El país que la gente quiere lo dice la Constitución

La editorial de LA REPUBLICA del 10/09/09 titulada El país necesita un debate con ideas buscaba crear las condiciones para que haya un debate profundo impregnado de ideas y de propuestas serias y responsables. Una vez más, dice la editorial, la suerte de los pueblos estará unida a la inteligencia de la sociedad civil, pero también de la actitud de sus dirigentes y sus líderes.

«El debate debe estar a la altura de los acontecimientos.»

Esta exhortación destinada a las elecciones del 25 de octubre cobra mayor fuerza para las elecciones de noviembre.

El objetivo, reitera, es que los ciudadanos tengan que definirse por ideas, programas y propuestas.

Como integrante de la sociedad civil, esta nota busca analizar las condiciones que debieran tener las propuestas y las posibles opciones a seguir.

 

Interdependencia entre Estrategias y Tácticas

La estrategia es el objetivo que se persigue y la táctica es el medio como se logra.

Este tema es fundamental para determinar si la propuesta es seria y responsable, como pide la editorial, y si el elegible gana el concurso de oposición para el empleo de presidente que le concede la asociación política.

Por lo tanto la comparación de propuestas no se puede limitar a estrategias o enunciados programáticos. La Constitución tiene muchas disposiciones programáticas sobre los derechos de los ciudadanos, pero que no obligan a su cumplimiento. Son meramente declarativas y menos obligarán las declaraciones programáticas preelectorales. Sin embargo, para esta circunstancia los elegibles, futuros gobernantes, debieran tomar los derechos constitucionales programáticos como base para ser seriamente planificados y organizados en un futuro gobierno.

Lo estratégico o programático sin tácticas, es una simple expresión de deseos o un eslogan.

Si la acción, sostienen Ries y Trout siguiendo a Carl von Clausewitz, implica estrategia, entonces la estrategia implica las tácticas. La desconexión entre táctica y estrategia impide el inicio de la acción. El conocimiento de las tácticas ayuda a desarrollar la estrategia.

Estos principios, concluyen, son las leyes de la acción.

Otro heredero de Clausewitz fue Henry Ford que en 1922 lo pone en términos muy simples, al decir que cualquier persona reflexiva tiene una idea sobre lo que se debería lograr (aspiración programática) pero lo que el mundo espera es un plan de acción económico y social. Nosotros, sostiene, deseamos a aquellas personas que puedan moldear la masa política, económica, social y moral y construir una sólida, precisa y creíble sociedad global, (nación).

No existen, teóricamente, demasiadas opciones para fundar un plan de acción.

Una de ellas es tomar como base las programáticas de la Constitución y exponer como se lograrán los objetivos constitucionales con un plan de acción. La otra es construir un nuevo modelo de sociedad, lo cual implica una teoría del desarrollo. Toda Reforma del Estado debe poder demostrar que impulsa el bienestar del pueblo. Existen varias teorías económicas que no han dado respuesta a la estrategia del desarrollo por carecer del plan de acción.

El Siglo XXI necesita la teoría democrática del desarrollo sistémico.

Esta nota tiene como base los principios programáticos de la Constitución, sin perjuicio de extrapolar supuestos o principios subyacentes.

Para simplificar tomaremos aquí el Sistema Político y en una próxima nota el capítulo de los Derechos de los Ciudadanos (Capítulo II de la Sección II Derechos, Deberes y Garantías).

 

El Sistema Político

El Uruguay «es la asociación política de todos los habitantes comprendidos dentro de su territorio» (Artículo Primero). El énfasis está puesto en los habitantes, que forman una sociedad y eligen a otros habitantes para que administren y controlen en beneficio de toda la comunidad. A esto se le llama democracia y como tal debe ser efectivamente representativa y participativa.

La primera conclusión es que no existe la representatividad directa ni la participación.

