Bobby no entiende qué nos pasó
Querido primo, aquí estamos Madelón y yo tratando de superar el bajón.
¿Qué le pasó a este país para que un terrorista andrajoso haya captado más votos que todos nosotros juntos, la gente bien de este país? Un país que nunca conoció más autoridad que la de los partidos históricos nacidos con la Patria, ahora resulta que rechaza a un hombre impoluto como Lacalle, de ilustre prosapia y de rancio abolengo, descendiente de lo mejor del patriciado, un doctor en leyes con el physique du rôle de un verdadero estadista.
Te juro que no lo entiendo. Como recordarás, yo en octubre preferí dar mi voto a Pedro, pero en noviembre ni lo dudé y metí en el sobre la fórmula nacionalista. Y no sólo porque Pedro mandó votar a Luis Alberto sino porque mi fibra blanca me hizo vibrar de emoción y pensé que teníamos la posibilidad de volver a ser gobierno. Fijate que desde Atanasio Aguirre sólo ganamos tres elecciones: en el 58, en el 62 y en el 89; aparte de eso, minga: dos veces Julio María y después el pobre Jorge. ¡Qué injusta es la gente!
Y lo peor, Julio, es que me hice ilusiones de que ganábamos. Sobre todo por la incorporación un poco tardía, es cierto de Manuel Flores Silva a la gran Cruzada Democrática, Tradicionalista y Cristiana. Cuando Manolo se presentó en televisión junto a Luis Alberto para anunciar públicamente su apoyo, te juro que me emocioné hasta las lágrimas y pensé, incauto de mí, que con todo su caudal electoral, el balotaje lo ganábamos al galope. Pero no; otra vez nos falló la Divina Providencia. Ya a esta altura estoy dudando de la bondad y la justicia de Dios, con eso te digo todo.
Tampoco entiendo cómo, con la estupenda campaña publicitaria que llevó adelante Penadés, no pudimos convencer a la gente. Una publicidad ingeniosa con eslóganes de lo más creativos, como aquello de que «está preparado el presidente o estamos preparados nosotros» o el del equilibrio en tus manos, o la gente emocionada con el discurso lacrimoso de Luis Alberto, o todas aquellas caras largas diciendo «yo no los voto» y el niño aterrado preguntando a su mamá si ella los iba a votar. Una maravilla publicitaria que la gente, embrutecida por cinco años de gobierno comunista, no logró captar. Para colmo de males, ahora se nos dio vuelta uno de los nuestros y salió diciendo que la propuesta tributaria de Lacalle estaba equivocada. ¡Teníamos un quinta columna y no lo sabíamos! Eso puede explicar el fracaso.
Ahora, hay algo que me aterra. Al margen del peligro que se cierne sobre nosotros, la gente que produce la riqueza, me aterra la imagen internacional del país. ¿Vos te imaginás a Mujica recibiendo al Príncipe de Gales o a la reina de Holanda? Yo no quiero ni pensar el trabajo que van a tener los intérpretes para traducir los dichos del presidente electo. Por ejemplo, ¿cómo se dice en inglés o en neerlandés «difícil que el chancho chifle»? Si nos visita Sarkozy, la cosa es diferente porque cualquiera sabe que Molière hace decir a muchos de sus personajes «difficile que le cochon siffle», pero te quiero ver para verter el profundo concepto que encierra la frase a idiomas sajones o germánicos.
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