Para hacer un gran país – Por Javier Cha

El próximo 29 de noviembre, vamos a vivir una instancia de decisión que marcará una definición profunda en nuestra vida nacional. La segunda vuelta de nuestra elección será un verdadero plebiscito acerca de qué gestión de gobierno queremos hacia el futuro y una definición sustancial con respecto a qué proyecto de país respaldamos los uruguayos. Tendremos que resolver una disyuntiva muy clara: confirmar la actual orientación de gobierno para seguir construyendo nuestro desarrollo, o volver al estancamiento que propone el Uruguay del pasado.

Pero también vamos a conocer con qué actitud queremos asumir el desafío del Uruguay de los próximos 15 años. Nuestra decisión demostrará si contamos con la fuerza y la determinación de un país que se juega por conquistar su desarrollo y bienestar, o si por el contrario, predomina en nosotros la debilidad por la marcha cansina, de aquel país adormecido por las viejas promesas, los mismos vicios, las mentiras y ruindades que consiguieron los peores resultados.

Si queremos afirmar el camino del desarrollo democrático y hacer entre todos un país pujante y emprendedor, constructor de prosperidad y equidad, hay que consolidar el rumbo y el trabajo marcado durante estos últimos cinco años, superando claramente, una asignatura fundamental para seguir adelante: entender que ya no hay vuelta atrás, que no hay posibilidad de retorno, porque el pasado es ningún lugar.

No habrá más modernización, prosperidad y equidad, si no nos alejamos cada vez más de su antítesis, de aquello que constituye el atraso y la prehistoria del cambio: el viejo orden político blanquicolorado. Las tres décadas anteriores a 2004 fueron el consumado relato de la frustración nacional. Son la referencia y la demostración del agotamiento de una forma de conducir al país, de una forma de gobernar y manejar el Estado, una política incapaz de construir un modelo de país en crecimiento, convergente con las claves del desarrollo económico y social en el mundo de hoy.

La política tradicional de blancos y colorados representa la promesa del pasado, un modelo de país que pertenece a otro tiempo, al país del estancamiento y de la falta de oportunidades. El callejón del atraso y del conflicto permanente, al que nos empujó la propia incapacidad de cambio y renovación de la derecha, en cada uno de sus sucesivos gobiernos. Allí donde los líderes blancos y colorados proclaman la tontería neoliberal de la muerte de las ideologías, pues ya no son necesarias. Y claro, ¿para qué?, si no existe objetivo más trascendente que llegar al gobierno y seguir en él, no hay nada más allá que gobernar para hacer más o menos lo mismo. No hay compromiso social ni metas de crecimiento o inversión, no hay objetivos en puestos de trabajo, ni en educación o abatimiento de la pobreza, ¿cuáles son las grandes reformas a realizar?

Es la cultura política del vacío, una visión de país superficial y flotante, cuyo rumbo lo define el mercado y su objetivo desesperado, que no desprecia la mentira y los instrumentos de propaganda más reprobables y engañosos, es evitar que el Frente Amplio siga en el gobierno. Una forma caduca de entender la política y al Uruguay actual, que no ofrece ni puede construir futuro.

El gobierno del Frente Amplio ha conseguido lo que durante muchos años nos dijeron que no se podía: abrirle al país un camino al mundo del desarrollo. Su principal conquista es que hoy podamos pensar el país en progresión. Es el mejor equilibrio puesto en manos de todos los uruguayos. Poder pensar nuestro propio futuro en clave de progreso, de oportunidad, de ir a más, liberándonos del atolladero nacional de asumir nuestro destino como una trayectoria inevitable de caídas y rebotes, que va de crisis en crisis. El Frente Amplio ha logrado instalar un clima de país en crecimiento, como paisaje cotidiano de una sociedad que experimenta cambios, mejora y renueva expectativas.

Y ese camino que hemos emprendido como país, no es una casualidad coyuntural o una ocurrencia aislada de una fuerza política. Es el fruto de un consciente y profundo aprendizaje. Es el modelo democrático de desarrollo que han seguido los países más justos y avanzados de nuestro planeta. Aquellos que demuestran e irradian responsabilidad, seriedad, confianza, los que construyen inteligente y pragmáticamente su crecimiento económico, modernizando su aparato productivo, aumentando su comercio y su inserción en el mundo. Pero que también invierten e intervienen, decidida y comprometidamente desde el Estado, todo lo que sea necesario, para forjar integración social, construir oportunidades y eliminar las peores enfermedades que afectan a la sociedad democrática: la pobreza y la exclusión.

Es un camino claro y sólido, una hoja de ruta hacia el progreso y la justicia social. El Frente Amplio es la fuerza política que la asume y la representa, el único proyecto de desarrollo nacional consistente y viable que posee nuestro país, en esa dirección. Es hora de sacarse de encima el lastre del pasado, si queremos afirmar nuestro camino al desarrollo. Es hora de escribir una nueva página en nuestra historia, una declaración ciudadana de que asumimos el desafío y que podemos, que vamos a empeñar nuestro esfuerzo en la construcción del gran país que siempre hemos querido ser.

El próximo domingo, los uruguayos vamos a renovar nuestra confianza en el futuro, que es renovar la confianza en el gobierno del Frente Amplio, en su capacidad de gestión, en el equilibrio y el respaldo político que expresan sus mayorías parlamentarias ya obtenidas el 25 de octubre. Vamos a seguir trabajando de Frente hacia el progreso. Allá atrás, a lo lejos, sólo quedan las dudas y la angustia, por delante está la confianza, la justicia, el crecimiento, el abatimiento de la indigencia, la superación de la pobreza.

Nos esperan 200.000 nuevos puestos de trabajo a generar, más integración social, más plan Ceibal en Secundaria y UTU, más y mejor sistema nacional de salud, más educación, más inversión, más país en desarrollo. Porque eso es gobernar desde la izquierda. Conducir y trabajar con el rumbo claro, responsable, creíble, para seguir construyendo, con más libertad y más oportunidades para todos, el Uruguay del futuro, nuestro mejor lugar en este mundo.

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