La situación argentina: advertencia sobre el autoritarismo latente

En una larga nota publicada en el matutino Página/12 del 21 de marzo, el destacado analista argentino Guillermo O’Donell realiza una reflexión crítica sobre la situación de su país.

La nota tiene la virtud de intentar un examen de la coyuntura política y económica de ese país tomando cierta distancia en el tiempo y trazando ilustrativas comparaciones con el desarrollo contemporáneo de otros países con niveles de desarrollo o bien similares o muy distintos.

Se podría decir que el aporte de O’Donnell tiene un interés que va más allá de la coyuntura política y económica de su país: al analizar la lógica con que se mueve –y destruye– el capital financiero de naturaleza crecientemente especulativa, el académico argentino brinda elementos de caracterización que tienen validez también para el examen de otras realidades latinoamericanas.

Empecemos por decir que al profesor O’Donnell, autor de un texto clásico en el análisis de las dictaduras latinoamericanas «El Estado burocrático autoritario», le preocupan temas políticos esenciales, como ser el de la libertad y el de la democracia.

Percibe, en el discurso de los representantes políticos del capital financiero, un tono crecientemente autoritario y a partir de ahí advierte acerca de las relaciones y los riesgos que conlleva la hegemonía del capital financiero en un país como la Argentina y en una coyuntura como la que se vive en los últimos 25 años.

El analista habla de «el riesgo de muerte lenta de la democracia argentina», esto, explica, «no se trataría de un abrupto golpe militar sino de la progresiva corrosión de libertades básicas, la creciente lejanía de la política en relación con el conjunto del país y la reducción de la política al estrecho escenario de las intrigas de palacio.»

O’Donnell señala que «el capital financiero que se ha impuesto en nuestro país tiene gerentes, ideólogos y propagandistas muy bien remunerados. Pero no tiene ni puede tener aliados sociales, (…) obedeciendo su propia lógica, no puede querer otra cosa que seguir devorando a la sociedad y al Estado argentinos.»

El autor distingue el éxito del capital financiero en algunos países, como EEUU, Europa Occidental, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Corea y Taiwan que se ha dado en términos tales que les ha permitido navegar exitosamente las tormentas de la globalización. En esos países, si bien parte del capital financiero se ha desplazado hacia el área especulativa, «buena parte del mismo continúa casada con el desarrollo de las estructuras productivas –industriales, agrarias y comerciales– que ayuda a financiar (…) En esos países se ha reconstruido el papel del Estado que cumple un papel importante en materia social, educativa y en el desarrollo científico.»

En Argentina, en cambio, el proceso de imposición del capital financiero, que se inicia con la gestión de Martínez de Hoz, el ministro de Economía de la dictadura militar, está caracterizado por su sesgo antiindustrial y antitrabajador.

El capital financiero casi no tiene conexiones con el capital productivo que opera en Argentina y, además, buena parte de las tenues conexiones que existen funcionan para lograr ganancias que, en lugar de ser reinvertidas donde fueron generadas, realimentan los circuitos del capital financiero.

El politólogo cree que este capital tiene un interés absolutamente prioritario: que Argentina pague los intereses de la deuda externa. Apunta asimismo a «la insaciable voracidad de este capital: su interés es balancear, por un lado, la capacidad del país de seguir pagando y, por otro maximizar los intereses que cobra».

La nota de O’Donnell, que resume otros trabajos del autor, es larga y densa y no resulta posible resumir en unas breves líneas.

Sí interesa una de las conclusiones a las que arriba: la necesidad de unir a todos los sectores interesados en defender al país productivo; «hacen falta también liderazgos políticos que los convoquen y articulen, aceptando sufrir, lejos del palacio y sus roscas, los fríos vientos de duras luchas contra grandes poderes».

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