29 de noviembre de 1947: falsedades, errores y omisiones

Me veo obligado a escribir estas líneas para responder al «ex embajador palestino» en Argentina que, otra vez, repite en forma obsesiva sus deformados conocimientos sobre el tema. Para que los más jóvenes conozcan lo sucedido y no repitan eslogans ni propaganda basada en mentiras. La benevolencia de LA REPUBLICA le permite ocupar una página entera de la edición del sábado 5, la cual me recuerda al nazi Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler que afirmaba «di una mentira que algo quedará en la mente de quien escucha o lee» y agregaba «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad».

Es por esto que, en mi condición de uruguayo descendiente de judíos lituanos y profesor de historia que ha estudiado en profundidad el pasado de esa ensangrentada región, debo responder con la misma extensión, confirmando la cualidad de «plural» del diario que leo todos los días.

Se trata de una muy larga historia que intentaremos resumir en todo lo posible. Los hebreos (que luego se llamarían judíos, por Judea) eran pastores del desierto cuando aproximadamente hacia el 1250 a.e.c. penetraron en Canaan (nombre de la zona en ese entonces, sujeta a la influencia del Imperio egipcio). Sometieron a los cananeos y se fundieron con ellos formando un solo pueblo con el hebreo como lengua y los mandatos de Moisés como religión. Resolvieron el problema tribal como en otros lugares del mundo mediterráneo creando una monarquía nacional (Saúl, David y Salomón fueron los reyes).

Al morir este último ­elogiado por su sabiduría­ el reino se dividió: al norte se creó el estado de Israel y al sur el de Judea, que no pocas veces estuvieron en guerra.

Si bien la región era pobre, poseía un gran valor estratégico, pues fue el lugar de paso de todos los imperios de la antigüedad. Así asirios, babilonios, persas, greco­macedonios con Alejandro Magno y finalmente Roma la dominaron con el peso de su poder militar.

Los judíos soportaron la dominación extranjera mientras no se tocaran sus creencias religiosas, sus ritos y costumbres. Cuando Antíoco IV Epifanes intentó hacerlo se produjo la sublevación de los Macabeos antes de la era cristiana, y cuando Roma abusó de su poder, los judíos iniciaron la gran rebelión del año 66 que terminó con la destrucción de Jerusalem en el 70 y en la heroica defensa de Massada en el 73. Miles de judíos murieron en la guerra, miles fueron llevados como esclavos a Roma y miles se quedaron, especialmente en las cuatro «ciudades sagradas» (Jerusalem, Hebron, Safed y Tiberias) Otra importante sublevación judía tuvo que sofocar Roma hacia el 132­135 de la era cristiana.

Cuando Roma decayó, la región fue dominada por los bizantinos, por los persas y finalmente por los árabes musulmanes, que hasta entonces habían vivido en su tierra, la península arábiga, con sus desiertos y tribus. Fue en el siglo VII de la era cristiana, 600 años después del notable profeta judío Jesús de Nazaret y 1600 años después de que David convirtiera a Jerusalem en la capital de los judíos.

En el 1099 los cruzados ­señores feudales europeos­ recuperaron Jerusalem, matando a sus defensores que eran musulmanes y judíos mancomunados. No obstante, más tarde, volvieron los musulmanes que crearon grandes califatos con una brillante civilización que debe mucho a los persas y a la antigua sabiduría helénica. Durante su hegemonía no tuvieron en cuenta a este pequeño y pobre territorio. Los Omeyas de Damasco, los abasíes de Bagdad y el califato de Córdoba (en territorio ibérico) no se ocuparon mayormente de esta tierra árida y pantanosa, donde vivía una mayoría musulmana y una minoría tanto cristiana como judía.

En el 1517 los turcos derrotan a los árabes y ocupan la región. La «Tierra Santa» como la llamaban los cristianos, «Eretz Israel» como la llamaban los judíos, pasó a ser una provincia más en el Imperio Otomano. Pobre y cada vez más desolada. Así sucedió hasta 1917 (400 años de dominación turca) pues durante la I Guerra Mundial los turcos decidieron ser aliados del Reich alemán y al perder su imperio, las tierras se repartieron entre los vencedores Inglaterra y Francia. El país galo intentó quedarse con Siria y el Líbano mientras que el imperio inglés tendría un Mandato de la Sociedad de Naciones (antecedente de la ONU) sobre la llamada entonces Palestina (nombre derivado de los filisteos, pueblo de origen egeo que había dominado la costa y había luchado, sin éxito, contra los judíos).

