EDITORIAL

Bambi y el país de las maravillas

«Bambi es la historia de un pequeño ciervo contada desde su visión de los hechos, lo que nos transporta a su mundo y vida. Con sus amigos, como Tambor el conejo, Flor el zorrillo y su futura pareja Faline, descubrirá sabias lecciones sobre el amor y la vida. El peligro que representa el Hombre lo aprende del Príncipe del Bosque, y por experiencias como la pérdida de su madre», se lee en wikipedia.com.

 

Allí mismo se lee que Bambi «se ganó un espacio en los corazones de las generaciones siguientes por la inocencia del joven cervato, quien al final descubre que la vida es una dulce melodía que trae esperanzas del mismo modo que un amanecer».

 

Esta dulzura de la vida es la que ha asumido la dirigencia del Partido Nacional, la cual luego de pasar de la arrogancia y la agresividad contra sus adversarios, al mejor estilo fascistoide, parece haber abrazado la gestualidad de Walt Disney para enamorarnos a todos y así creer que en este país no pasa nada y que todos somos iguales.

 

Todo lo contrario. El Partido Nacional, particularmente el Herrerismo, es el responsable de un clima electoral oscurantista, pobre en ideas, que no ha posibilitado discutir sobre programas y visiones de futuro.

 

Ahora nos encontramos con una verdadero atentado al pudor, que es la propuesta de que nuestro país puede desarrollarse y redistribuir sus riquezas sin la aplicación de ningún tipo de impuestos.

 

Estamos, a la vez, ante un verdadero atentado no sólo al pudor sino también a la inteligencia. Detrás de la «cultura Bambi» está escondida la cultura del neoliberalismo, que es la mayor expresión del capitalismo salvaje que ha fracasado en distintas esquinas del mundo, incluso en Japón, donde el gobierno ha sido alcanzado por la socialdemocracia nipona.

 

Un país productivo sin impuestos es el camino al fracaso y al fortalecimiento de los sectores más poderosos, abandonado a la suerte de la Providencia a los más humildes.

 

El IRPF que estableció el gobierno del doctor Tabaré Vázquez y que fue construido por la arquitectura del contador Danilo Astori, puede ser mejorado y actualizado, pero no puede ser eliminado porque sería la mejor forma de concentrar la riqueza en los que más tienen.

 

Los economistas Gustavo Licandro y Javier de Haedo, dos académicos de prestigio, se han prestado a esta maniobra publicitaria del doctor Lacalle para hacer creer que puede existir un Uruguay sin impuestos.

 

Da lástima que estos dos universitarios a quienes los uruguayos les pagamos los estudios, crean que con sus propuestas se puede vivir en el país de las maravillas.

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