La memoria triunfará porque es más fuerte que el olvido
Si la memoria es más fuerte que el olvido, es correcto asumir que la memoria triunfará, dicho en términos genéricos. Ahora, si lo aterrizamos al escenario político actual también lo es. No producto de la providencia, ni de algún sabio o iluminado, triunfará porque somos cada vez más los constructores del andamiaje que le da consistencia, y que aún con tropiezos y/o obstáculos, busca acercarnos cada vez más a la justicia social.
El olvido en cambio, nos trata de explicar lo inexplicable, utiliza aquello de que el fin justifica los medios para embarrar la cancha en todo el sentido peligroso del concepto, jugando con la propia democracia. Esto último es muy importante destacarlo, porque cuando había que ser guapo en serio, es decir en términos estrictamente políticos, la memoria nos dice quienes fueron los que se jugaron hasta el pellejo por las instituciones democráticas y quienes o permanecieron al margen o se comprometieron con la dictadura cívicomilitar que asoló nuestra patria.
La memoria nos cuenta de los miles de presos por enfrentarla, de los torturados, de los exiliados, de los desaparecidos, y de todos los hijos, hoy hombres y mujeres que intentan junto al pueblo encontrar la verdad para seguir profundizando los cambios.
Esa misma memoria que tuvo y tiene miles de protagonistas anónimos (por no ser públicos) pero que tienen nombre y apellido y que en su lugar, en su hábitat son o han sido merecidamente reconocidos.
Por eso la noche del 31 de octubre de 2004 para mí fue de una inmensa alegría, entremezclada con mucha nostalgia, con muchos recuerdos, que para cualquiera que se precie de soñar una sociedad nueva sería imperdonable pasar por alto.
Ese día, esa noche, cuando todavía no sabía los resultados, recibí dos llamadas que me sacudieron la «estantería». Mi hijo, que en ese momento tenía 9 años, y mi hermano de 61 años, para darme la noticia de que habíamos ganado, Me resulta difícil trasmitir ese momento, pero si sé que pensé en ellos, en mis viejos, y en todos los que no pudieron participar de semejante acontecimiento.
Hoy estamos a cuatro días de una circunstancia similar, que dicho así parece quitarle el profundo contenido que tiene lo que nos jugamos ese día: continuar construyendo un gobierno nacional, popular, democrático, o la vuelta al pasado, es decir, al olvido.
Ese mismo olvido del señor Lacalle que hoy sin ruborizarse nos dice, «vamos a operar a diez mil más de los ojos, vamos a hacer inversiones en energía, vamos a aumentar los sueldos de los policías, vamos a realizar políticas sociales, etc.
Por suerte, es decir por nuestra «culpa», y por la «culpa» de los que hoy no están, la memoria es más fuerte y habla con su propia boca. Hablan los que dicen «macho, porque no lo hiciste cuando fuiste gobierno», y hablan las trabajadoras domésticas, los maestros, los policías, los peones rurales, que tienen claro que todavía falta, que queda mucho por hacer, pero que, justamente por esa razón, tenemos que reelegir al Frente. Este 29, con Mujica y Astori hablan las grandes mayorías que han asumido el desafío de «defender con alegría» la construcción colectiva que no tiene marcha atrás.
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