EDITORIAL

La derrota del miedo, el voto por la alegría

La fórmula Lacalle-Larrañaga, expresión del bloque conservador de nuestro país, llega al final de la campaña sin aliento, malhumorada, con una publicidad que solo promueve miedo.

 

Esta ha sido la permanente receta de una agencia de publicidad extranjera, por cierto aceptada y promovida por el comando de campaña del ex presidente Luis Alberto Lacalle, quien durante todos estos meses de difusión de ideas, no logró que se le cayera una sola idea.

 

Lacalle no dejó, en ningún momento, que Jorge Larrañaga se despegara de la imagen del candidato a la Presidencia, quizás por limitaciones propias del candidato a la vice presidencia pero seguramente porque el ex presidente es una persona excesivamente convencida de que solo él importa.

 

Tampoco dejó crecer a su equipo de legisladores, muchos de ellos duchos en el debate político. Solo apareció el senador Gustavo Penadés, pero en el peor momento. Fue cuando tuvo que explicarle a la ciudadanía las razones de promover en el interior del país un spot atacando a José Mujica, con un talante propio de las Fuerzas Conjuntas. Después de eso el joven senador fue ocultado y escondido, porque ya había fracasado.

 

En materias de aliados, los mismos fueron adormeciéndose. La dirigencia del Partido Independiente se llamó a silencio. Por su parte Pedro Bordaberry, el líder colorado, hizo solo dos apariciones públicas ­ no está descartado una tercera-, para alejarse día a día de la campaña electoral.

 

Lacalle se quedó, de esta manera, con el apoyo incondicional de Julio María Sanguinetti, de Jorge Batlle y del futbolista Hugo de León. Muy poca cosa para poder ganarle a Mujica y Astori que son la continuidad del exitoso gobierno del doctor Tabaré Vázquez.

 

En la otra vereda la fórmula Mujica-Astori fue creciendo en coherencia, en propuestas y fundamentalmente en el diálogo con la gente. Ese diálogo no solo fue con la multitud difusa, sino que también se expresó con sectores empresariales, del campo y de la ciudad, con los dirigentes sindicales, con sectores agrarios, que comenzaron a entender que desde las filas del progresismo no se necesitaba del miedo y del enchastre, sino que alcanzaba con exponer el programa y las ideas.

La reciente aparición pública del equipo económico del Frente Amplio, liderado por Danilo Astori, puso en evidencia que la razón, la serenidad y los equilibrios estaban de este lado del progresismo y no eran parte de una derecha tentada por volver al pasado, más concretamente a los años 60. El desgraciado caso Feldman y el intento de utilizarlo políticamente, fue la mayor expresión de la soberbia conservadora y regresiva.

 

Hoy, en Montevideo, Mujica y Astori se econtrarán con la dirigencia sindical de nuestro país y con los jóvenes del Frente Amplio, que construyeron esa inmensa bandera artiguista que se transformó en el icono de la esperanza y de la alegría, contra el miedo y la intolerancia.

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