Consensos políticos

El planteo del candidato presidencial José Mujica ­reiterado ahora en su calidad de presidente electo- de buscar consensos con el resto del espectro político, al menos en grandes temas como seguridad pública, educación, medio ambiente y energía para conformar políticas de Estado, repercutió favorablemente en amplios sectores de la sociedad civil.

La generación de acuerdos en estas materias no nace de una actitud de generosidad política sino que deriva de una necesidad impuesta por la realidad.

Esto se debe a dos razones.

Por una parte, cualesquiera que fueren las soluciones de fondo en las áreas mencionadas, en todo caso demandarían un enorme esfuerzo y un largo plazo de maduración en virtud de lo cual ­lo dijo el propio Mujica­ estas soluciones habrían de desarrollarse a lo largo de varias administraciones de gobierno.

En consecuencia, convendría comprometer en el esfuerzo a la mayor parte del espectro político ­si no se puede lograr su unanimidad­ porque si se produce una rotación de partidos en el poder, estaría asegurada una continuidad en el rumbo trazado desde el inicio, dado que la nueva administración ya estaría involucrada desde antes en el proyecto.

En resumen, se trataría de una visión a largo plazo, que comprometa, de la mano del sistema político, al conjunto de la sociedad.

Además, los temas planteados están entrelazados con otra amplia gama de aspectos propios de otras áreas, como sería el caso de la política macroeconómica, la política exterior, etcétera.

Por otra parte, estas soluciones implicarían altos costos políticos, los cuales, si son producto de un amplio consenso, habrían de distribuirse entre los diferentes partidos participantes.

Tomemos un ejemplo relativo a la educación pública, quizás el más acuciante de los cuatro grandes temas propuestos; entre otras razones, porque condiciona los tres restantes. Con motivo de conmemorarse un año de la elección que lo llevó a la presidencia, Obama se dirigió a los estadounidenses desde un liceo público de Madison, la capital de Wisconsin.

Quiso que el ámbito en el que iba a expresarse fuera un centro de enseñanza, lo que demuestra la prioridad de la educación pública en su programa de gobierno. Efectivamente, en tan significativa oportunidad dedicó íntegramente su discurso a los problemas de la educación pública, enfatizando lo que considera el centro neurálgico que a su juicio es el nivel de los docentes: ­»No habrá excusas para la mediocridad», dijo, para agregar a continuación que deberían aumentarse los salarios de los docentes más capacitados y, en cambio, habría que despedir a quienes estuvieran por debajo de un standard mínimo. Esto instala el tema de la evaluación de la gestión del docente como pivot para la mejora de la enseñanza. Reitero: lo dijo Obama, no lo digo yo.

Se trata de un ejemplo tomado casi al azar, por lo que no nos internamos en el análisis del discurso presidencial, pero nos permite entrever las dificultades y desafíos que habría que enfrentar si efectivamente se pretenden soluciones de fondo. Lo mismo cabe en relación a los problemas energéticos, ambientales y de seguridad pública.

El sentido común, entonces, permite suponer que la forma de lograr estos acuerdos es por la vía del acercamiento entre las distintas concepciones, sin espíritu intransigente sino, por el contrario, haciendo recíprocas concesiones hasta encontrar los aspectos en los cuales los interlocutores estén de acuerdo. En ese punto, simplemente se valorará si lo acordado vale la pena el esfuerzo de seguir adelante.

Insisto en que lo que está en discusión es la fabricación de consensos en algunos temas que requieren políticas de Estado para elaborar una visión de largo plazo que pueda llevarse a la práctica.

En ese contexto, me tomaron por sorpresa ­por la imagen que tenía de él en el Parlamento­ declaraciones de un diputado de Asamblea Uruguay, quien la semana pasada, a propósito del planteo de Mujica, contestó que se trata de un acto de generosidad y no de necesidad, dado que el Frente Amplio ya había logrado la mayoría absoluta en el Parlamento. En tal caso (eso corre por mi cuenta) se deduce que la manera de lograr consensos temáticos es aceptando sin más las propuestas del futuro gobierno: ¡Si es un acto de generosidad!

No es lo que entendí escuchando al presidente electo, pero si esa es la postura que habrá de prevalecer, me temo que el sendero de los consensos políticos tendrá un trayecto corto. Pensando en lo que hay que hacer con seriedad en materia de educación, medio ambiente, energía y seguridad pública, francamente lo lamentaría.

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