Auditorio Nacional Adela Reta

Pocas horas antes del sepelio de Adela Reta recibí un llamado telefónico de Luis Hierro para decirme que se había acordado que en el Cementerio Central el suscrito hiciera uso de la palabra en nombre del Partido Colorado. Allí se había congregado un gentío que, sin estridencias, daba rienda suelta a un sentimiento de pesar colectivo, no por silencioso menos expresivo.

Embargado por la emoción, me resultaba muy dificultoso hilvanar algunos conceptos para cumplir, aunque fuera de manera mínimamente decorosa, con el alto honor que se me había conferido. En eso estaba, cuando oigo una voz que susurra a mis espaldas: «Proponga que al nuevo Sodre se le ponga el nombre de Adela Reta». No vacilé en aceptar la sugerencia. Por tanto, en puridad la propuesta fue de alguien que hasta el día de hoy no sé quién es. Me siento obligado a formular la salvedad porque esto no podía saberlo la prensa que entonces difundió la idea.

Uno o dos años después, con motivo del Día Internacional de la Mujer, un grupo de legisladoras presentó un proyecto de ley para que el nuevo edificio lleve el nombre de «Adela Reta». Esto fue aprobado por la unanimidad del espectro político.

Vayamos entonces al comienzo de la historia.

Cuando la reinstitucionalización democrática, y siendo entonces Adela Reta la Ministra de Educación y Cultura, fue decisión del doctor Sanguinetti la construcción de un edificio destinado a las artes. Más que un moderno estudio auditorio, la aspiración era crear un Centro Cultural en el más amplio y moderno sentido de la palabra, testimonio de una nueva era del cambio en paz, en la cual se habían embarcado los uruguayos, y símbolo del rol que la cultura debe desempeñar en democracia.

Desde el primer momento, se plantearon problemas. Para empezar, hubo una ardua discusión sobre la ubicación. Por un lado, estaban quienes entendían que el nuevo edificio debía erigirse en el mismo emplazamiento del viejo Estudio Auditorio devorado por las llamas en 1971, y por otro lado, quienes se inclinaban por otro predio, a su juicio más apropiado. Finalmente prevaleció la postura de hacerlo en el mismo lugar cargado de tanta historia, cuna de tantas jornadas memorables en la historia del arte nacional. Por lo demás, nunca se había encarado en el Uruguay la construcción de un edificio de tales características. Ya desde el arranque los problemas arreciaron. La confección de las bases del llamado a concurso para el proyecto de la obra y la elección del mismo, la licitación para la construcción de la obra, la confección del contrato con la empresa beneficiaria, fueron objeto de toda clase de dificultades. Ni hablar de los complejos aspectos económicos ­para cuya solución se contó con la colaboración del equipo económico (sin mencionar las limitaciones presupuestales)­, y del sinfín de aspectos técnicos derivados de las nuevas tecnologías aplicables a este tipo de construcción. Este proceso insumió varios años hasta que se llegó a aquel atardecer, hace poco menos de dos décadas, cuando se puso la piedra fundamental. Aquel sencillo acto marcaba la culminación de una primera etapa que tenía la impronta de Adela Reta. Si bien no fue la única que se comprometió en este esfuerzo, fue quien impulsó sin desmayos lo que hasta entonces se pudo hacer. «¡No tengan dudas ­exclamó al agradecer una demostración de la cual fue objeto al cumplir 75 años­, que el Uruguay va a tener el nuevo Sodre!»

Por entonces era la presidenta del Sodre, cargo que había aceptado con la ilusión de poder concluir la obra. Se registraron importantes adelantos, pero cuando dejó el cargo, la obra no se había terminado, y unos meses después falleció.

Este mes concurrí a sendos eventos en el imponente «Walt Disney Concert Hall» de Los Angeles y también en el más moderno aun «Adrienne Arsht Center para las Artes» de Miami. Me atrevo a asegurar que el nuevo Auditorio Nacional, quizás con otras dimensiones, está a la par de lo más avanzado en la materia.

La historia no termina. Por el contrario. Como expresara el Presidente de la República en su discurso inaugural, comienza una nueva etapa ­en la cual, dicho sea de paso, la sociedad civil debería desempeñar un papel de primera línea­ destinada a llenar este majestuoso edificio de cultura y de gente.

Durante la ceremonia, paseaba mi vista alrededor del paisaje. Sentía que cada metro cuadrado estaba impregnado por el corazón de quien, si hay un más allá, estaría acompañándonos con sus bendiciones laicas. Asistíamos a la inauguración del Auditorio Nacional, de hoy en más referente cultural obligado del país y quizás de la región, que lleva el nombre de Adela Reta, nuestra hermana mayor, la mejor de entre nosotros.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje