Hablemos de cargos y cargas
Se ha narrado por ahí una vieja anécdota de Don Luis Batlle Berres; verdad, historia o leyenda pero en el Uruguay la política es así, que seamos una fuerza superadora de cosas negativas de la política no quiere decir que no seamos continuadores de lo mejor que tiene la política: códigos, valores a exaltar y defender, responsabilidad y representatividad que no surge de la nada, sino precisamente del valor de las ideas y de la persona que los exhibe y los defiende, en el escaño del Parlamento, en la tribuna y en la calle. Introducidas estas palabras, rumbeo y voy pues a la anécdota.
«Don Luis le anuncia al portero está fulano». El susodicho portero no es cualquiera, goza de la confianza del líder, conoce a la gente, está en «la cocina». Don Luis pregunta: «¿cuántos votos tiene? 400, que lo atienda mi secretario, fulano».
Acto 2. «Don Luis: está mengano», la misma pregunta ¿cuántos votos tiene? 2.000, ¡ah! ¡A ese lo atiendo yo!
Verdad o imaginación, pero en política tener votos propios, junto a la idea, al programa, el candidato se despega entrando en la gente, canalizando simpatías, adhesión y apoyo, y, con impronta, genera expectativas personales (legítimas) e impersonales en su colectivo o en sus votantes que aspiran a que su candidato «vaya a más». No son caprichos, es una dinámica de la política: la gente vota y a la vez quiere encumbrarse, eso pasa en la política desde Alcibíades que le cortaba la cola al perro para llamar la atención de los atenienses. De paso sea dicho, son los inventores del «ostracismo» político.
Entonces es legítimo o no aspirar, no a «cargos» (la palabras está devaluada) hablemos en serio, hablemos de responsabilidad, que no es una cosa banal, es un desafío a tus capacidades para asumir, orientar, dirigir, gestionar. Y eso es lo que con justicia reclama el senador Rafael Michelini, electo por cuarta vez senador de la República, y nadie osaría en dudar que ese respaldo popular obedece a un reconocimiento, a una personalidad, a una trayectoria, a un claro y definido liderazgo de su sector político, el Nuevo Espacio, la Lista 99.000.
Algo no ha funcionado bien aquí, y hay que restaurar y reencontrar cauces de solución por la salud de todos. Entre otras cosas, cuando hay voluntad de resolver siempre se allanan obstáculos y se liman rispideces; máxime que hemos obtenido un formidable triunfo y lo que se trata es de aunar a todos y en las mejores condiciones para trabajar duro estos cinco años que tenemos por delante. Quien conoce a Rafael Michelini sabe que una constante esencial ha animado su actuación política: integridad, rebeldía, entrega y un sentido de practicar la política en grande, sumando y no restando. Para mejor emplear esas condiciones necesita espacios de compromisos y de realización para los cuales se siente apto y capaz.
Escribo pues con la pluma en la mano, esperanzado en que la búsqueda de salidas nos fortalezca a todos. Pero como no me «cocino» en el primer hervor y he presenciado, visto, sufrido y disfrutado derrotas estrepitosas y victorias imposibles, solo me quedaría refugiarme (cosa que me negaría mil veces) en el al decir de Massera iniciador de la ideología burguesa, Don Nicolás Maquiavelo «desde hace un tiempo a esta parte yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras que es difícil reconocerla».
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