La Teletón, tuya, nuestra, de todos

Cada año asistimos a la invitación de la Dirección de la Fundación, a la rendición de cuentas y los proyectos a futuro. Es en el Prado, un rincón del espacio público municipal cedido a esa institución para instalar su sede, lugar al que antiguamente se denominaba «las chacras del Miguelete». Lugar hermoso, y más hermosa es la denodada tarea de la rehabilitación infantil que esta fundación, y otras similares, realiza con dedicación y esmero, las más de las veces en las sombras del anonimato, en sociedades donde el decaimiento de los valores del altruismo y la solidaridad, lejos de crecer, disminuyen. Afortunadamente el pueblo uruguayo lucha por no decaer en lo que siempre fue un rasgo distintivo de los orientales. Las tradiciones de: «dar una mano», «hacer una gauchada», sinónimos ellos de solidaridad, fraternidad, estilos de brindar y brindarse, demostrativos de valores que exaltan cualidades de un pueblo y su gente.

La humanidad, en su larga marcha hacia la civilización y sus formas superiores de convivencia, siempre ha generado epopeyas colectivas y hazañas individuales sublimes, que fueron y son ejemplo de la grandiosidad del ser humano pese a sus limitaciones y sus fallas particulares.

El Éxodo del pueblo oriental, tras su prócer y líder, marcó una identidad de heroísmo, desprendimiento y entrega, coraje, sangre, sudor y lágrimas acuñaron valores y un don de gentes de los cuales nos sentimos herederos y modestamente continuadores.

Ver como una obra solidaria empieza en 2003 recaudando 14 millones de pesos y el año pasado recaudó 43 millones, y un 64% proviene del aporte popular y el restante de empresas y donantes, son cifras llamativas, del interés y de la mano amiga del pueblo que siente la necesidad de ayudar y apoya. Sí, además de un cuerpo técnico y de 20 auxiliares hay 100 personas que realizan actividades de voluntariado, ahí está el otro lado del corazón. Bondadoso, generoso, solidario en una tarea compleja, difícil, pero muy difícil, ya que se trata de tareas, no de habilitación, sino de rehabilitación de criaturas con situaciones complejas.

Es el renacer del alma humana al servicio de las mejores causas, ese espíritu mueve montañas y está ahí, lo palpamos, lo tocamos, lo vivimos. Y lo último (más allá del exitoso balance, de la nueva sede en el interior del país, en Fray Bentos, la decisión del Ministerio de Economía y Finanzas de enviar un proyecto de ley al Parlamento de ciertas exoneraciones impositivas con empresas que concierten acuerdos de asistencia con la fundación) fue el extraordinario trabajo del sector de ingeniería y mecánica de la institución, ligados al LATU para dispensarles a los niños y niñas discapacitados el acceso al manejo de las computadoras del Plan Ceibal, algunos con los muñones por no disponer de manos, y otros con el movimiento de la cabeza actúan sobre el mouse y logran que los reflejos del cerebro, aún intactos, descubran las imágenes en la pantalla de la computadora. Emocionante y enaltecedor, ver como la técnica tenaz y paciente los ayuda a sentirse protagonistas, iguales a otros niños.

Sí, fue una mañana fructífera, eso sí: dura, pero reconfortante, porque aún el tiempo da buenos criollos y criollas.

Salud! Y que el 11 y 12 de diciembre se rompan las barreras de los 43 millones.

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