Arinsa: de asombro en asombro

Jorge Marcelo Filomeno

 

El tema resulta, a esta altura del partido, un verdadero «culebrón» desvalorizado por quienes nunca lo entendieron ni lo sufrieron, boquiabiertos hoy con las «proezas» de Chiruchi y algún otro gobernante departamental, los cuales con la ayuda de representantes nacionales han conseguido importantes fuentes de trabajo para sus departamentos, a partir de la nada. Nosotros tuvimos una importante infraestructura industrial pudriéndose durante años, sin buscarle destino, sin agotar, la institucionalidad de Soriano, la búsqueda de posibilidades indiferentes a alguna alternativa riesgosa pero posible, por la cual ningún representante del departamento se jugó ante el BROU, hasta que este cerró negocio con el señor Gonzalo Ruiz y su empresa «Ugalur SA», generándose la actual situación, donde el comprador amenaza con juicio al Estado si éste no le cede la propiedad del predio donde está instalada la fábrica, siendo que él adquirió solamente el crédito hipotecario del BROU contra la empresa «Arinsa».

No obstante, el asombro obliga a puntualizaciones. En efecto, en la tapa del diario «Acción» de Mercedes, del viernes 9, bajo el título «Ante el Banco no hubo compromiso real del empresario en crear fuentes de de trabajo», el diputado Roque Arregui, refiriéndose a «una larga reunión por el tema Arinsa», mantenida por los diputados del EP-FA Ernesto Agazzi, Martín Ponce, Silvana Charlone y el propio Arregui, con el presidente del BROU, el gerente general y tres asesores del directorio, dice a cierta altura –entre otras cosas que no agregan nada a lo ya conocido –que «García Peluffo informó claramente que por la cesión que hizo el Directorio anterior del Banco República a favor de Ugalur SA, no hubo compromiso del empresario adquirente en la instalación de fuentes de trabajo». De todo el reportaje es lo único nuevo que se dice sobre el problema. Y el diputado no tiene ningún comentario para hacer sobre esa afirmación del presidente del BROU. Pero como el suscrito sí tiene, solicita públicamente hacerlo –respetando las investiduras de quienes representan a miles de personas que los han votado– con la mente puesta en quienes padecen las consecuencias de la falta de trabajo y por haber defendido siempre la potencialidad de esta planta fabril, en su función original o reconvertida, privada o pública, para solucionar ese drama de Soriano y del país.

En primer lugar, o miente el presidente del BROU o mintieron quienes anunciaron, en abril de 1998, con bombos y platillos, por todos los medios de difusión, nacionales y departamentales, que el BROU le cedería al crédito hipotecario al empresario señor Gonzalo Ruiz, quien, a través de la creación de polígonos industriales, reconversiones y otros posibles emprendimientos, con capitales nacionales y/o extranjeros, prometía la creación de numerosos puestos de trabajo. El operativo propagandístico se reiteró en junio de 1999, cuando se firmó la escritura de cesión del crédito. Las principales autoridades departamentales –y algunas nacionales– posaron sonrientes junto al «exitoso empresario», como lo definían los adulones. La esperanza parecía nacer –igual que la patria– en el departamento de Soriano. Las fotos de los diarios, ya amarillentos, testimonian lo antedicho. Pero resulta que ahora, muy sueltos de cuerpo, les dicen a los diputados –según Arregui– que «no hubo compromiso real del empresario en crear fuentes de trabajo». Esto parecería que no le ha merecido al reporteado, y a los otros diputados participantes de la entrevista en el BROU, ningún comentario.

En segundo lugar, cabe señalar que dicha exigencia está vigente. Por ello, cualquier interesado, en este caso como en el de cualquier otra fábrica en similares condiciones, debía y debe presentar un proyecto de desarrollo ante el Ministerio de Industria y Energía, donde el factor trabajo pesa decisivamente en la evaluación positiva del mismo. Recién después de la aprobación en el Ministerio el BROU toma la decisión sobre el negocio. Cabe señalar que, en el caso, el empresario Gonzalo Ruiz no había presentado ningún proyecto ante el Ministerio, pero pública y reiteradamente prometió emprendimientos que crearan puestos de trabajo. Por eso no comprendo el silencio de los diputados ante las expresiones del presidente del BROU.

En tercer lugar, para que se tenga una idea del trasfondo del asunto, antes del balotaje –y de ser linchado por el FA de Soriano, auxiliado por la Vertiente Artiguista, donde siempre se cuestionó mi militancia por la fábrica– el señor Gonzalo Ruiz invitó al diputado Arregui y al suscrito a una reunión, con el pretexto de visitar las nuevas instalaciones de su molino harinero en Dolores. Dicha reunión se efectuó el 12 de noviembre de 1999, siendo el tema central de la misma, como no podía ser de otra manera, el destino de la planta de «Arinsa», librando el diputado y el suscrito un comunicado a la prensa donde sintetizábamos lo más importante, a nuestro juicio, de la conversación.

Ante la evidencia que el señor Gonzalo Ruiz nos dispensaba el honor de recibirnos con vistas al resultado de noviembre –por si acaso–, en un intercambio cordial que incluyó referencias a sus «raíces coloradas» y a su admiración por Pinochet, el suscrito le insistió, hasta obtener una respuesta afirmativa, de comprometerse a estudiar la instalación de otro ingenio azucarero, más nuevo, a traer de Italia o Francia, en virtud de los contactos empresariales que mantiene en Europa y que le permiten adquirir, como en el caso del molino, equipos industriales, con poco uso, a precios de descarte, en los países desarrollados. Pero, el EP-FA no ganó; la fábrica de Arinsa fue desaguazada y al suscrito lo lincharon, en la feroz lucha interna por el poder y los cargos que se desató en las municipales.

Me equivoqué cuando creí que mi capacidad de asombro en este tema estaba agotada, y que no había más nada que decir al respecto. Como algunos protagonistas actuales no «mamaron» del mismo habrá que volver sobre los pasos, las veces que sea necesario, para ayudar a recomponer la memoria, indispensable para construir un futuro, entre todos.

* Escribano

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