No hay misterios en política
Hemos estado afirmando desde hace un par de años que la derecha uruguaya está tan fuera de la realidad que a partir de la restauración democrática se vio venir el triunfo del Frente Amplio y no reaccionó. También hemos afirmado nuestra convicción de que no se ha molestado en tratar de conocer cómo es, cómo funciona, cómo piensa el Frente Amplio.
Otro craso error: la primera ley es siempre conocer a fondo a quien tenemos enfrentado a nosotros, de no hacerlo, sería imposible planear una estrategia correcta. La práctica diaria nos ha demostrado que también en esta afirmación nos asistía la razón. El orgullo, el desprecio, el sentirse dueños del país les obnubiló el pensamiento.
En estos días han comenzado a surgir comentarios autocríticos sobre las causas de la nueva derrota de los partidos de la derecha uruguaya. Es así que hemos leído que, en general, las críticas apuntan a señalar errores cometidos por el equipo asesor del candidato a presidente y por él mismo. Sin duda que los cometieron, pero también sucedió lo mismo (aunque no tan groseros) del otro lado. Pero nadie ha siquiera intentado rebasar la superficialidad y ahondarse en las raíces del problema.
Existe una especie de negativa a intentar llegar a la esencia. Y ahí está la diferencia.
En el Frente Amplio se tiene muy claro el análisis de lo que necesita el país, de lo que necesita su gente, se ha estudiado, se ha analizado, se convive con la gente.
Desde los comités, las organizaciones sociales, el movimiento sindical y la propia diversidad de visiones que existen en el FA surgen continuamente ideas, propuestas, críticas que son el motor del funcionamiento, son la usina que permite al FA poder plantear y realizar aquellas inquietudes, necesidades y anhelos del ciudadano común.
Naturalmente que se critica a dichos estamentos desde la derecha y basta que se conozca alguna crítica, alguna propuesta diferente, o una oposición cerrada a alguna medida concreta, surge inmediatamente la conclusión de que el FA se está cayendo en pedazos, que es una bolsa de retazos, que están todos peleados, etc., etc., etc. ¿Cuál es el resultado de estas diferentes posturas frente a la realidad?, que la derecha se anquilosa, se refugia en posturas del siglo pasado, no hay renovación generacional y cuando la hay es con apellidos que son resistidos por los uruguayos. Por el otro lado, el Frente recibe desde muchos rincones del planeta elogios por lo que ha sido su gestión moderna, llegan inversiones como nunca al país, la gente continúa apoyando y siendo activa (aunque este es todo un capítulo que se debe revisar) y, para peor, ahora en base a un conocimiento mayor del interior del país, le viene disputatando a los partidos tradicionales un liderazgo que ellos pensaron que era eterno.
En estos momentos en que comienza a caerles la ficha de lo que se avecina en las departamentales de mayo, parece que el baldazo de agua fría que cayó sobre el Partido Nacional en particular aún no le ha permitido reaccionar. No será fácil impedir el avance de las adhesiones al Frente Amplio en el Interior porque en esta administración se lo priorizó, pero no pensando en las elecciones sino como una concepción de país. El pensamiento artiguista, federalista ( ya no es posible concretarlo), descentralizador forma parte de la concepción frenteamplista de país y por eso se fomentaron las inversiones productivas fuera de Montevideo, se fortaleció el Congreso de Intendentes, se comenzó con el Plan Ceiba, UTE y Antel se concentraron en el interior del país; en fin, son un sinnúmero de medidas que se han tomado, sin olvidar el apoyo a pequeños y medianos productores, aquellos que el ex ministro Aguirrezabala y el inefable presidente Jorge Batlle habían laudado que no eran dignos de apoyo por no tener una rentabilidad apropiada ni tampoco la ley de ocho horas de trabajo para los trabajadores rurales.
Cuando el hoy presidente hablaba de tomar medidas para que la gente no se viniera a la ciudad, no lo decía en vano, cuando decidió fortalecer e impulsar al sector lechero, no está afirmando «bolazos», cuando concretó tantos tajamares en tierras de medianos y pequeños productores no está apoyando la utopía. Hoy esa gente lo reconoce, lo respeta y le responde con su apoyo incondicional.
La moraleja es muy simple: si decides apuntalar políticas para los más poderosos, serán estos quienes te voten, y, si decides llevar adelante políticas para satisfacer las necesidades de las mayorías, estas no te abandonarán. No hay misterios.
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