Cuando veas las barbas de tu vecino arder…

León Lev

 

Argentina sufrió un golpe de los mercados.

El ajustazo planteado por el ex ministro de Economía López Murphy refleja la visión de los dueños del poder. El nuevo ministro Cavallo es una incógnita y por sus antecedentes genera severa desconfianza en amplios sectores sociales.

Sin eufemismo debemos decir que cuando se habla de «la opinión de los mercados» se refiere a la visión del gran capital financiero especulador, del núcleo dorado de la oligarquía que para mantener su poder y las cuentas equilibradas, no trepida en recortar las partidas sociales o en el despido masivo de funcionarios públicos y de la educación.

Por supuesto que también los funcionarios del FMI están contentos porque las cuentas van a cerrar, los compromisos de la deuda externa se van a cumplir, aun a costa que millones de ciudadanos van a sufrir sus consecuencias.

Los dueños del poder tienen preparados sus equipos de trabajo, sus fundaciones, sus think tank, tanques de ideas, para ponerlos a disposición de gobiernos en aprietos y con la anuencia «de los mercados» dar estabilidad a la situación.

Así actúan en democracia como en dictadura.

No por casualidad hombres como Cavallo, Vegh Villegas y otros, se mueven como pez en el agua aun en situaciones cambiantes.

Machinea, el anterior ministro, debió ser cambiado para «evitar un golpe de los mercados» o ataque especulativo; ahora se pone un nuevo ministro, liberal heterodoxo, que satisface a los mercados. Las cuentas en orden, mantener la convertibilidad, aun en detrimento de la producción, el empleo y la educación.

Siempre el ajuste se hace hacia los estratos inferiores y medios, como en el ciclismo haciendo la bicicleta, pedaleo fuerte hacia abajo, livianito hacia arriba.

Esta imposición de ajuste neoliberal generó una crisis política que en la practica significa la atomización de la Alianza y un giro a la derecha con nuevos alineamientos políticos en el futuro próximo.

 

Pongamos las barbas en remojo

Ahora veamos qué pasa en nuestro país. Hoy existe una dura pugna político-social.

Además de la «herencia» que el gobierno Sanguinetti le dejó a la actual administración, con un déficit fiscal del 4% del PBI, 800 millones de dólares, se suma un difícil entorno internacional: recesión en EEUU y Japón, crisis de la aftosa en Gran Bretaña y en Europa que generará una baja en los mercados cárnicos, dificultad de acceso a los mercados de capitales con nueva suba en sus costos, encarecimiento de nuestras producciones para poder exportar a mercados que mantienen una política de ajuste permanente de sus monedas para asegurar su competitividad exportadora.

La inestabilidad política en Argentina ha llevado a un alza en la colocación de sus productos financieros, a casi un 15% en dólares, lo que afectará la colocación de nuestros bonos.

Habrá fuga de capitales argentinos hacia nuestro sistema financiero, pero el sector productivo nacional se verá afectado en la restricción de su capacidad exportadora por menor demanda argentina.

En esta coyuntura, el capital financiero presiona para que aquí también se estabilicen las cuentas bajando salarios y pasividades, reduciendo las partidas de la Enseñanza Pública, que generen un shock de confianza en «los mercados» para atraer inversiones y aumentar la productividad.

Las baterías del establishment apuntan sus cañones para alinear al Uruguay en la ortodoxia monetarista.

Los mismos que hicieron fortunas bajo la dictadura y hoy las usufructúan en democracia.

Los que un día negocian la deuda externa del país desde el mostrador de la banca privada extranjera y al otro día renegocian desde el mostrador gubernamental beneficiándose directamente.

Los mismos que fundieron bancos y hoy son grandes empresarios, socializando las pérdidas y privatizando las ganancias.

Los mismos que le vendieron al Estado las carteras podridas que significaron para la ciudadanía cientos de millones de dólares de impuestos.

Los mismos que se prendieron al Estado para hacer pingües ganancias sin necesidad de hacer inversiones con capital de riesgo.

Los que hicieron de las empresas públicas coto privado para sus propios negocios y de sus amigos, en lugar de la administración de los bienes públicos hacia la pública felicidad.

Los que mantienen la prédica constante de privatizar todas las empresas públicas.

La situación nos exige actuar con mucha sensatez.

Movilicemos las reservas morales de la sociedad uruguaya, pero también una acción política amplia que permita bloquear los objetivos del gran capital financiero y de las fuerzas más negativas.

Junto a una estrategia de cambio y de acumulación de fuerzas, busquemos acuerdos puntuales que impidan polarizar la situación y le asignen mayor dinámica al juego político.

Todo simplismo es nocivo, lo único que logrará es aislarnos y facilitar los objetivos de los dueños del poder. No apostemos a la confrontación de bloques sino al análisis concreto de la situación concreta, que impulse junto a una visión de mediano aliento, alianzas específicas.

El imperativo de la hora es unir las fuerzas del trabajo, la producción, la seguridad social y la educación en torno a una plataforma común de ancha base democrática.

La tesis de la inmunidad de los ministros luego del ejercicio de sus funciones, aún demostrados actos lesivos para la honestidad administrativa o el uso incorrecto de los dineros públicos, profundizan la desconfianza de la gente hacia el sistema político y nos golpea a todos.

Tiempos difíciles se avecinan, por tanto firmeza y amplitud deben ir de la mano.

La sabiduría popular recomienda, cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo.

Estamos a tiempo.

* Dirigente de Alianza Progresista

 

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