Coloquiando con el Presidente

Y el Pepe será presidente. Se inicia una nueva etapa. Para quien escribe vale recién ahora recordar que han pasado meses desde que en «Pepe Coloquios» el entrevistado se refiere a él. No era oportuno ni táctico comentar sus apreciaciones durante la campaña electoral. A veces el silencio es prudencia, no aquiescencia. Con el Pepe hemos vivido sueños, realizaciones, humillaciones y no dudo del cariño expresado hacia mí, cariño que es recíproco. El se expresa con su peculiar estilo, quien escribe con el suyo. No los cambiaremos, así son. El, hoy más que nunca, deberá recelar de los alcahuetes y saber quien no se presta a serlo. Partimos de historias, mentalidades y formaciones diferentes. Pero sabemos que queremos un país, una región y un mundo más justos, cultos, igualitarios, libres: ¿también socialistas? En los coloquios explica bien que hay crisis en el campo del pensamiento. A continuación expone: «El campo del pensamiento no es andar leyendo libros viejos. Ya los leímos. ¡No jodas! Es la panoplia de nuevas hipótesis de trabajo, de nuevas fundaciones. Hay que tener la audacia que tuvieron los viejos. No repetirlos, repetirlos y repetirlos».

Valen precisiones. Si el pensamiento se limitara a leer y repetir libros viejos, coincidencia total. Pero, ¿cuáles son los «libros viejos», ¿qué significa «ya los leímos?», ¿quiénes los leyeron?, ¿qué leyeron?, ¿qué entendieron? Quien escribe estas líneas es docente desde hace más de cuarenta y cinco años y sabe algo de lo que se ha leído y de lo que lee la juventud. ¿Los «libros viejos» son los del marxismo? ¿No es que el Pepe está cada día más cerca de Marx? No es antojadizo, ni simple enganche para el mercado que quien escribe haya titulado un libro del 2008 «Marxismo ese ocultado». Se argumentará que es una exageración; sin embargo, especialistas en diversas ciencias sociales, han coincidido con el título. El marxismo es una concepción prácticamente ignorada en la enseñanza secundaria y superior. Así que es una generalización equivocada pluralizar «ya los leímos». Los viejitos tal vez sí. Y pocos más. La falta de solidez intelectual es una constante preocupación de quienes participamos de la enseñanza o de la política. Además no se puede avanzar sin leer «libros viejos». Einstein es inimaginable sin Newton, Marx sin Hegel, sin introducirnos en la antropología ­ciencia que atrapa al Pepe­ donde el desarrollo del Homo Sapiens es inseparable de anteriores Homos.

Ni qué decir que hay que tener audacia y no limitarse a repetir. Este columnista ­que como todo ser humano ha cometido y comete errores­ generalmente los ha cometido y comete por transgredir y no por repetir, al punto tal que en los tiempos en que muchos recitaban manuales de catequesis política, social o económica, fue acusado más de una vez de profanador de verdades, y algunos viejitos, entre ellos el Pepe, bien lo saben.

El Pepe considera que «se necesita teoría para guiar el pensamiento» pero no se trabaja en ella. «Esta conversación que tengo contigo es medio «demodé», porque ¿en qué termina la cuestión teórica? En los trabajos de Julio Louis; me agarra el catecismo de Marx y se pone a recitarlo… ¡ flaco!, no me rompas, te quiero en pila, sos un loco bárbaro, pero ¡no me jodás! Siempre con la misma mursimónica, parecés el viejito del último organito, tocás siempre la misma melodía».

No debe haber un catecismo de Marx, cuando el mismo Marx afirmaba que no era marxista, aludiendo al continuo devenir del conocimiento. En la introducción del libro anteriormente citado se advierte: «Me propongo re-presentar al marxismo; que no es bíblico, talmúdico, coránico, de cuyos párrafos se hace fe. Al materialismo dialéctico fresco, rico, creador, antidogmático».

Autores diversos figuran en sus cien páginas para abonar, corregir o modificar el catecismo: Jorge Luis Acanda, Louis Althusser, Samir Amin, Sergio Bagú, Rudolf Bahro, John Bernal, Bidet y Dumenil, Luis Bilbao, Mario Bunge, Sarandí Cabrera, Fidel Castro, Juan Carlos Dean, Benjamin Disraeli, Olga Fernández Ríos, Foladori-Melazzi, Ernesto Guevara, Marta Harnecker, Thomas Hobbes, Monty Johnstone, Annie Kriegel, Henry Lefebvre, Lenin, Ernest Mandel, Lewis Munford, James Petras, Jorge Plejanov, Nikos Poulantzas, Ilya Prigogine, Carlos Rama, Ignacio Ramonet, Theodor Shanin, Vivian Trías, Truong Chinh, Luis Vitale

Jorge Abelardo Ramos ­a quien ambos apreciamos­ dice de un argentino del siglo pasado, Manuel Ugarte, que era considerado un «leproso» porque planteaba «tonterías» como actualizar a Bolívar, la Confederación de Estados Americanos o el socialismo, mientras la intelectualidad copiaba a Inglaterra y Francia. Los párrafos del Pepe me hacen sentir leproso y muy porfiado. ¿No será Pepe que la melodía gastada es la tuya, ésa de re-inventar al capitalismo? Muchos otros han tratado de reinventarlo con los resultados a la vista. Por el contrario, se trata de construir hegemonía ideológica, crear poder popular y hacer la Revolución, temas inabordables en pocas líneas. Las veredas deben arreglarse pero también hacerse la revolución; y viceversa, para hacer ésta hay que arreglar las veredas.

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