La "era progresista"
El domingo 29 de noviembre, tal como se preveía según los anuncios previos de las encuestadoras serias, la fórmula del Frente Amplio obtuvo una amplia mayoría en el balotaje, obteniendo de ese modo el segundo triunfo consecutivo de nuestra fuerza política en las elecciones nacionales.
Allá por 2004, cuando el politólogo Adolfo Garcé publicó su libro llamado «La era progresista», auguró no sólo el seguro triunfo de nuestra fuerza política en las elecciones nacionales de aquel año, sino también que ese sería el inicio de por lo menos uno o dos períodos más de gobierno frentista. Yo creo que si hacemos las cosas bien, tal vez puedan ser más.
Pero hoy utilizaré el concepto manejado por el reconocido académico en otro sentido. No sólo en el del resultado político-electoral (que por supuesto espero que confirme la tesis por él manejada), sino en el plano de la política «profunda», la política como forma de hacer cosas, de actuar e incidir en la realidad social, ya sea mejorándola o cambiándola.
El triunfo de nuestra fuerza política en octubre de 2004 significó un cambio en la marea de la historia: por primera vez, un partido que no era ninguno de los tradicionales logró acceder a la titularidad del Poder Ejecutivo, cerrando de esa forma un ciclo de alternancia bipartidista entre blancos y colorados en nuestros 170 años de historia independiente.
Creo que estas recientes elecciones siguen marcando nuevos cambios, ¿o acaso hace 5 años alguien se animaba a imaginarse al Pepe siendo electo presidente de la República? El mismo lo ha dicho, es un cambio cultural muy fuerte el hecho de que un hombre de pueblo, un floricultor que vive en una chacra en el oeste de Montevideo, alguien que no tiene título universitario, que no se expresa con aséptica corrección ni viste según manda la dictadura de lo que la mayoría piensa que es el «buen vestir», haya sido electo presidente.
Obviamente que para el sector más conservador de nuestra sociedad sigue siendo una suerte de afrenta, de herida salada, el hecho de que el Pepe haya podido ser candidato a la Presidencia, y encima…¡que haya ganado las elecciones!
Pero para la amplia mayoría que no tenemos esa sensibilidad conservadora-aristocrática, el hecho de que el Pepe haya sido electo presidente de la República es un baño de democracia y un baño de pueblo. Porque si la mayoría del pueblo eligió al Pepe, es porque no le importa que no sea universitario, ni la forma en que vista y hable (que incluso muchos lo ven como algo positivo), ni tampoco donde viva.
Y es lógico que sea sí. Porque en definitiva, la mayoría de las personas en el país ni son universitarias ni andan impecablemente trajeadas todos los días, ni viven en lujosas mansiones. Pero quiero ir más allá de las cuestiones estéticas.
Creo que estos primeros cinco años de gobierno frentista hemos avanzado en ciertas áreas en las que no habrá marcha atrás, sea cual sea el gobierno. Un claro ejemplo son los Consejos de Salarios. En la pasada campaña electoral todos los candidatos incluido el doctor Lacalle aseguraron que los seguiría convocando de alcanzar la Presidencia. Ese es un cambio radical, del mismo hombre que siendo presidente dejó de convocar a esos mismos Consejos de Salarios.
Siguiendo en el aspecto laboral, tampoco habrá de haber marcha atrás en ciertos derechos conquistados. Ni en las 8 horas para peones rurales y trabajadoras domésticas (que incluso fueron aprobadas con votos de todos los partidos), ni en la de intereses compensatorios por salarios atrasados, ni en materia de fuero sindical.
Otra área en la que considero que no habrá vuelta atrás es en las políticas sociales. Nadie de la oposición discute la pertinencia y necesidad de tener un ministerio específico dedicado al área del desarrollo social. Pero más importante, ahora los dos partidos tradicionales parecen haber abandonado la tristemente célebre teoría del «derrame», aquella que fuera impulsada desde el FMI y el BM en la década de los 90, que sostenía que el crecimiento económico por sí solo bastaba para ir cerrando las brechas entre la franja de población más pobre y la más rica. Es bueno recordar que hoy, desde el propio Banco Mundial se ha revisado críticamente esa teoría, dejándosela de lado. El Panes, tan criticado en su momento, sirvió como fuente de inspiración para las propuestas de ambos partidos en materia de instrumentación de políticas sociales. Y ni que hablar del Plan Ceibal, verdadera revolución cultural y educativa impulsada en el actual gobierno.
Por último, creo que la otra gran área que no admite marcha atrás, sea cual sea el gobierno futuro, es la de la salud. La reforma de la salud está instalada y poco a poco logrará integrar al sistema al conjunto de la población. Ya al día de hoy incluye a muchas más personas que el anterior Disse, beneficiando especialmente a los padres con hijos menores a cargo, que están cubiertos por el sistema.
También hay toda una serie de derechos sociales que se le han reconocido a diversos colectivos en el actual gobierno, colectivos que han luchado duramente porque se les reconozca, y que probablemente en los próximos cinco años sirvan para terminar de empoderarlos, de afianzarlos definitivamente. Me refiero sobre todo a la ley de concubinato, pero también a la ley que permite cambiar de identidad, a la ley de voluntad anticipada, a la de licencia por días de estudio, y toda una serie de leyes sociales que han sido aprobadas en el correr de esta legislatura.
Evidentemente que con esto no quiero decir que vaya a ser lo mismo gane quien gane. Hay otras áreas donde las diferencias son muchas y muy grandes como para que a decir de Real de Azúa el impulso no encuentre su freno. Eso seguramente sucedería en materia de régimen tributario, en seguridad pública (especialmente respecto a la baja de la edad de imputabilidad), en aspectos de relaciones internacionales, en materia de derechos humanos vinculados a la dictadura, en materia de ordenamiento territorial y probablemente en los aspectos laborales, si bien no se retroceda, tampoco se avance como en un gobierno del Frente.
Pero creo que sí queda claro que este gobierno ha logrado un cambio radical en ciertos aspectos, que el gobierno que viene habrá de seguir profundizando; que luego, gane quien gane, no podrá frenar el impulso progresista.
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