Por un país de primera
Nuestro país ha alcanzado un lugar de destaque en el mundo por su firme y decidida política anticorrupción. No existe nadie en Uruguay que no recuerde la sentencia ( que marca un rumbo) de Tabaré Vázquez: podremos meter la pata pero nunca la mano en la lata.
Esta es una verdad incuestionable. Es más, cuando alguno ha salido a cuestionar algún hecho aislado como el de Casinos, nuestro presidente ha sido muy claro precisando que si alguien «se equivoca» , no será objeto de la protección de su partido; porque pueden existir fallas humanas, lo imperdonable, lo cuestionable, es que sean amparadas.
Tal es el caso, por ejemplo, de legisladores, ex intendentes, que aprovechan sus fueros para no declarar ante la Justicia o para hacerlo desde su casa en base a un cuestionario enviado por el magistrado que previamente ha sido desmenuzado por los abogados del interrogado. Nunca entendimos, cuando de acusaciones sobre corrupción se trata, que los legisladores se amparen en su fuero. Es más, entendemos que la actitud a adoptar es la contraria: si la Justicia quiere indagar y preguntar, si la sociedad toda está al tanto de esta situación, qué mejor oportunidad tiene el ciudadano de poder dejar bien limpio su nombre concurriendo personalmente a la Justicia y declarando?
Aún no se ha entendido que la actitud de cobijarse y ampararse en el fuero parlamentario deja más dudas que certezas.
Afortunadamente no son tantos los casos o los gobernantes que se encuentran en esta situación y ello amerita que internacionalmente el país goce de muy buena reputación.
Con otras palabras el presidenciable José Mujica ratificó lo mismo en una entrevista : «Todos en el mundo saben que las coimas en el ámbito estatal en Uruguay, no corren».
Ya quedaron atrás las épocas en que la Justicia procesaba a un ministro de Economía, que quien le subrogaba modificaba el régimen de las Safis y extendía el secreto bancario a las casas de cambio (¡), y no incursionamos en el tema de los campos que cambiaban de calificación para ampararse en los beneficios de la declaración de interés nacional de la forestación, lo cual implicaba generosos subsidios.
Estamos en otro momento, en el que los funcionarios públicos entran por concurso o por sorteo, los trámites públicos se pueden seguir a través de Internet, se comienzan a abrir los archivos estatales, cobra fuerza el habeas data, todo ello con carencias pero sin ninguna duda marcando una notoria diferencia con lo que nos tenían acostumbrados otras administraciones. ¿Que hay que seguir profundizando? No tenemos ninguna duda, pero el camino ya está trazado y ello es reconocido internacionalmente. Tampoco podemos atribuirle todo el mérito a esta administración; sin embargo la firme postura del presidente Vázquez y de sus posibles sucesores, ha sido muy importante para darle fortaleza a esta postura en un mundo en el que las estafas de señores de traje y corbata, que hablan muy pulido y con modales exquisitos, han dejado boqueando no solamente a un país, sino al mundo entero. El lenguaje doctoral, el traje y la corbata, el jactarse de ser muy culto, no garantizan a los pueblos trabajo y una vida digna. Son otros los valores a defender e inculcar y que garantizan contar con generaciones de jóvenes dispuestos a capacitarse, a progresar, a creer en su país y su clase política y, no menos importante, también nos garantizan que el mundo nos mire con respeto y esté dispuesto a invertir y comerciar con un pequeño pero transparente país.
Resulta curioso que el doctor Lacalle se pregunte públicamente por qué el Frente Amplio insiste en la necesidad de contar «con un país de primera». Porque ésa es la garantía de progreso para todos los uruguayos y no es el FA quien ha descubierto eso, otros gobiernos, anteriores, también lo han entendido así.
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