En La Etica de la Clase Política (2004), al demostrar que no es posible establecer modelos económicos independientes del sistema político, propuse como sistema alternativo la democracia representativa y participativa, dada su ausencia en el Uruguay.

Era la época en que se buscaban sistemas alternativos al neoliberalismo o al socialismo real y que finalmente quedaron agotados. Algunos «modelos» centrados en la sustitución del mercado fueron irreales. Un ejemplo es la economía planificada de equivalencias de Heinz Dieterich. A su vez, la Carta Democrática Interamericana más que referirse a las democracias concretas, al ser interamericana fue concebida como un seguro contra los golpes militares. En la carta no hay una definición instrumental de la representatividad y excluye la participación. Hubo bastante confusión sobre lo que debía significar la participación y por falta de acuerdo quedó fuera del texto. Una sola vez, la carta utiliza la palabra participación, pero en forma grotesca.

 

La Representatividad

La representatividad directa no existe en el sistema uruguayo y en muchos países de Latinoamérica. El riguroso sistema electoral nacional es una elección de segundo grado. La primer selección la realiza el partido o el caudillo, o se negocia con fiermeza sin ninguna participación de la sociedad civil, que está además excluida de proponer sus candidatos circuitales directos. Estas negociaciones de los representantes a espaldas de los socios, se vuelcan no a una hoja individual, sin suplentes, sino a una hoja que se conoce como plancha y en otros países como listas sábanas que incluyen suplentes.

Dante Caputo que dirigió el fallido estudio del PNUD sobre La Democracia en America Latina y que hoy revista en la OEA, fue entrevistado por Andrés Oppenheimer, quien le preguntó que opinaba sobre el sistema de las listas sábanas. La respuesta se puede sintetizar en una palabra: es perverso.

En otros países electores que han protestado han sostenido que es un fraude pre-electoral.

La placha permite manipular las suplencias, que son una aberración de la representatividad, permite la entrada de amigos y prolongarse en el poder sin rendir cuentas directas a los votantes, de los cuales están desconectados.

De hecho los representantes lo son solo de nombre.

El próximo año se realizará el Censo Nacional y sería una buena oportunidad para diseñar los circuitos electorales, de acuerdo a los caudales de voto de cada circuito, para lograr una efectiva representación del real y único soberano, que es el pueblo.

La representatividad circuital incorporada al rigor electoral existente en el Uruguay, elevará la calidad de la democracia a los más elevados niveles mundiales, siempre que incorpore plenamente la participación.

 

La Participación

Se centra en un derecho humano fundamental representado por el derecho a la información. Tardíamente el 17 de Octubre de 2008 se aprobó la Ley 18.381, estableciendo el Derecho de Acceso a la Información Pública. Este derecho humano fue establecido hace sesenta años, en 1948, por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

No existe democracia sin participación y participación es derecho a la información. Este tema merece la más amplia planificación de un futuro gobierno. Esta planificación se hace imprescindible por los largos años de secretos y censuras. Es recomendable la lectura de Secretos Públicos, que es anterior a la vigencia de la Ley 18.381 de Andrés Alsina y Mariana Zabalza. Su lectura provoca vergüenza ajena. Resulta paradojal que este importante aporte del periodismo investigativo haga una investigación sobre lo que no se puede investigar.

En el presente, Internet es escenario de movilizaciones intensas. Están involucradas asociaciones civiles y universidades en el análisis de las complejas facetas de
este Derecho. El tema es jurídico, organizativo, técnico en varios aspectos, educativo, económico, etc. UBA tiene una cátedra de derecho a la información. En algunos ámbitos se habla de la ciencia del acceso a la información.

La difusión e incorporación plena de este derecho implica un plan de acción del Estado para quebrar las resistencias de las seculares prácticas anti democráticas.

Ningún programa de gobierno puede ignorar estos dos temas que son de la esencia de un Estado Democrático.

La Reforma de la Democracia provocará la Reforma del Estado y determina la senda del desarrollo sistémico.

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