Cambios previsibles y acuerdos
Al cabo de una campaña que todos coinciden en calificar de sucia, el cuerpo electoral uruguayo decidió confiarle la conducción del país a la izquierda por otros cinco años: el Frente Amplio continuará al frente del Poder Ejecutivo con mayoría en el Legislativo.
Sin duda los grandes lineamientos de la izquierda se mantendrán en plena vigencia, al tiempo que los cambios progresistas iniciados durante la administración del doctor Vázquez continuarán profundizándose. Pensamos en las políticas sociales de asistencia a los más necesitados, en el acento puesto en la educación, en el Plan Ceibal, en la política laboral, en la seguridad social, en el SNIS, etcétera.
Sin embargo, es perfectamente previsible que el país proceda a un ligero cambio de rumbo en lo que tiene que ver con la inserción regional y con sus relaciones internacionales fuera del Mercosur. En ese sentido, hay muchas más probabilidades de que se supere el conflicto con Argentina por la instalación de una fábrica de celulosa a orillas del río Uruguay. Decimos esto porque, más allá del manejo que hizo Tabaré Vázquez del problema, enfrentando la intransigencia de Néstor Kirchner, parece obvio a todas luces que Mujica tiene una relación más fluida con el gobierno del país limítrofe; y, sobre todo, se ha ocupado de exhibir una postura más amigable ya que no se siente condicionado por las rispideces generadas entre ambos gobiernos. No queremos decir que Vázquez se haya comportado con rigidez, pues entendemos que su postura y sus actitudes en el conflicto fueron la única respuesta plausible ante la intransigencia argentina. Mujica, en cambio, asumirá el gobierno con mayor independencia, lo que le permite manejar el problema con mejor margen de maniobra.
Es probable, asimismo, que se fortalezcan los lazos con Brasil; el propio Mujica no ha ocultado su intención de estrechar las relaciones con el gobierno de Lula ni su percepción más que favorable del presidente brasileño. Resta saber, siempre dentro del ámbito de las relaciones internacionales, cómo se planteará el vínculo con Venezuela; el gobierno de Hugo Chávez ha venido radicalizándose en su postura antiimperialista y, consecuentemente, de acercamiento con gobiernos hostiles a Estados Unidos. Sin abdicar de sus convicciones ni renunciar a su tradicional antiimperialismo, Pepe Mujica se muestra más cauto y más dispuesto al diálogo que Chávez, incluso frente a la potencia imperial.
Si ahora pasamos al ámbito interno, tengamos en cuenta que ya a partir de la noche del domingo hay señales claras que permiten esperar una recomposición de la relación del Frente Amplio con los partidos tradicionales; sobre todo, que puedan superarse los enconos y soslayarse los insultos y ofensas recibidas de parte del Partido Nacional. Por más que el doctor Lacalle haya resultado vencedor en las internas partidarias y que su sector sea mayoría en el Honorable Directorio, las figuras más representativas de Alianza Nacional, y pensamos concretamente en el doctor Eber da Rosa, pueden estar dispuestas a tender puentes y a transitarlos; el ex intendente de Tacuarembó ha exhibido siempre una actitud moderada, respetuosa y amigable con sus pares del Senado.
El prestigio del doctor Lacalle se ha visto deteriorado en la interna nacionalista, lo que traerá aparejado un cierto debilitamiento de su autoridad; ello hace suponer que puede haber no pocos dirigentes blancos dispuestos a conversar y a acordar con el gobierno frentista.
Por otra parte, el programa frentista recoge la mejor tradición del batllismo socialdemócrata así como los postulados del wilsonismo. El propio Mujica ha reconocido que el famoso programa wilsonista de 1971, «Nuestro compromiso con usted», es más radical, incluso, que las medidas y los cambios llevados adelante por el gobierno actual.
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