Hizbala logra espiar a fondo en Israel
«Se me oscurecieron los ojos». Esta fue la reacción de un hoy retirado alto oficial en el ejército israelí, quien tenía bajo su jurisdicción la seguridad en la frontera entre Israel y Líbano, al comentar qué sintió cuando leyó un recién revelado informe interno de Hizbala sobre su grado de espionaje hacia el vecino del sur.
No en vano la nota publicada el fin de semana por el periódico «Yediot Ajronot» se titula «Ante los ojos de Nasrallah», en referencia al secretario general de Hizbala, considerado en Israel como un férreo y peligroso enemigo al que nadie por aquí subestima. Y en el reporte hay numerosos detalles que revelan cuán de cerca observa Hizbala a Israel y cuánto logra saber inclusive acerca de cómo Israel observa a su gente, al propio Hizbala.
La nota se refiere a las 150 páginas del informe interno de los radicales chiitas, que Hizbala llama el «sistema operativo del ejército enemigo en la frontera por tierra, aire y mar». Pero el tema no es el título, sino los variados detalles sobre cómo actúan las patrullas del ejército israelí en la frontera con Líbano donde opera Hizbalá incluyendo relevos y cambios de turno, qué perros utiliza la unidad canina del ejército, en qué ángulos y con qué alcance funcionan los radares y, especialmente, cómo y cuándo operan los aviones no piloteados que sobrevuelan territorio libanés.
Cabe suponer que uno de los puntos que más habrá preocupado a los israelíes es el que describe con lujo de detalles el funcionamiento del sistema de patrullas militares a lo largo de la frontera con Líbano. Es que el informe describe con impactante precisión qué armas usan las patrullas, cuándo los jefes de mayor rango participan en las misiones y en qué horarios salen a patrullar. En cualquier situación, datos de este tipo en manos de alguien preocuparían con razón a su enemigo.
Pero en Israel no se trata de un dato más. Aquí siguen muy frescos los recuerdos de dos grandes traumas vividos por los israelíes en la frontera con el Líbano: el secuestro por parte de Hizbala, poco después de la retirada israelí del sur libanés en mayo del 2000, de tres soldados que volvieron aproximadamente tres años después en ataúdes; y el de dos reservistas el 12 de julio del 2006 (quienes también fueron devueltos mucho después, sin vida), secuestro que, junto al masivo disparo de misiles hacia el norte de Israel, desató la así llamada Segunda Guerra de Líbano.
Tanto los primeros tres soldados raptados (Sawaed , Avitan y Abraham) como los otros dos (Goldwasser y Regev) fueron atacados por miembros de Hizbala infiltrados al territorio israelí, mientras ellos patrullaban la frontera.
Está clarísimo cuánto saben en Hizbala sobre el funcionamiento de esas patrullas.
El informe destaca que «Hizbala tiene muy buenas fuentes», según dijeron oficiales israelíes.
El problema para Israel a pesar de que su propia observación hacia Líbano es una de sus misiones más importantes por la percepción de amenaza que le significa Hizbala es que este grupo fundamentalista estudia y analiza constantemente la información que recaba.
En otras palabras, Hizbala no sólo sabe qué pasa del otro lado de la frontera, sino que sugiere modos, por ejemplo, de burlar la tecnología y organización del lado israelí.
De fondo, la gran pregunta es si ha comenzado la cuenta regresiva hacia una nueva guerra entre Israel e Hizbalá o si las complicaciones internas con las que ha tenido que lidiar la organización chiita desde la guerra que provocó en julio del 2006 le dificultarán volver a una situación similar. Poco después de la «Segunda Guerra de Líbano», Hassan Nasrallah admitió que si hubiese anticipado cuán fuerte sería la reacción israelí al secuestro de los dos soldados Goldwasser y Regev, no lo habría hecho.
Dentro de Líbano tuvo que lidiar con no pocas críticas por su comportamiento. Se siente expuesto y en peligro y el hecho es que, salvo en una rarísima oportunidad, rodeado de numerosos guardaespaldas en medio de una multitud, nunca se dirigió a sus seguidores al aire libre. Sus comunicados son siempre desde un refugio en el que los graba en video o sale en vivo, pero no en contacto directo con la gente. Teme ser atacado, especialmente por Israel, aunque no descarta alternativas.
A pesar de ello, Israel lo sigue considerando una seria amenaza. Y ello no sólo por su ideología radical, sino por el constante almacenamiento de arsenal bélico.
El que tiene ahora en su poder supera ampliamente el que poseía en la guerra del 2006 y lo sigue ampliando con la ayuda directa de Irán.
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