Por el camino de Tabaré, o vuelta al neoliberalismo
Finalmente, el domingo pasado la ciudadanía decidió que se dirima a fines de noviembre cuál es el modelo de país que tendremos los próximos 5 años: o bien seguiremos por la senda, por el rumbo firme y seguro trazado en el actual gobierno de Tabaré, o bien habrá una restauración conservadora, de un viejo modelo al que apenas si se le ha hecho un trabajo de «tuneado» cuyas consecuencias de mediano y largo plazo ya todos supimos sufrir.
En realidad, la ciudadanía ya comenzó a expresarse, porque el Frente Amplio nuevamente obtuvo la mayoría parlamentaria, y quedamos a escasos dos puntos y un voto de obtener nuevamente el triunfo en primera vuelta, sin necesidad de acudir a una segunda vuelta. Por si fuera poco, fórmula a fórmula el Pepe y Danilo obtuvieron 20 puntos más que la dupla Lacalle-Larrañaga.
Lo único que les ofrece una leve esperanza de remontar el resultado es el rápido apoyo conseguido por parte de Pedro Bordaberry y el resto de la dirigencia del Partido Colorado, lo cual deja en claro una vez más que es muy real la existencia de las «familias ideológicas» y que la reforma constitucional de 1996 fue una maniobra electoral para que ambos partidos tradicionales conjuntaran fuerzas en contra del Frente Amplio en un escenario de balotaje. Si las reglas de juego fueran las de antes de aquella reforma, ye tendríamos asegurado un segundo gobierno progresista. Más aun, si las reglas de juego fueran las mismas de las elecciones internas (cuando un candidato supera el 40% de los votos y además aventaja en más de 10 puntos al segundo, obtiene la candidatura única del partido) también tendríamos gobierno electo desde el domingo de noche.
Pero las reglas de juego son las que hay, y pese al intento conservador por entorpecer y evitar posibles victorias de la izquierda, hoy los progresistas podemos afirmar, con gran dosis de realismo, que nos aproximamos a un segundo mandato del Frente. Es que los números son claros: la votación del Frente fue tan grande, tan buena, que por sí sola supera a la de los dos partidos tradicionales juntos, aun si todos los que votaron al Partido Colorado estuvieran dispuestos a votar por la fórmula Lacalle-Larrañaga.
Y mucho más claros son los números si comparamos gestiones y acciones de uno y otro gobierno. Para comenzar, en el gobierno del doctor Lacalle el salario real aumentó 5%, mientras que en el actual gobierno los salarios reales aumentaron 25%. Más importante es saber que mientras en el gobierno del P. Nacional el salario mínimo cayó, en el actual gobierno tuvo un aumento de 64%. Todos estos logros de nuestro gobierno fueron alcanzados apelando a la discusión y negociación tripartita, tal y como recomienda la OIT; mientras que, es bueno recordar, en el gobierno de Lacalle se dejó de convocar a los Consejos de Salarios.
Del mismo modo, éste ha sido el gobierno desde la recuperación democrática, y probablemente desde el segundo gobierno de Batlle y Ordóñez, en el cual más leyes sociales y laborales se aprobaron: la ley de fuero sindical (para cumplir cabalmente lo que la Constitución expresa sobre el derecho de agremiación); la ley de 8 horas para los trabajadores rurales y las trabajadoras domésticas, dos sectores de trabajadores históricamente postergados en nuestro país; la ley de licencia por estudio (que demostró que quienes sostienen la necesidad e importancia del estudio, por otro lado se pueden olvidar de eso mismo cuando se trata de permitir que los trabajadores se formen y capaciten); la ley de unión concubinaria, que ha venido a llenar un vacío legal existente respecto a ese tipo de parejas y a reconocer los derechos de parejas homosexuales; la ley de voluntad anticipada; la reciente ley de descentralización que permitirá que los ciudadanos elijan a sus autoridades locales en lugar de que estas sean digitadas por el gobierno de turno.
Pese a que algunos agoreros, más preocupados por lo que dicen los grandes «libros sagrados» del liberalismo sobre la economía, que por la condición de trabajo de muchos ciudadanos y por la realidad, pronosticaron que con estas leyes laborales, con los Consejos de Salarios y con el aumento del salario mínimo sería imposible crecer o generar más fuentes de empleo, sin embargo la realidad es más dura que sus elaboradas teorías, y no sólo fue posible mejorar las condiciones de trabajo de quienes ya trabajaban, sino que se generaron unos 200 mil puestos de trabajo y el desempleo cayó de 13% al comienzo del período hasta estabilizarse en torno a un 7%-7,5%.
En el gobierno de Lacalle, con su desregulación laboral, que supuestamente serviría para dinamizar el mercado de trabajo, el desempleo nunca bajó del 8% y al final del período se encontraba en 9,5%, y se generaron menos de 80.000 puestos de trabajo.
Podría seguir tirando cifras, pero no quiero hacer más largo este artículo, ni aburrir a los lectores con más números.
Creo que estos que aquí he presentado son un claro ejemplo de cómo fueron ambos gobiernos, y cuál ha sido más exitoso en términos de inclusión y desarrollo social (esto es, crecimiento económico con reparto del producto).
En definitiva, sin prisas, pero sin pausas, estamos transitando el camino de los cambios prometidos cuando Tabaré ganó en 2004. Y con el voto del pueblo, esperamos seguir transitando por esa misma vía desde el 29 de noviembre, y luego el 1º de marzo de 2010, cuando Tabaré le pase la banda presidencial al Pepe.
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