gobierno entrante y la misión del Fondo Monetario Internacional, los planes económicos a proyectar a corto y largo plazo. No es casual que cuando asumiera la Presidencia de la República Argentina el doctor Fernando de la Rúa, también se encontrara en el país una misión del FMI. Sin duda, ese organismo internacional intenta incidir firmemente en las decisiones de los gobiernos de la región. Así lo ha hecho desde su fundación; la diferencia es que ahora cuida las formas. A fines de la década del cincuenta imponía sus recetas a través de las cartas de intención, hoy en día con mayor sutileza «convence» a los gobiernos previamente y luego éstos le presentan sus programas y metas. La diferencia es imperceptible.

Hace pocos días, a raíz de la agresión que recibiera en su despedida el director general del FMI, Michel Camdessus, en la X Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo, efectuado en Bangkok –un tortazo en la cara proporcionado por un estadounidense– recordaba un episodio que también aconteció en plena Plaza Independencia de Montevideo –década de 1960– cuando el secretario de Estado de los Estados Unidos, señor Dean Rusk, recibiera un salivazo por parte de un joven militante en protesta por las políticas imperialistas de dicho país.

El propio FMI ha tenido que aceptar que existe un panorama dramático sobre las desigualdades sociales y la iniquidad, en la distribución de la riqueza en la región y que «sin atender el problema de la pobreza no habrá crecimiento a largo plazo porque la inestabilidad social acabará con él».

Espero que no sea demasiado tarde en este reconocimiento de los tres organismos internacionales, que tienen mayor incidencia en la economía del planeta, que son el FMI, el BID y el Banco Mundial.

El otro velo que se levanta es el de las medidas de ajuste que adoptará el nuevo equipo económico, que ha hecho decir al doctor Jorge Batlle «tengo las manos ensangrentadas por el recorte que voy a hacer de los gastos públicos».

Esto también confirma mis predicciones de que no necesariamente se iba a recurrir a un ajuste fiscal clásico, resolviendo nuevos impuestos o alguna modificación en los tributos, sino que la otra forma de ajuste era la reducción de gastos en recursos destinados a áreas estratégicas, como la salud, la vivienda, las obras públicas o las inversiones del Estado, lo que originaría mayores sufrimientos para la gente e incrementaría las desigualdades sociales y el desempleo.

Los anuncios son realmente alarmantes, transcurriremos el inicio del milenio con serias dificultades económicas y sociales. Cuando se plantea aplicar el bisturí en cada Ministerio, en forma indiscriminada, y en los entes autónomos, reduciendo el 25% de gastos e inversiones en cada organismo, significará mayor recesión, aumento del desempleo y resentimiento del aparato productivo.

Si se hubiera actuado con honestidad y transparencia por parte del gobierno que cesa, el resultado electoral de noviembre hubiera sido otro. Queda comprobado que nuestros vaticinios, lamentablemente se confirman. Tendremos que colaborar con nuestros ciudadanos para que de una vez por todas distingan dónde está la verdad.

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