Se busca brújula
Los últimos acontecimientos preelectorales (nos referimos a las cifras de las encuestadoras poselecciones del 26 de octubre) han precipitado lo que ya venía sucediendo: el Partido Nacional dejó totalmente al descubierto lo que todos presumíamos: para ganar las elecciones vale todo.
Nos recuerda el dicho del cual muchos uruguayos se sienten orgullosos: me gusta ganar pasada la hora, con un gol en offside y con la mano. Esta filosofía, llevada a la política es lo que ha venido desarrollando el segundo partido del país.
Como decíamos, pasado el 26 de octubre se apeló al «se acabaron las contemplaciones» y se comenzó a potenciar lo que ya se había venido llevando a la práctica en la primera vuelta: la apelación a la falacia, descontextualización de opiniones o de hechos, mentiras descaradas sobre lo que fue el gobierno de Lacalle, negarse a reconocer que, a partir de la revolución de Aparicio, a principios de 1900, el país ha estado gobernándose por medio de una coalición del Partido Colorado y el Nacional, con repartos de cargos de acuerdo al porcentaje de votos alcanzado.
Dejaron de ser mayoría, ya no queda duda, van dos períodos electorales donde el Frente Amplio los derrota por separado y juntos. Esta realidad, que con esa incapacidad que han demostrado durante los últimos 25 años para interpretar la vida política del país, les cayó como un bombazo, no la esperaban, pensaban que iban a cortar un segundo gobierno del Frente Amplio.
¿Qué hacer? , se preguntaron, y parecería que la conclusión fue que el grado de deformación de la realidad, sumada a la falta de propuestas concretas demostrada en primera ronda no había alcanzado, por lo que decidieron continuar por esa senda pero redoblando la apuesta.
Es así que se van sumando acontecimientos a diario que la ciudadanía no tiene tiempo para olvidar y que aumentan el descrédito de un candidato que, realmente, tiene muy poco para ofrecer.
En lo personal, ahora se comienza a hacer público lo que todos los periodistas sabíamos, sus flirteos de hombre maduro, entrado en la tercera edad, abuelo y casado, intentando conquistar a las colegas. Un hecho impropio, en particular para un candidato a la presidencia de la República. Pero esto es un detalle personal en definitiva de quien se consideró un llamado de la Divina Providencia. Poco faltó para que se autodefiniera como el Mesías, pero por más bendiciones que repartió, apelos a la Divina Providencia y elevar la mirada al cielo, no logró superar esa debilidad por las jóvenes periodistas. ¿De qué moral, de qué ética parte Lacalle para actuar así? ¿Es la de Cristo, la de Jehová, la de Alá, la de Buda? No lo creemos.
Pero ya que estamos en materia de moral y ética, nos centraremos en el episodio más lamentable ocurrido en los últimos años en el Parlamento. Nos referimos a la interpelación del diputado herrerista Borsari al ministro del Interior y al de Defensa Nacional. Mucho teatro, pero pocas verdades, acusando a rubias que no son tales, a cubanos que resultan ser ciudadanos uruguayos y a partidos políticos que nada tuvieron que ver con el hecho. Claro que todo ello fue el resultado de una mini campaña muy bien preparada entre Jorge Batlle, Sanguinetti y Lacalle quienes, pocas horas después del suicidio del contador Feldman, acusaron a partidos frentistas de estar involucrados con las armas y, sobretodo, tuvieron la capacidad de instrumentar una campaña en televisión (pero sólo para el Interior, porque el apelar al miedo en Montevideo ya está claro que no da resultado) en tan poco tiempo(¡!).
Poco a poco fue desmoronándose esta campaña al irse apartando de toda esta farsa, primero, Pedro Bordaberry, y luego los blancos que no son herreristas. Desaparecieron de la escena. Claro que cuando reaparecieron fue peor ya que el vocero de Jorge Larrañaga, el senador Heber Da Rosa, se desvinculó públicamente de todo lo hecho, pero dijo textualmente que quien hizo «el trabajo sucio» fue Jorge Batlle y que el Partido Nacional «debió dejar que lo siguiera haciendo».
En vez de aclarar, oscureció más, porque ahora resulta que el «trabajo sucio» no es inmoral, no es reprochable, el problema es cuando no da resultado, entonces sí hay que salir públicamente a guardar distancia para no quedar manchado.
Parafraseando a Atahualpa Yupanqui concluimos «triste destino de los integrantes del Partido Nacional». El Partido ha quedado en manos de gente que no tiene valores éticos ni morales como para gobernarnos a todos los uruguayos.
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