Sanguinetti ha desafinado
Tuvo el cielo muy cerca de sus manos, cuando fue electo Presidente de la República a la salida democrática. Fue electo dos veces como Presidente del Uruguay. Supo prestigiarse en el exterior del país, por su reconocida cultura y por haberse acercado a dirigentes políticos de la magnitud del socialdemócrata Felipe González. A diferencia de este último, cuando le tocó vivir en el llano, no tuvo la capacidad de no entrometerse en la cotidianeidad de su partido.
Hablamos del doctor Julio María Sanguinetti, a quien podríamos definir como un político democrático y conservador que con el transcurrir del tiempo es cada vez menos democrático, en tanto deja atrás lo conservador y se va mimetizando con la derecha expresada en el diario «El País» y «Búsqueda». Por eso hoy está más cerca del derechista español José María Aznar.
Ayer nos enteramos de que Sanguinetti, utilizando el prestigio que le dio la ciudadanía uruguaya al haberlo designado dos veces al frente del poder Ejecutivo, aprovechó una consulta periodística de un diario brasileño para sostener que José Mujica no es un demócrata «convicto» y que puede afectar la calidad democrática del país, porque el nuevo presidente de la República «no ofrece garantías sobre un gobierno democrático». Añadiendo que «Mujica no es un hombre claro en cuanto a sus convicciones democráticas. Habla con desprecio de la Constitución, de la Justicia… Por alguna razón fue guerrillero y estuvo tantos años preso», afirmó.
Esta actitud, por cierto, contrasta con la que sostuvo el doctor Luis Alberto Lacalle en la noche de su propia derrota cuando dijo ante sus correligionarios: «Mujica será nuestro presidente y esto tenemos que razonarlo y aceptarlo». Sosteniendo, además, «que hayamos votado en mitades diferentes no quiere decir que seamos dos países, somos un mismo país».
Con un similar talante se mostró José Mujica en la noche de su propio triunfo: «Son hermanos de nuestra sangre (quienes no votaron al Frente Amplio), por eso ni vencidos ni vencedores, apenas elegimos un gobierno que no es dueño de la verdad y que los precisa a todos».
Estamos, entonces, ante dos actitudes absolutamente opuestas. Por un lado el republicanismo de Mujica y Lacalle y por el otro lado la intransigencia, el fundamentalismo y el desprecio por el diferente, todas cualidades que han sido absorbidas por Sanguinetti en forma creciente, a medida que van pasando los años.
El ex presidente ha desafinado otra vez. No sólo ha desafinado para con la democracia, sino que ha desafinado para la familia ideológica que él promueve con la intención de crear un gran bloque contra la izquierda y el progresismo. Pero ha desafinado también con esta nueva primavera que está viviendo nuestra democracia.
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