EDITORIAL

Patente de corso

Tras la entrada en vigencia de un polémico acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos, la nación sudamericana se erige hoy como el portaviones de la potencia imperial en el hemisferio, realidad que genera tensión y preocupación en la región como lo advirtiera el líder de la revolución cubana Fidel Castro.

Pero es bueno recordar que no sólo Fidel y los presidentes Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa dieron la voz de alerta. El ex presidente colombiano Ernesto Samper, advirtió que los equipos que traerá Estados Unidos a su país son muy sofisticados, como los aviones C-17 y Orión P-3, que sirven de plataformas para el espionaje. Estos aparatos, indicó, no van a funcionar para combatir a la guerrilla y ni siquiera el narco-terrorismo en el país. «Lo que vamos a montar es una especie de portaviones; vamos a prestar el país para que sea un portaviones para hacer operaciones de vigilancia electrónica a toda la región sudamericana desde Colombia», subrayó el ex presidente. No hay que engañarnos, lo que vamos a hacer es como prestarle el balcón a una persona que no vive en un edificio para que venga a colocar reflectores y videocámaras sobre los vecinos. Eso es lo que vamos a hacer, denunció Samper.

Este pacto vulnera la soberanía nacional y convierte a Colombia de hecho en un país hostil. El uso de las bases por soldados estadounidenses aislará a Colombia de América Latina, y generará una mayor confrontación entre el país y sus vecinos.

El texto del acuerdo suscrito el pasado 30 de octubre, permite al Pentágono hacer uso de todos los aeropuertos comerciales de operación internacional de Colombia, además de las pistas enclavadas en las instalaciones militares, en el marco de las prácticas hegemónicas de Estados Unidos y sus bases militares desplegadas en el mundo.

Las aeronaves estadounidenses no sólo tendrán acceso al menos a siete bases militares nacionales sino también a igual número de terminales aéreas comerciales. Los aeropuertos empleados por el Pentágono serán los de Barranquilla, Bogotá, Cali, Cartagena, Medellín, Bucaramanga y San Andrés. En tanto, las normas de uso de aeronaves exigen que los aparatos estén en tierra para ser abastecidos de combustible y en algunos casos revisión técnica, lo que obligaría a que hubiera personal extranjero en tierra en estas terminales. Además de que las tropas norteamericanas tendrán acceso ilimitado a las instalaciones de la Base Aérea Germán Olano Moreno, Palanquero; la Base Aérea Alberto Pawells Rodríguez, Malambo; el Fuerte Militar de Tolemaida, Nilo; el Fuerte Militar Larandia, Florencia; la Base Aérea Capitán Luis Fernando Gómez Niño, Apíay; la Base Naval ARC Bolívar en Cartagena; y la Base Naval ARC Málaga en Bahía Málaga.

El acuerdo también subraya que el personal de Estados Unidos, incluidos los contratistas y sus empleados tendrán acceso y la capacidad de moverse libremente dentro y entre las instalaciones y ubicaciones mutuamente convenidas que se requieran para llevar a cabo actividades pactadas. En este sentido, el acuerdo establece un estatus de inmunidad al personal estadounidense y sus personas a cargo, lo cual de hecho impide a las autoridades locales actuar de presentarse cualquier situación fuera del marco legal incursionado por ciudadanos del país imperial. El documento también define a los ciudadanos estadounidenses que podrán estar en Colombia como parte del pacto, los cuales son catalogados como personal civil, personal militar, personal de Estados Unidos, contratistas, empleados de contratista, observadores aéreos, partes operativas y personas a cargo, quienes cumplirán diferentes funciones. La nación imperial también podrá hacer uso del espacio radioeléctrico colombiano sin costo alguno, pues se permite la instalación de estaciones para la difusión de radio y televisión.

Queda claro que con el pacto no sólo se le entrega a Washington patente de corso para intervenir en los asuntos internos bajo el pretexto de la lucha antinarcóticos y antiterrorista, sino que se le facilita la infraestructura militar y tecnológica para que desde Colombia se perpetúen ataques y bombardeos a cualquier nación de América Latina y del Caribe. Estados Unidos se ha convertido en un factor fundamental de la continuidad de la guerra en Colombia y de desestabilización de la región. El tratado militar y el establecimiento de tropas norteamericanas y aparatos del orden militar del Comando Sur en puertos y bases navales nacionales, apuntan en dirección a la Amazonía y a la Orinoquia en función de proyectos agresivos que el imperialismo no abandona. El nefasto pacto fue sellado y está en marcha.

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