Del "equilibrio" a la "campaña canalla"
La derecha política, mediática y empresarial se ha ido quedando sin argumentos y su estrategia, conforme se han ido debilitando sus posiciones en la sociedad, registró un peligroso periplo hacia las peores expresiones del enchastre y la falacia.
La derecha ha ido perdiendo todas sus apuestas en cuanto a ejes político-mediáticos para instalar a la sociedad, hacerse fuerte y cuestionar a la izquierda.
La primer gran operación política-mediática fue augurar que el Frente Amplio y Tabaré Vázquez no podrían gobernar, que sobrevendría la parálisis económica y el caos social.
Nada de ello ocurrió.
Con el gobierno del Frente Amplio, encabezado por Tabaré Vázquez, Uruguay se recuperó de una de las peores crisis económicas y sociales de la historia. Hoy está en mejor situación económica y social que antes de la crisis. El mito de que la izquierda no podía gobernar se hizo pedazos. La derecha quedó en paños menores.
Como ese argumento no dio resultado, apañaron otro, preparado especialmente para el año electoral: el gobierno del FA y de Tabaré Vázquez se habían beneficiado con una «coyuntura internacional favorable», ahora que venía la crisis internacional todo se iba a caer en pedazos y ellos iban a rescatar al país del desastre.
Todos los especialistas económicos de la derecha, amplificados hasta el hartazgo por la prensa afín, particularmente por El País, Búsqueda y el circuito de radios que los levanta con devoción casi religiosa, auguraron unánimes: habrá recesión. En seguida ofrecieron sus recetas para enfrentar la inminente e inevitable recesión: bajar los salarios, terminar la negociación colectiva, exonerar de impuestos a todos los empresarios tuvieran problemas o no, recortar el gasto social.
El gobierno del FA y Tabaré Vázquez optaron por un camino diferente, de izquierda, hacer todo lo contrario que lo que pregonaba la derecha. Lograron que, por primera vez, los efectos de una crisis no los pagaran los trabajadores y los más pobres y además, contra todos los augurios, no hubo recesión.
Privados de su principal apuesta, la caída económica del país, hicieron una campaña electoral errática y sin propuestas. Lacalle desorientado habló de la motosierra, los 80 mil atorrantes, los sucuchos y las cuevas, y de bañar y cortarle el pelo a los pobres.
Todo su arsenal concentrado en dos objetivos: que el FA no ganara en primera vuelta y que no obtuviera mayoría parlamentaria.
El primero lo lograron por muy poco. Pero fracasaron en el segundo, que era clave, el FA sí obtuvo mayorías parlamentarias.
Tenían todo preparado para salir juntos, blancos, colorados e independientes a decir que eran ellos que significaban la estabilidad o el caos, un FA sin mayoría.
De apuro, pidieron ayuda a lo peor de los operadores político-propagandísticos de Argentina e inventaron una campaña casi insostenible desde el punto de vista argumental y que viola todos los códigos políticos que hasta ahora se habían respetado en el país.
Inventaron la teoría del «equilibrio», contradiciendo todos los manuales de Ciencia Política y por supuesto el sentido común, afirmaron que contrariamente a lo que habían dicho hasta ese momento, ahora lo recomendable era que el Poder Ejecutivo no tuviera mayoría parlamentaria. Incluso dijeron que no había problema, que podían gobernar por decreto. Como esto tampoco dio el resultado esperado, pasaron a la fase mugre de la campaña y lanzaron la bien bautizada «Operación Canalla».
Enchastrar la cancha, acusar sin pruebas. Pautar en la televisión y la radio del Interior avisos sin firma, lanzar cadenas de mail y mensajes de texto con mentiras y calumnias. Golpear y esconder la mano.
Es cierto que esto muestra el grado de desesperación y la falta de argumentos de la derecha. Es cierto que es lamentable. Pero también es cierto que es peligroso. Y es peligroso por varios motivos. En primer lugar es una degradación de la convivencia democrática. En segundo lugar, más allá de sus efectos en las encuestas, logró descentrar la campaña electoral, no hay propuestas, no hay modelos, sólo hay montañas de basura. En tercer lugar, muestra que no tienen límites, absolutamente ninguno, en su desesperación por acceder a resortes de poder.
La derecha mostró uno de sus peores rostros, lo expresan Lacalle, Batlle y Sanguinetti. La izquierda debe mostrar su mejor propuesta y la alegría de construir los cambios y claro, defenderlos.
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