Aportes para una ecología de la "ecología política"
Salvador Schelotto *
El pasado domingo, Eduardo Gudynas, en un artículo de opinión se refiere, entre otros temas, a la delicada situación derivada de la contaminación por plomo comprobada en el barrio de La Teja de la ciudad de Montevideo. En el texto se incluyen consideraciones variadas sobre una situación de por sí muy grave, que tiene directa incidencia en la salud y la calidad de vida de la población involucrada. Asimismo, a partir de esta realidad –la contaminación por plomo– se realizan afirmaciones de alcance general, algunas de ellas de carácter político, sobre las cuales creo necesario realizar precisiones.
1) No es conveniente, ni ayuda a clarificar la situación, el colocar en un mismo plano el discurso y la práctica.
No nos confundamos: no es exactamente lo mismo «política ambiental» que discurso ambientalista. En los últimos tiempos, con el saludable incremento de la preocupación sobre los problemas ambientales, se han multiplicado los discursos de tono ambientalista, discursos que en no pocos casos son conceptualmente confusos dado que asumen categorías demasiado amplias, abarcativas de prácticamente todo lo existente. Hace algún tiempo era la «salud» (bio-psico-social), la que abarcaba prácticamente toda dimensión de la existencia humana. En la actualidad criticamos el pensamiento neoliberal que reduce todo lo social a lo económico y lo económico a lo financiero. Otra posibilidad es abordar la totalidad de lo real desde «la sociedad» o «el territorio».
Con «el ambiente» se corre el riesgo de caer en generalizaciones análogas. Mal actuaríamos si cayéramos prisioneros en la trampa de las jergas. Existen quienes piensan que un discurso ambientalista debe abarcar un listado cuasi infinito de temas y problemas, reunidos todos en una mágica apelación a «lo ambiental» puesta en un primer plano. Y esos discursos pueden involucrar temáticas muy variadas tales como una suerte de «cruzada» contra los transgénicos.
Por detrás de los discursos y las palabras están las cosas. Una política es un sistema coherente, sostenido, intencionado, de conceptos y acciones, que un actor (generalmente público) desarrolla con la intención de obtener ciertas metas u objetivos. La Intendencia Municipal de Montevideo tiene una política ambiental. Se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con ella, se podrá coincidir o no pero, en todo caso, para poder establecer una discusión razonable, se debe partir de los datos de la realidad.
2) La política ambiental en el departamento de Montevideo tiene un marco conceptual explícito.
Está contenido el Decreto No 25.657 aprobado por la Junta Departamental el 30 de julio de 1992 y en la Resolución No 134.240/93 conteniendo la reglamentación del mismo.
Si se considerara que son estos antecedentes distantes o remotos, debemos recordar que el ano pasado se desarrolló un amplio proceso de consulta, con el objetivo de la construcción de una «agenda ambiental Montevideo-2000″, proceso que culminó el 5 de junio de 2000 en la celebración de la Primera Asamblea Ambiental de Montevideo, en la cual se aprobó el texto de dicha agenda. Asimismo, se creó el Grupo Ambiental de Montevideo, con funciones de asesoría, evaluación y seguimiento de las propuestas de la agenda. El propio articulista, Eduardo Gudynas, tuvo la oportunidad de participar en forma destacada de esa instancia realizada el ano pasado, que aglutinó a diversos actores públicos (municipales y no municipales), comunitarios y privados, e integró el equipo interinstitucional de redacción de la agenda, cuyo texto fue publicado.
Ahora bien, no se trata solamente de referirse a normas jurídicas o textos. Es necesario traer a colación una práctica contundente: los planes de obras de saneamiento urbano ejecutados a lo largo de estos 11 anos de gobierno progresistas en Montevideo. Siempre me ha llamado la atención la separación que para algunos existe entre las obras de saneamiento que benefician a importantes barrios periféricos (y a la ciudad toda) y las acciones en materia ambiental.
Por cierto que no se trata de realizar un balance complaciente: en materia ambiental todo cuanto se hace no es suficiente, resta mucho por hacer en cantidad y en eficacia.
3) La responsabilidad del cuidado del ambiente es compartida por parte de un conjunto de actores, públicos y privados.
Por supuesto que la responsabilidad del sector público es principal, sobre todo si se trata de problemas que afectan a sectores sociales desprotegidos o constituyen, como es el caso, situaciones de emergencia.
Ocurre que a veces se reclama un protagonismo de carácter más mediático que realmente es superador de las situaciones ambientales deficitarias.
Si la activa participación de los actores políticos en situaciones de emergencia como la que se ha evidenciado en La Teja es una contribución a solucionar los problemas, bienvenida sea. Es necesaria para fortalecer las acciones que se emprenderán y defender mejor los intereses de la gente.
Debemos exigir el protagonismo y la acción de los organismos del Estado (central y municipal).
Pero también es necesaria –y se debe reclamar– la responsabilidad del sector privado, de los medios de comunicación, del sistema educativo, de un variado espectro de instituciones y personas –entre ellas las ONGs denominadas «ambientalistas»– no sólo en la instancia de la denuncia sino principalmente en la de la acción.
Frente a las emergencias o los dilemas, pueden asumirse variados comportamientos: uno de ellos, extremo, es reclamar, como la Reina de Corazones de Alice in Wonderland: «!!!que le corten la cabeza!!!»; otro, es bajar la pelota al piso y seguir trabajando, con la comunidad, procurando coordinar acciones con los diferentes organismos involucrados, en la instrumentación de soluciones concretas y reales para problemas que, es sabido, son extremadamente complejos.
Estoy convencido que una política progresista pone en primer plano el cuidado del ambiente y la salud de la gente. En estos conceptos coincido con Gudynas. No coincido con el articulista en su valoración –subjetiva e intencionada– en cuanto a que fue necesario la denuncia periodística para poner en acción a los servicios municipales. Esto no es cierto. Solidaridad y bien común, aspiraciones que compartimos, son el norte que guía una acción de gobierno, no siempre acertada, perfectible como todas, pero por sobre todo sensible a los problemas de las personas, responsable, progresista y de izquierda, mal que les pese a quienes posan de neutrales.
* Arquitecto, profesor universitario, asesor del intendente de Montevideo.
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