Cinco razones para un triunfo
La obtención de un segundo gobierno del Frente Amplio, con una votación histórica, convirtiéndose en la primera fuerza de izquierda del continente que logra un segundo mandato sin reelección es un hecho de enorme magnitud. Por lo tanto, rescatar qué es lo que lo permitió es una tarea política clave.
Lo es también porque el balance de los grandes hechos históricos es un terreno de batalla política, de disputa de ideas; ningún balance es ingenuo. La derecha ya está haciendo el suyo y utiliza para ello su poderoso y casi intocado arsenal mediático.
En la campaña electoral que determinó el triunfo de la fórmula que componen José Mujica y Danilo Astori pesaron varios elementos.
Un primer factor de triunfo, y en esto hay unanimidad entre tirios y troyanos, fue la gestión de gobierno del Frente Amplio encabezado por Tabaré Vázquez. En sus dos dimensiones: el enorme peso de Tabaré Vázquez en tanto líder político y la gestión de gobierno en sí.
Mujica dijo la noche de la elección: «la mejor agencia de publicidad que tuvimos fue el gobierno de Tabaré». Sabía exactamente lo que estaba diciendo. Y no se trata solamente de la popularidad y la estatura política de Tabaré Vázquez, que es mucha; se trata de los cambios sustantivos y concretos en la vida de la gente que la mayoría de los uruguayos vive y valora. Eso vale mucho más que cualquier campaña ingeniosa.
Cuando se habla de gestión de gobierno hay que incorporar también lo hecho en las 8 intendencias frenteamplistas. Ricardo Ehrlich, Marcos Carámbula, Julio Pintos, Ramón Fonticiela, Oscar de los Santos, Carlos Giachetto, Artigas Barrios y Gerardo Amaral; ellos y su gestión también tienen mucho que ver en este triunfo.
Un segundo factor fue, sin duda, y a pesar de los ataques, José «Pepe» Mujica, que demostró ser un muy buen candidato, con una capacidad extraordinaria para comunicarse y representar a un sector enorme de la población.
Un tercer factor lo constituyó la fórmula presidencial del FA. Contra todos los augurios Mujica y Astori formaron un equipo formidable. Establecieron una muy buena sintonía, que no se puede fingir, y que se transmitió hacia la gente. Pocas veces en una campaña electoral una fórmula presidencial fue tan exactamente eso: un equipo de dos.
Un cuarto factor fue la propuesta, fundamentada y atractiva realizada por el FA para un segundo gobierno. A pesar de todas las escaramuzas, campañas canallas y golpes bajos de la derecha; la izquierda fue la única fuerza política que presentó una propuesta coherente con perspectiva, sobre la totalidad de los temas del país. Desde la oposición no hubo respuesta en este terreno. La derecha en esta campaña no tuvo una propuesta global alternativa. Eso también se notó pese al circo mediático con otros ejes.
Un quinto factor fue la capacidad de movilización popular del FA. Esta capacidad se reflejó en que la calle, a lo largo y ancho del país, fue claramente frenteamplista. La derecha tampoco tuvo respuesta en ese terreno. El FA adormecido en su capacidad movilizadora explotó en esta campaña. Contribuyeron a ello la capacidad de convocatoria de Mujica y Astori, especialmente del primero y esfuerzos realizados desde la estructura del FA, que ciertamente tiene que cambiar pero sigue siendo la principal estructura partidaria del país.
Pero hubo un elemento nuevo. La enorme capacidad demostrada por los militantes frenteamplistas, sobre todo por los jóvenes, para encontrar nuevas formas de expresarse y participar. Las redes frenteamplistas, en solitario o coordinando con partes de la estructura del FA o con toda, lograron un nivel de movilización inédito.
No hay campaña de izquierda sin gente movilizada. Al decir de un dirigente frenteamplista, en esta campaña el FA se pareció mucho más a lo que debe ser que a lo que todavía es.
Hay muchas razones más pero estas cinco son claves. Por eso hay que enfrentar a las lecturas que atribuyen la votación a los errores de campaña de la derecha.
No es cierto. El FA, la izquierda uruguaya, ganó por méritos propios y sobrados.
Compartí tu opinión con toda la comunidad