Tomo un respiro y prosigo con el resumen. Enumeraré los errores, omisiones y falsedades del «ex embajador palestino» en Argentina. 1) Critica la decisión de la ONU del 29 de noviembre de 1947 dando por finalizado el Mandato británico y dividiendo el territorio en dos estados, uno judío y otro árabe, según un criterio demográfico. Sería para los judíos el territorio donde hubiese mayor concentración de población de esta etnia y el resto, de mayor concentración de población árabe (musulmanes, cristianos y drusos) sería para el estado árabe. Nadie hablaba de «palestinos» en ese momento.

La Agencia Judía, liderada por David Ben Gurión, aceptó ­con grandes discusiones internas­ la resolución que le devolvía al pueblo judío una parte de su antigua patria histórica. Los monarcas árabes de 1947, en cambio, se negaron a hacerlo, pues no sólo eran en su gran mayoría corruptos e ineptos sino que eran manejados por la diplomacia inglesa desde Londres. Los británicos que se abstuvieron en la votación de la ONU, habían dejado todo preparado para una guerra y pretendían volver a gobernar, con el pretexto de traer la paz a una región convulsionada.

En mayo de 1948 los británicos arriaron su pabellón y los judíos proclamaron su estado- de acuerdo con la ONU y con el voto conforme de Estados Unidos de Truman y de la URSS de Stalin ­dándole el nombre de Israel. Ben Gurión leyó la Declaración de Independencia en la que ofrecía una mano de paz a los árabes vecinos. Esa mano fue rechazada: casi de inmediato, aviones egipcios bombardearon Tel Aviv y se inició la primera de las guerras del flamante estado judío que debió enfrentar fuerzas muy superiores en número y armamento. Con gran sorpresa de todos, Israel no fue aniquilado. En 1949 se llegó a un armisticio, pues los reyes árabes no quisieron firmar una paz. Esto significaba que cada bando se quedaba donde estaba al cese de las hostilidades. Jerusalem quedó dividida: la parte sur, predominante judía, quedó en manos israelíes mientras el resto fue ocupado por Transjordania que luego se llamaría Jordania. Ni Egipto que se quedó con Gaza ni Transjordania que se quedó con parte de Jerusalem y con lo que hoy es llamada Cisjordania, intentaron crear un «estado palestino». Por el contrario en Gaza hubo ocupación militar egipcia y a los árabes de Cisjordania la monarquía les entregó documentos jordanos.

Por lo tanto la fecha del 29/11, para usar la denominación del que oculta la verdad, es una fecha histórica para el mundo en general y para los judíos en particular. Recordamos con orgullo la participación del batllista Enrique Rodríguez Fabregat en la Comisión de la ONU que visitó tanto a judíos como árabes y constató la oposición entre esos dos nacionalismo. Uruguay, presidido por Luis Batlle Berres, votó favorablemente la partición, que hacía justicia ­como dijo el embajador soviético Gromyco en un gran discurso­ al pueblo judío y permitía a los árabes tener a su vez un estado propio en la zona.

Si en 1947­48 los árabes hubiesen acatado la resolución de la ONU ­como lo repetí ya muchas veces­ hoy habría un estado árabe con 61 años de existencia, probablemente si no amigo de Israel, enlazado económicamente con el estado judío, pues el desarrollo económico y social de los pueblos no conoce fronteras.

2) El ex embajador trata de introducir en la mente de los desprevenidos lectores la idea de que el sionismo se «apoderó» de tierras árabes durante el siglo XX. Dice «los sionistas il
egalmente infiltrados en la Palestina ocupada por los británicos…» En realidad siempre vivieron judíos en la zona, aunque su número era pequeño. En el siglo XVI, para citar un ejemplo, judíos sefaradíes expulsados de España y sus descendientes encuentran el apoyo del Sultán turco para poblar la zona, creando en la vieja Safed un gran centro cabalístico. La zona de Tiberias fue habitada por judíos como recompensa por la ayuda de la familia marrana de los Mendes al imperio turco. Hacia 1882 se inicia la moderna colonización de judíos fugitivos de la persecución de la Rusia zarista, quienes compraron tierras a los ausentistas propietarios árabes radicados en Damasco o en Beirut. Desde 1904 otra oleada de judíos ­rusos, polacos, rumanos­ se instala en tierras adquiridas por compra y da origen a lo que sería un valorado intento de convivencia económico­social: el kibutz. Durante el dominio británico (1918­1948) la economía creció, la región se pobló, se desecaron pantanos, se plantaron árboles y el desierto empezó a florecer. Esto atrajo a cientos de trabajadores árabes de los países vecinos que encontraban ocupación y mejores condiciones de vida, conviviendo con los judíos. Fueron los bisabuelos o los abuelos de los árabes que luego serían llamados «palestinos».

