Los 100 años de la Facultad de Agronomía
Dispuesto que representara a la Junta Departamental de Montevideo en un acto en la Facultad de Agronomía, donde se descubriría una placa alusiva al centenario de la misma, iniciativa que llevó adelante la presidenta de la Comisión de Nomenclatura de la Junta, la edila y antropóloga Silvia Aguiar, allá fuimos, hacia Garzón y Millán (Sayago el vocero de Piria, cuando este organizaba las excursiones hacia las periferias ilusionando a los promitentes compradores de terrenos, de que habían hecho una buena inversión, y así se fue desarrollando Montevideo, a ponchazos, y al impulso de un incipiente mercado inmobiliario, del cual Piria ha sido por ello y por muchas razones más un hombre excepcional).
El acto incluía una exposición del profesor Roberto Olivero, sobre un libro obra de un selecto equipo cuyo título es: «Una Poderosa Máquina Opuesta a la Ignorancia», palabras del ministro Alfonso Pacheco en 1907 al colocar la primera piedra de ese edificio emblemático de la Arquitectura Nacional, y de la otra Arquitectura, la que encierra conocimientos, el sustrato subjetivo de la ciencia agronómica dedicada a mejorar la calidad de la producción y el uso adecuado de la base material en que se asienta la Nación: su suelo.
Con la presencia del rector de la Udelar, Rodrigo Arocena, del decano de la Facultad de Ingeniería, Dr. Ing. Ismael Piedra-Cueva, y del decano de la Facultad de Agronomía, Fernando García Préchac, no sólo descubrimos la placa ante decenas de funcionarios, profesores, docentes y personalidades, como el arquitecto Mariano Arana, sino que compartimos un instante de reflexión sobre el enorme aporte de la Universidad de la República a la formación intelectual y cultural de nuestros profesionales universitarios, quienes en las más diversas ramas, la economía, la educación, las ciencias sociales, jurídicas, la arquitectura, la ingeniería, la medicina, la química y las modernas tecnologías de la comunicación, han establecido los cimientos fundamentales de la formación intelectual de la nación, siempre ligados al aporte extraordinario de los mejores vínculos con el pensamiento europeo y americano.
De ahí que estuvo presente en dicha celebración la significación de la conquista en 1958 de la Ley Orgánica de la Universidad, lo que supone el gobierno de la misma por el Claustro, compuesto por los tres órdenes: el docente, el estudiantil y los egresados, luego de duras luchas que arrancan desde 1908, año en que en Montevideo se hizo el 1er. Congreso Latinoamericano de Estudiantes, donde se lanzó el Documento de la Reforma Universitaria, resplandeciente en 1918 en Córdoba con su célebre Manifiesto.
Recordábamos ante el atento auditorio que allá por 1956, la Asociación de Estudiantes de Agronomía se integró con la Federación Ferroviaria, el Sindicato del Portland, el Sindicato de Fibrolit, con la Asociación de Jubilados dirigida por Ramón Lucero (viejo obrero del Frigorífico Anglo), la Unión Obrera Textil del Norte, los metalúrgicos, los funcionarios del Saint Bois, y del Ministerio de Agricultura, de La Tablada, a la Primer Mesa Zonal de Montevideo, que agrupó la llamada Sociedad Civil, obreros, funcionarios, jubilados, estudiantes, esas experiencias, luego generalizadas hicieron un gran movimiento social que tuvo su expresión en la consigna: «Obreros y estudiantes, unidos y adelante». Así se procesaron los hechos y, en 1958, en un gobierno de Luis Batlle agotado y en retroceso, el movimiento popular converge hacia el Palacio Legislativo con una de las manifestaciones más grandes que conoce el movimiento popular.
En ese marco de agitación, entusiasmo y unidad, se materializó el sueño: sale la Ley Universitaria. Vale la pena pues memorizar dichos hechos porque, históricamente, la Universidad estuvo sometida a presiones políticas de fuerzas conservadoras, como ha sido el caso de la propia facultad, pero dejemos hablar a los protagonistas; dice Fernando García:
«…Del período fundacional nos impresionó el proyecto político del gobierno de don José Batlle y Ordóñez y sus colaboradores, entre los que hay que destacar al entonces rector de la Universidad, Dr. Eduardo Acevedo, cuyo nombre lleva el edificio central de la Facultad…
Ello conduciría a la subdivisión de la tierra y a la radicación de familias en la campaña, para lograr así su población…
En 1908, casi inmediatamente después de la creación de la Facultad de Agronomía, se produjo un cambio en la correlación de fuerzas dentro del Partido Colorado en el gobierno, con el predominio de su ala conservadora, que quitó a la institución de la Universidad y la rebajó a Instituto Agronómico…
En 1925, con un nuevo cambio en la correlación de fuerzas en el partido de gobierno hacia su ala progresista, se restituyó nuestra institución a la Universidad, junto con su calidad de Facultad…».
En síntesis, en qué se diferencia el sueño de los precursores de la aplicación de la ciencia al servicio de la producción con el Uruguay de hoy, donde el proyecto frenteamplista reafirma el camino artiguista, que era el del saber y el hacer para que los más infelices sean los más privilegiados. ¿Acaso el Plan Ceibal, la política de tierras, así como el programa de Mujica y Astori no van en esa dirección?
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