Un país productivo de verdad
Cuando el Frente Amplio llegó al gobierno, lo hizo sobre la base de una propuesta de un nuevo modelo de país que quebrara el modelo liberal, aperturista, concentrador y excluyente (modelo LACE), generado durante la dictadura y desarrollado en profundidad en los años 90 por los gobiernos de coalición de Lacalle y Sanguinetti.
Ese modelo alternativo tiene como eje central la conformación de un país productivo que, al mismo tiempo del crecimiento económico, impulsara la distribución de la riqueza. Para ello es imprescindible un Estado proactivo que promocionara el desarrollo de la inversión, la producción y el empleo, orientándolas de acuerdo a los objetivos nacionales.
1) El modelo LACE que heredamos.
Todo lo contrario al modelo LACE que
* En lugar de un país productivo nos propuso una plaza financiera
* En lugar de crecimiento con distribución de la riqueza e inclusión social nos propuso un crecimiento concentrador y excluyente
* En lugar de un Estado proactivo nos propuso un estado desertor que dejaba todo en manos del mercado.
En esa perspectiva alternativa hemos dedicado muchas columnas a la redistribución de la riqueza.
Quisiera en esta nota plantear todo lo que este gobierno le ha aportado al país productivo.
Todos recordamos la propuesta que, iniciada en los 70, Lacalle potenció y Sanguinettí siguió profundizando que nos decía que:
Uruguay debía ser una plaza financiera.
Uruguay no debía producir productos industriales (salvo aquellos para los que tenía ventajas naturales) y que lo mejor era importarlos porque así iban a ser más baratos y de mejor calidad.
Es decir, el Uruguay comerciante importador y financista era el modelo de los años 90. No en vano en esos años los sectores que más crecieron fueron el comercio y las finanzas mientras que la industria manufacturera cayó 5%, a pesar de que la economía general creció.
Sólo basta recordar por ejemplo que, en el caso de las industrias de hilandería y tejeduría se pasó de 10.844 ocupados en 1990 a 4.094 ocupados en 1997, es decir descendió a menos del 40% de los ocupados. Obviamente esta caída de la producción nacional se sustituyó por una vorágine importadora que pasó de representar el 10% del consumo nacional al 70% en 1997.
2) El Uruguay productivo
Frente a este Uruguay comerciante importador y financista, erigimos en estos cinco años un país productivo.
Lo primero que nos muestra el país productivo es el crecimiento económico general y del sector productor de bienes clave, que es la industria, incluyendo en ellas todo el sector agroindustrial.
El gráfico 1 nos muestra que, en los primeros cuatro años de gobierno, el PBI creció más del 30%, todos los sectores crecieron generándose equilibrio en el crecimiento; la industria creció más del 50%, en contraposición a la década del 90 en la que, como dije más arriba, la industria había caído.
(Ver gráfico 1)
Sólo a efectos de agilizar la memoria recordemos que en el gobierno de Lacalle y Sanguinetti, se perdieron 90 mil puestos de trabajo en la industria y significó el desplome de muchas de peso en el país como la textil, la de la vestimenta, la de neumáticos o varias de la metalmecánica.
Es en esa etapa que cerraron fábricas paradigmáticas del país como Cristalerías del Uruguay, FUNA o NIBO PLAST.
3) El Uruguay de la inversión
Un segundo elemento expresivo del país productivo es el aumento de la inversión. El país ha tenido niveles récords de inversión en este período, llegando, como muestra el gráfico 2 al 18,7% del PBI y promediando en estos 4 años más del 16%.
Sólo algunos datos de este crecimiento de la inversión que nos muestra los éxitos de nuestro país productivo.
El crecimiento de la inversión fue permanente durante todo el gobierno y lo fue a una tasa promedio anual de 14%.
La inversión acumulada del período fue de más de 23 mil millones de dólares, lo que implica que, en valores anuales promedio en pesos constantes, la inversión en nuestro gobierno fue 64% superior al valor promedio anual en los 5 años del gobierno de Lacalle.
La inversión en maquinaria y equipos, que es la que da sustento tecnológico a la producción presente y futura, llegó al 8,5% del PBI, uno de los valores máximos de la historia reciente del país.
(Ver gráfico 2)
Este crecimiento de la inversión general fue acompañado de un importante crecimiento de la inversión industrial, especialmente en maquinaria y equipo.
Como muestra el gráfico 3, la inversión industrial del período se multiplicó por seis en dólares corrientes, convergiendo inversión extranjera y nacional y siendo relativamente abierta en rubros diferentes. Más de mil millones de dólares de esas inversiones fueron promovidas por la política pública a partir de la reglamentación de la ley de inversiones y sus declaratorias de interés nacional.
(Ver gráfico 3)
4) En cuarto lugar, es necesario poner el énfasis en una estrategia de crecimiento de la articulación entre la inversión privada promovida y la inversión pública. La última llegó, en este período de gobierno, a recuperar los niveles perdidos durante la nefasta década del neoliberalismo.
Como muestra el gráfico 4 la inversión pública se multiplicó por 3 en dólares corrientes y llegó al 4,2% del PBI en 2008, cuando era apenas entre 2 y 2,% del PBI en los años 90 y en la crisis pasada.
(Ver gráfico 4)
5) El Uruguay del consumo
Finalmente en quinto lugar el país productivo se expresa en el crecimiento del consumo interno.
Es muy importante el crecimiento de la producción, la inversión y el desarrollo industrial, pero para que ello sea equilibrado debe darse un aumento de la demanda interna para las miles de empresas, cuyo sustento básico es el consumo interno.
El gráfico 5 nos muestra el desarrollo del consumo privado, es decir el consumo de los ciudadanos. Allí vemos que el crecimiento ha sido incesante a lo largo de todo el período, llegando a más del 30% acumulado entre 2004 y 2008.
(Ver gráfico 5)
6) ¿Por qué se dio todo esto?
Primero por una actitud proactiva del estado que desarrolló una política de promoción de la inversión, orientándola según los objetivos nacionales. Porque la inversión siempre es necesaria pero es fundamental que sea alineada al modelo de desarrollo del país. Y para esto la promoción debe ser distinta según la calidad de la inversión. Por ello este gobierno reglamentó la promoción de inversiones a través de dar mayores estímulos a aquellas inversiones que:
* Generaran empleo
* Se instalaran en los departamentos con menor nivel de desarrollo o mayor desempleo.
* Incorporaran un mayor valor agregado nacional.
* Incluyeran innovación técnica.
Segundo, es que, junto a esta nueva lógica de la ley de inversiones, la reforma tributaria incluyó cambios en el Impuesto a la Renta de Actividades Empresariales (IRAE), que fomentó la reinversión productiva por encima de la distribución de dividendos, que permitió deducir de los impuestos las reinversiones en capital y en nuevo trabajo y que promovió la innovación con deducciones igualmente importantes en el IRAE.
Tercero, porque promovió la demanda con una actitud activa del estado en su propio gasto e inversión y al mismo tiempo dio condiciones para el desarrollo de mejores ingresos de la población en especial con los aumentos de salarios, de jubilaciones y de asignaciones familiares. Y esto, volcado al mercado interno, dio más ingresos a los comercios y esta mayor cantidad de dinero se volvió a volcar a la producción y al consumo y así sucesivamente en el círculo virtuoso de la economía nacional.
Nada fue mágico, todo fue obra de un gobierno que puso al país productivo y la distribución de
la riqueza en el primer plano de su prioridad política.
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