EDITORIAL

Derecha histérica

En los últimos días hemos asistido a una nueva demostración de la histeria que sufre la derecha. Una histeria producto de la frustración por la derrota que sufrieron el 25 de octubre y el terror por la que sin duda van a sufrir los dos partidos tradicionales el próximo 29. Claro, no estaba en los planes de quienes pergeñaron la reforma electoral el crecimiento del Frente Amplio que, según dos encuestas recientes, sigue aventajando a los partidos históricos sumados, por entre siete y ocho puntos de cara al balotaje.

He ahí la explicación del empuje de equilibriofilia que padece el líder rosado ­que inspiró la maravillosa contratapa de Eleuterio Fernández Huidobro­ así como las rabiosas expresiones de Julio María Sanguinetti, según el cual el Frente Amplio y la central sindical son las únicas organizaciones golpistas en Uruguay.

Una pérdida de estribos definitivamente antológica pero que su correligionario y rival, Jorge Batlle, se encargó de superar con creces al exponer su convicción de estrechos vínculos del contador Feldman con Julio Marenales y José Mujica.

Resulta penoso comprobar el deterioro que sufre el doctor Batlle. Luego de afirmar de manera tan contundente que Marenales y Mujica estaban en connivencia con el coleccionista (¿contrabandista?) de armas, admitió que no tenía pruebas de sus dichos. ¿No es injuriosa una afirmación de ese tipo sin pruebas? Sin embargo, muy ufano y con la frivolidad que todos le conocemos, tuvo el tupé de emplazar a ambos dirigentes políticos (uno de ellos nada menos que el candidato con más posibilidades de convertirse en el próximo presidente de la República) a que nieguen públicamente todo vínculo con el contador Feldman y a que declaren formalmente su renuncia a «los fierros» y su adhesión a los votos. En primer lugar, no tiene autoridad para emplazar a nadie; y en segundo lugar, ¿no le basta con detenerse a observar la trayectoria del MLN luego del retorno a la normalidad institucional? ¿Todavía no se enteró de que el MPP, que el MLN integra, ha sido ungido por el electorado, por segunda vez consecutiva, como la primera fuerza dentro del Frente Amplio, que es a su vez el partido mayoritario en Uruguay? Sí, seguramente ya se enteró de ese dato y, justamente por esa razón es que sus neuronas sufren los efectos de tan infausta comprobación.

Pero en fin, dejemos a este pintoresco personaje y pasemos a quien le amputó el brazo en 1989. El doctor Sanguinetti tampoco se resigna a aceptar la realidad político electoral de hoy. En ocasión de su encendido discurso, en el que con su libro en ristre, acusó de golpistas al Frente Amplio y a la CNT, no se privó, en el colmo de la histeria, de afirmar que es en el Partido Colorado que se encuentra el único batllismo. Postura muy similar a la de su ex adversario ­el Partido Nacional­ que pretende que no hay wilsonismo fuera de la colectividad blanca.

Ambos olvidan, blancos y colorados, que el Frente Amplio se conformó con el aporte de esos sectores, que ya en 1971 habían advertido que en los viejos lemas históricos no tenían cabida propuestas progresistas. ¿Alguien se atrevería a aseverar que Zelmar Michelini y Alba Roballo no fueron los representantes del batllismo auténtico en la coalición de izquierdas de la que fueron constructores? ¿Quién podría sensatamente dudar de la profunda adhesión al batllismo de un hombre como Víctor Vaillant?

Y si pasamos del Partido de Rivera al de Manuel Oribe, ¿qué credo político profesan hombres como Rodolfo Nin Novoa, Jorge Saravia o Rubén Martínez Huelmo? Son todos wilsonistas de la primera hora. Y precisamente esa adhesión a los ideales y a la trayectoria de Wilson Ferreira Aldunate es lo que los llevó a integrarse al Frente Amplio, única fuerza política capaz de llevar adelante el ideario del último gran caudillo nacionalista.

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