Paraguay, Honduras, Nicaragua, parte de una ofensiva golpista

Las declaraciones realizadas por el senador liberal paraguayo Alfredo Jaeggli llamando a sacar a Lugo de la presidencia no dejan dudas sobre lo que se está organizando en Paraguay. Sumemos a esto la visita de Van Baalen (diputado holandés), secretario de la Internacional Liberal, quien en estos momentos está de visita en los países centroamericanos, y con todo descaro llama a desestabilizar a Ortega en Nicaragua y pide el apoyo a las fraudulentas elecciones Hondureñas.

Sigamos sumando, el conflicto entre Venezuela y Colombia, las bases militares instaladas en este último, el pronunciamiento de Panamá planteando que también respetará el resultado de las fraudulentas elecciones Hondureñas, la canallada de los gringos que se sacan la careta desvergonzadamente y también apoyan las elecciones, por si a alguien le quedaban dudas sobre su rol en el golpe de Michelleti.

Esta ofensiva, en la que podríamos seguir enumerando situaciones, objetivamente demuestra que se viene desatando con mayor virulencia la ofensiva imperialista contra los países de la región.

Lamentablemente varios analistas políticos creyeron que la asunción de Obama cambiaría al imperio y su política, olvidándose que si bien cuando asume como presidente cambia todo el gabinete de Bush, menos un ministro, y fue el de Defensa.

Obama no es nada más que una necesidad de cambiar la cara al imperio, pero ello es inviable en una situación de bancarrota financiera como la actual, en la que nuevamente se ponen los ojos sobre nuestro continente.

El Nobel de la Paz recientemente nombrado aumentó el presupuesto militar en un 13% más que la era de su antecesor.

Esta ofensiva es parte de un plan de acción que comienza a desenmascararse con el golpe en Honduras, pero en realidad en absolutamente todos los países operan apoyando a las burguesías nativas como lo hacen en Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador a los efectos de dos temas centrales.

Por un lado desestabilizar a los llamados gobiernos progresistas, pero por otra parte, y fundamentalmente, nadie más que el imperio sabe que la profundidad de la crisis es terrible y generará luchas de los pueblos contra la miseria.

Creer que Obama era distinto y que con él venía «el cambio» era una ilusión totalmente inviable.

Sin embargo, llama la atención la parálisis total del continente frente a esta situación, pareciese que realmente algunos se han creído la historia de los imperialistas buenos o el capitalismo humanizado.

Las organizaciones sociales, los sindicatos, las organizaciones campesinas, los partidos que se reclaman de izquierda o democráticos deben fortalecer la solidaridad internacional hoy más que nunca.

La situación es de por sí muy delicada y dependerá, en gran medida, de una respuesta masiva del conjunto de las fuerzas sociales del continente el poder pararla.

Para ello, es fundamental tener una correcta caracterización de la etapa que se vive y de los peligros que nos sobrevuelan.

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