3) He oído repetir que el estado de Israel es «una creación del imperialismo». Pero si recordamos que, en plena guerra fría, los Estados Unidos y la URSS en la ONU coincidieron en dar su apoyo a la partición del mandato británico, ¿de qué imperialismo estamos hablando? En cambio, estados como Transjordania (hoy Jordania) e Irak, sí fueron creaciones del imperialismo británico. El primero se formó cuando Churchill, lápiz en mano, tomó un mapa y señaló que a partir de ese momento se le entregaría todo el territorio al este del río Jordán a Abdullah (hijo de Hussein, rey de Arabia que había colaborado con los ingleses en la lucha contra el imperio turco) anulando de un plumazo los términos de la Declaración Balfour de 1917. La segunda creación imperial de su majestad Británica fue Irak, formado con un par de ex provincias turcas, ricas en petróleo, que fue gobernado por el rey Feisal (otro hijo de Hussein).

4) Llamar «terrorista» a la Haganá revela mucha mala fe. «Haganá» en hebreo significa «fuerza de defensa». Fue creada en 1920 para defenderse de los ataques que grupos árabes hacían a las colonias judías, sin que los británicos se molestaran en impedirlo. Esta fuerza, armada con armas ligeras y dirigida por el laborismo de Ben Gurión, siempre criticó el accionar violento de otros grupos judíos. La enemistad personal entre Ben Gurion y el derechista Menajem Beguin es recordada por todos. El incidente del barco «Altalena», para los que lo conocen, es fiel reflejo del desacuerdo existente entre ambas facciones judías. La Haganá siempre se dedicó a defender a la población judía y se enfrentó al imperio inglés sin practicar ningún acto de terrorismo. Sí podemos tildar de terrorismo el practicado por los árabes en 1929 cuando degollaron a toda la población judía de Hebrón. O el filo­nazismo del Mufti de Jerusalem, alta autoridad religiosa musulmana, pro­germano y antisemita, condecorado por Hitler.

5) No conozco las citas ­traducidas del inglés­ que maneja el ex embajador, pero sí lo he leído y escuchado lo suficiente a él como para afirmar con seguridad que han sido sacadas de su contexto, si en realidad existieron. El escriba se declara «víctima del 29/11 y refugiado desde 1948″. Sería interesante saber por qué sus «hermanos árabes» no permitieron la integración de la población civil árabe fugitiva de la guerra de 1948 en sus países, manteniéndolos en «campamentos de refugiados» en inhumanas condiciones y fomentando entre los más jóvenes el odio hacia Israel. En cambio, los israelíes absorbieron y dieron la ciudadanía a miles de judíos que antes vivían en los países árabes y debieron abandonar sus hogares y sus posesiones por la violencia que se ejerció sobre ellos después de 1949. Si él escribe como «víctima» yo escribo en nombre de mis familiares asesinados en un atentado terrorista de la OLP en Jerusalem, en julio de 1975.

Para finalizar, repito lo dicho y escrito en varias oportunidades. Soy partidario de la autodeterminación de los pueblos y estoy a favor de la paz y contra la guerra y el terrorismo. Matar a los «otros» no soluciona los problemas. Creo que debe existir un Estado palestino al lado de Israel, conviviendo en paz. Después de tanto sufrimiento y tanta sangre vertida, ambos pueblos merecen llevar una existencia libre de guerras y odios. No es con mentiras derivadas del fanatismo fundamentalista que se llegará a la paz. Depende de la lucidez de los dirigentes políticos de ambas partes y de la voluntad de los líderes mundiales que esto se haga realidad.

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